Domingo, 13 Marzo, 2011 - 10:54

El pulso de la semana

El acto de Huracán del viernes pasado es un hito más de la fortaleza del Frente Para la Victoria en un 2011 que resulta mucho más que un año electoral. El emotivo discurso de Cristina Kirchner, la movilización de más de 70 mil personas a Parque Patricios, la convivencia de infinidad de agrupaciones políticas, territoriales y sindicales bajo el paraguas de la conducción de Cristina son algunos de los datos claves para entender que la profundización del cambio está en marcha. Sobre todo en la cultura política.

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Un pueblo movilizado, un pueblo partícipe es la muestra más evidente de la potencia del proceso nacional y popular iniciado el 25 de mayo de 2003. La Corriente Nacional de la Militancia, que se inició con una vigilia el pasado 16 de octubre, fue el resultado de las conversaciones de un grupo de reconocidos dirigentes peronistas con Néstor Kirchner.



En efecto, Jorge Taiana, Carlos Tomada, Daniel Filmus, Nilda Garré, Juan Manuel Abal Medina, Agustín Rossi, Francisco el Barba Gutiérrez, Edgardo Depetri, Fernando el Chino Navarro, Sergio Urribarri, Mercedes Marcó del Pont, Mario Oporto y Emilio Pérsico constituyen algunas de las figuras de reconocida militancia que inauguraron este nuevo espacio. Unos días antes habían lanzado la revista Desafíos, en cuyo consejo editorial, además de la mayoría de los mencionados, están dos destacados intelectuales como Horacio Verbitsky y Ricardo Forster.



Dado que Garré, Tomada y Abal Medina forman parte del gabinete de la Presidenta, en ese espacio político ahora ocupan un lugar más notorio Mariano West, Mario Oporto y Sergio Urribarri.



Esta corriente política fue la convocante al acto de Huracán y podría asociarse a estas figuras con lo que representó la alianza de sectores que apoyó con fervor la candidatura de Héctor Cámpora y el triunfo de aquel 11 de marzo de 1973, cuando la fórmula del Frejuli se impuso con el 49,6 por ciento de los votos.



Lo interesante, para buscar analogías y diferencias, es que estos dirigentes no tienen el escenario de tensión y disputa de poder interno que se vivía en aquella Argentina de 1973. Claro, en un contexto diferente. Quizá con programas menos ambiciosos que en aquellos años de lucha, pero con la decisión de aprender de las lecciones de la historia. En ese sentido, cobran un valor simbólico fundamental algunos pasajes del discurso de Cristina destinados expresamente a los jóvenes y que merecen desmenuzarse.



Por ejemplo, cuando les dijo: “Ustedes tienen la inmensa oportunidad histórica de participar en la construcción de un país diferente”. Es toda una definición de que está en juego mucho más que la reelección presidencial. Es doblar la apuesta respecto de que el protagonista del cambio no es el candidato (en este caso la candidata) sino el sujeto colectivo. Del mismo modo, apuntó al estilo de construcción que no es “contra alguien sino por algo”.



Con una frase sencilla, la Presidenta apuesta a sumar y a contagiar a que otros sumen. No puede dejar de destacarse que, por ejemplo, Daniel Scioli estuvo al lado de Cristina en este acto. No hay dudas de que el gobernador bonaerense tiene notorias diferencias, por ejemplo, la manera de encarar las políticas de seguridad, con el Gobierno Nacional. Sin embargo, Scioli forma parte de esta construcción política desde que acordó con Néstor Kirchner ser su candidato a vicepresidente a fines de 2002 cuando el triunfo no estaba asegurado.



Resulta evidente que, mientras los medios opositores especularon con el cisma, bajó el tono de la polémica de referentes kirchneristas sobre las posiciones de Scioli en cuanto al rol de la Bonaerense y la edad de imputabilidad de los jóvenes. Del mismo modo, el gobernador aprovechó el Día Internacional de la Mujer para subrayar una vez más –esta vez vía Twitter– que “la Presidenta es la continuadora de la gestión transformadora de Néstor”. Y también saludó “a las queridas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.



Lo que todavía no tiene explicación es por qué sí estuvo la Juventud Sindical, con Facundo Moyano a la cabeza, y sin embargo no estuvieron los principales líderes de la CGT. Los organizadores esperaban tanto a Hugo Moyano como a Julio Piumato, Omar Plaini y Juan Carlos Schmit. No tuvieron ningún roce pese a algún rumor que circulaba sobre desencuentros entre Hugo Moyano y Pérsico. Este último desmintió cualquier conflicto. Hasta el cierre de esta edición los dirigentes sindicales referidos no habían hecho ninguna mención sobre su ausencia en el acto.



Los unos y los otros. La calma del proceso político en un año electoral contrasta con los pronósticos de catástrofe augurados por Joaquín Morales Solá, Eduardo van der Koy y tantos otros comunicadores. En tal sentido, cobra interés reparar en la columna que escribió en La Nación de ayer Beatriz Sarlo, quien estuvo en el acto y en el palco.



“Cuando Cristina Kirchner subió al escenario retumbó todo Parque Patricios y se encendieron en el atardecer las luces del estadio” dijo, entre otras tantas cosas, Sarlo. Su tono, el de esta intelectual que se mostró siempre como férrea adversaria del kirchnerismo. Uno podría pensar que ahora podría ser convocada para cronista deportiva, pero no, se trata de algo más, ella refleja la percepción y las expectativas de buena parte de la intelectualidad y de sectores sociales muy diversos que vieron frustradas sus expectativas en otros protagonistas de la política.



Hubo, en aquella explosión política de marzo del ’73, tan poblada de creatividad e ironía, una categoría llamada los marcistas. No se trataba de los que adherían a Carlos Marx sino los que habían despertado sus convicciones en marzo, recién a partir del triunfo de Cámpora. La tentación de ser displicentes no es buena receta. Nadie debe pensar que otro se sube al carro de la victoria. Entre otras cosas, porque aquellos marcistas se encontraron con que 49 días después de asumir, Héctor Cámpora presentaba su renuncia y las luchas internas de las fuerzas que habían desalojado a la dictadura iban en una espiral que poco ayudaba al proyecto nacional.



Y porque en este 2011, lo que Cristina llamó la Generación del Bicentenario tiene ya algunas figuras destacadas de jóvenes entre los veintipico y los treintipico pero tampoco tiene la estabilidad y la convivencia interna comprada y asegurada. En efecto, la excelente relación entre los dirigentes de La Cámpora y los de la Juventud Sindical es un buen síntoma. Posiblemente también es expresión de la transmisión de las experiencias fallidas de otros años. Construir una experiencia frentista es una obra más compleja que la buena convivencia entre protagonistas notorios.



Pero, sin ella, los intereses complejos –a veces contrapuestos– que contiene un frente nacional no pueden tener cabida. Por eso, lo del viernes no es un acto más. Y se pueden sacar muchas enseñanzas de ese espíritu de diálogo y aprendizaje conjunto. Lo que está por delante en este año estará, sin dudas, plagado de sorpresas. Hay otros actores, algunos con mucho peso económico, algunos con la desesperación de ver diluir su poder. No hay que perder de vista al resto.



Fuente: Miradas al Sur