Miércoles, 4 Mayo, 2011 - 12:58

No tiren una moneda, tiren una semilla

Casi perdió vigencia la frase que en nuestras tierras argentinas: se tiraba una moneda y crecía una planta. Quedó en el recuerdo que los campesinos eran gente sana, que no le escaseaban los alimentos, que tenían sus chacras, sus chanchos y su gallinero y hasta sus vacas o chivos.

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Hay zonas del Chaco donde ya no se tiene el hábito de la huerta, y donde el hambre golpea aunque la tierra esté ociosa, fue empobrecida y maltratada.



Es cierto que para la siembra, cuyos frutos son el milagro de la naturaleza, son necesarios también conocimientos básicos para entender el comportamiento. Aún conociendo los resultados, empobrecieron zonas cometiendo excesos y se enriquecieron en otras.



Pero no se enriquecen los pobres, ellos siguen sin su huerta, porque esta buena costumbre que se tenía desde la escuela quedó en el olvido.



Si realmente se quiere erradicar el hambre, la desnutrición, además del acompañamiento con planes indicados para ello, hay que enseñar a nuestra gente a comer producto de la tierra.



¿Qué ocurriría si se desde el Estado provincial un Proyecto en que conociendo el número de barrios, y asentamientos, se los organizara en grupos de a 5 o 6 familias, de acuerdo a las necesidades, y en un predio podrían tener su huerta y porque no sus gallinas? Desarrollar el espíritu de responsabilidad, sobrevivencia y autonomía.



Lo que se ha perdido.



Al ser un grupo se estimularían entre ellos y se cuidarían de los otros.Toma de conciencia del valor de lo propio. No existen grupos sin coordinadores, éstos debieran ser del Estado hasta que hayan incorporado el saber que pueden generar sus alimentos, bajo la mirada de su propio líder: ese hombre o mujer que existen en las barriadas, que arremeten contra cualquier adversidad y tienen su espíritu abierto hacia sus pares, conocen la palabra: “nosotros”.Esto todavía existe.



.¿Cuántos coordinadores e instructores serían necesario? ¿Cuánto sería los primeros gastos en semillas?



Puede que sea una utopía, pensar que todos podrían comer, sentirse más fuertes y hasta optimistas, tal como ocurre en una barriada de Resistencia, donde además de alimentarse, venden sus productos, las mismas verduras que come ud y yo.



En un país, en una provincia , donde todavía se ven campos, donde las casitas tienen patio de tierra, donde en algunas dan sombra los árboles frutales, donde en macetas hay plantas de tomates, en esa misma Argentina: hay desnutrición.



A los funcionarios, a los que se postulan: a su alcance tienen los profesionales y entes específicos, que les son necesarios más los recursos humanos que pueden asistir a la gente. Y si faltare, habrían voluntarios. Se necesita querer vencer al hambre utilizando esa riqueza de recursos humanos que está dentro del sistema del Estado, y no menoscabar que “todavía” somos favorecidos por la tierra.



No es una tarea solitaria, uds la piensan, otros la planifican , y muchos podrán estar al frente de un gran emprendimiento.



Debería ser un plan exigente y exigido. Habrá que alentar a la gente, porque perdió el sentido de autogestionarse. el modo de estimularlos a una participación grupal, sería otro tema, pero merecerá pensarlo.



No tiren una moneda, tiren semillas.



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