Domingo, 8 Mayo, 2011 - 08:29

Qué gana, qué pierde
Macri retrocede

El proceso de decantación que se va operando dentro de la oposición tuvo ayer otro capítulo significativo: el anuncio a través del cual Mauricio Macri confirmó su declinación a la candidatura presidencial y su postulación a la reelección como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de la negativa de varios de sus adláteres a aceptarlo, la determinación adoptada por Macri implica un claro retroceso de su posicionamiento a nivel nacional.

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La falta de una estructura consolidada, la imposibilidad de convencer a Carlos Reutemann para que lo acompañara o se involucrara en el quehacer proselitista, las dificultades para la obtención de dinero para enfrentar el costoso financiamiento de la campaña y las acechanzas que amenazan al PRO en la próxima elección municipal obraron como desencadenante de la decisión no exenta de costos políticos que Macri debió asumir en forma inexorable. Ello originó, además, un debate interno que sacudió al PRO que, por momentos, fue furibundo y que se vio fogoneado por el estilo de conducción fuertemente personalista del jefe de Gobierno. La dinámica de la política, además, lo ha puesto a Macri ante una elección municipal que será difícil y crucial.



Las encuestas creíbles lo muestran hoy liderando el comicio, pero con escasas posibilidades de ganarlo en primera vuelta. Hay que recordar que en 2007, en su pico de popularidad, el jefe de Gobierno debió ir a ballottage y enfrentar al candidato del kirchnerismo, Daniel Filmus. “Yo creía que veníamos a un velorio y me encuentro con una fiesta inexplicable”, confesó un dirigente del PRO en el acto de ayer en el club 17 de Agosto. Es una demostración del carácter personalista con el cual se conduce la fuerza. Todos son conscientes de que lo que se juega es mayúsculo: una derrota de Macri los dejaría a él y a su partido sin presente y sin futuro.



La determinación del jefe de Gobierno ha producido coletazos de importancia. Vaya como ejemplo la situación de Miguel Del Sel, el integrante de Midachi lanzado a las arenas de la política con su postulación a la gobernación de Santa Fe. Allí hubo que hacerla ir a Gabriela Michetti para combatir algo del desamparo en que quedó esa candidatura.



Macri debe definir con quién habrá de jugar a nivel nacional. La falta de esa definición inquieta a sus partidarios y perturba a sus candidatos. “Por eso lo de Michetti como compañera de fórmula de Alfonsín”, sostenían varias voces dentro del PRO, ignorantes de la respuesta negativa que ese globo de ensayo –al que se calificaba de manotazo de ahogado– generaba en el radicalismo.



La decisión de Macri conlleva el reacomodamiento en varias fuerzas políticas de la oposición. La de mayor impronta es, sin dudas, la de De Narváez. El diputado ha definido desde hace tiempo un bajo perfil en pos de un trabajo de base intenso en los bastiones más duros del peronismo. Las conversaciones con Macri aportaron poco. La decisión del jefe del Gobierno porteño lo obligó a reorientar su estrategia de alianzas. De ahí sus conversaciones con Ricardo Alfonsín. Como se señaló en esta columna la semana pasada, las cosas parecen encaminarse a un acuerdo del cual los dos tienen necesidad. Alfonsín y quienes lo rodean han tomado la decisión de avanzar firmemente en la búsqueda y concreción de un acuerdo imprescindible que les permita tener en la provincia de Buenos Aires, el distrito que define la elección, una performance que les asegure una masa crítica de votos sin cuyo aporte no tienen ninguna chance de triunfar. “La centroizquierda se va a ir mayormente con el Gobierno; lo que se observa es que nadie está atendiendo a las fuerzas de la centroderecha que están orientando su voto hacia De Narváez”, es el razonamiento que ha disparado toda esta movida desde la cúpula de la UCR.



Ante esta realidad, quien está buscando otras orillas es Margarita Stolbizer. Su destino podría llevarla a trabajar en algún tipo de acuerdo con Hermes Binner. La situación del gobernador de Santa Fe está atada a la interna de su partido, que se ha puesto sorprendentemente difícil para él. Todavía no termina de ser claro qué lo ha separado tan fuertemente del senador Ricardo Giustiniani, llevándolo a una interna complicada que podría llegar a perder. Si así fuera, las posibilidades de una fórmula compartida con Stolbizer para octubre se verían cuasi fatalmente dañadas.



Ante este panorama, la Presidenta se mueve con comodidad. Las encuestas independientes van mostrando guarismos que, en la eventual votación, la colocan con un resultado favorable con porcentajes que oscilan entre el 38% y el 43%. Hay lugares en donde el Gobierno ha logrado revertir de manera notable la mala imagen de la cual se había investido tras el conflicto con el campo. Eso es lo que se verifica en sectores urbano-rurales, es decir, los pueblos y ciudades vinculadas con el sector agropecuario. En varios de ellos, en los que la imagen positiva de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner había caído a no más del 7%, en aquellas calientes y dramáticas jornadas de julio de 2008, hoy muestran índices de una vigorosa recuperación que la coloca con un nivel de aceptación de más del 50%.



En la semana que pasó, la Presidenta le marcó la cancha tanto a Hugo Moyano –a quien le pidió moderación en sus reclamos para no afectar “el modelo”–, como a los empresarios. Moyano se hizo el distraído; de ahí la consecución del conflicto con las pretroleras. El empresariado no afín al Gobierno, por su parte, sigue con creciente inquietud el caso Siderar. Ahí, las cosas vienen complicadas para la compañía.



En el final, imposible cerrar esta columna sin una mención y un recuerdo para Ernesto Sabato. Su tarea al frente de la Conadep constituye un hito de la historia argentina de reconocimiento mundial. De ahí lo injusto e ingrato del estrepitoso silencio de varias organizaciones de derechos humanos y de sectores de la política nacional en la hora del último adiós al gran humanista y escritor.



Producción periodística: Guido Baistrocchi.
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