Lunes, 7 Marzo, 2011 - 13:29

Carta abierta a la cultura del miedo y la descalificación

Con profundo respeto por las opiniones ajenas pero también con las certezas de nuestras convicciones sustentadas en consideraciones teóricas, políticas y éticas, nos dirigimos a nuestro pueblo, ante quien debemos poner en consideración las acciones de gobierno.

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Convicciones que no pretenden ser verdades universales, sino palabras dichas con la mayor honestidad intelectual que corresponde portar a quienes tienen responsabilidades sociales por el rol o el lugar que circunstancialmente les toca desempeñar.



Estamos convencidos de que los múltiples relatos acerca de la realidad disputan el sentido de la misma y como tales pretenden legitimar proyectos sociales más o menos igualitarios, más o menos democráticos, más o menos libres, en fin portadores de mayor o menor humanidad. Y que la posibilidad del debate acerca de cómo se la construye- a esa humanidad- tiene como condición necesaria lo colectivo y los vientos de libertad que lo permitan.



Desde esta sucinta reflexión, que encierra a su vez las discusiones acerca de conceptos como libertad, orden social, la condición humana, justicia, ética, acerca de los cuales se han escrito tratados en el largo transcurrir de nuestra historia, y que todavía aquí estamos aprendiendo por suerte, planteamos nuestras perspectivas en relación a algunas voces que cuestionan decisiones de nuestra política cultural.



Dado que dichas opiniones no aparecen con una lógica que muestren sus razones, sino como meras descalificaciones o sospechas, por lo cual no vamos a prejuzgar su intencionalidad, sino que nos vamos a limitar a dos aspectos que las mismas connotan.

El primero hizo referencia a una cuestión de orden ética aplicada a las políticas públicas como formadoras de valores sociales. En este sentido, lo que aparece en el debate es qué valores debe promover o no el Estado en las acciones del gobierno que circunstancialmente lo administra.



El segundo también implica una cuestión de valores, pero que específicamente alude a un orden de prioridades para el uso de fondos del Estado. Dado que el límite de espacio para referirnos a temas de tamaña magnitud, no permite discutirlo en términos conceptuales y abstractos, vamos a explicitar los criterios que orientaron nuestra decisión de que la XI edición de la Feria del Libro tuviera como cierre la actuación de Calle 13: 



1. La construcción de la Patria Grande Latinoamericana en la que andamos se da en acciones concretas y sobre la base de sueños, dolores y esperanzas compartidas. ¿Por qué este grupo de jóvenes portorriqueños se convirtieron en referencia musical de la mayoría de los adolescentes y jóvenes latinoamericanos? No dudamos que en parte se debe a que el grupo pone en visibilidad el estado colonial que sufren pedazos de nuestro territorio, como en el caso de nuestras Malvinas. 



Pero también expresa las consecuencias que sufre, en términos de violación de derechos sociales y humanos un pueblo colonizado, como así también el grado de violencia simbólica y material en el que se sustenta todo sometimiento. Nos viene a la conciencia “Los condenados de la tierra” de Franz Fanon con ese apoteótico prólogo de Jean Paul Sartre que sacudió a Occidente, por no quedar sólo en la mención de párrafos suficientemente gráficos de textos de Eva Perón, Hernández Arregui, Arturo Jauretche o Juan Domingo Perón, para que no se nos acuse de sectarismo.



Pero también, y especialmente, porque las situaciones históricas coloniales y de dominación sustentadas en la violencia y la negación de derechos configuran lógicas culturales de fragmentación social, de negación del prójimo, de relaciones violentas, de discriminación, de negación de futuro cuyas víctimas principales son los jóvenes y en especial los de los sectores populares. 



Esa realidad se expresa en las letras y el lenguaje de las canciones del grupo, y es esa situación la que viven como propia los miles y miles de jóvenes que las entonan y escuchan, porque sin duda fueron la víctimas privilegiadas de las políticas neoliberales legitimadas por aquellos que hoy se asustan de lo que por acción u omisión convalidaron.



“Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”, afirma Sartre en el prólogo antes mencionado. Y aquí viene la razón principal de la propuesta. Estos chicos, nuestros jóvenes, hijos todos de esta tierra latinoamericana, nos están diciendo de todas las maneras que obstinadamente quieren, no sólo futuro sino presente digno y que lo piensan hacer desde lo que hicimos con ellos y que además lo van a hacer desde la vida, porque traen como propuesta con su lenguaje, con sus modos, con sus culturas, “trincheras de ideas” y como herramienta la educación y la libertad, con una lógica que sacude por primera vez los fantasmas del miedo con el que generaciones de latinoamericanos fuimos disciplinados. Vaya si tenemos que aprender. 





Resumiendo, la decisión se basó en rendir tributo a nuestros ex combatientes de Malvinas y a nuestros adolescentes y jóvenes, en quienes confiamos plenamente como los mejores compañeros y compañeras para la construcción de un mundo más justo, más libre y más humano.



2. En cuanto al destino de los fondos públicos, sólo recuerdo que está en plena vigencia, la ley Nº 6255 provincial de cultura, promovida por esta gestión de gobierno y votada por unanimidad por la Legislatura provincial que establece que el 1% del presupuesto provincial debe destinarse a las políticas culturales. Además, Diputados aprobó el Presupuesto 2011, instrumento a través del cual el Instituto de Cultura recibe partidas mensuales, que se ejecutan en función del programa y subprogramas culturales elaborados con la metodología de Marco Lógico y con metas estipuladas con el seguimiento planteado por el sistema Sigob que coordina la Secretaría de Planificación y Evaluación de Resultados. Y es en ese marco que se ejecutan las acciones. 



Tanto la participación de nuestros artistas en Cosquín, como la Fiesta Provincial de Teatro, la de Danza, la Bienal de Escultura o la posibilidad de que el pueblo chaqueño acceda a los bienes culturales universales, sean estos nacionales, latinoamericanos o de otros países, implican definiciones que se toman sobre la base de lo programado y el presupuesto planteado para tal fin.



En todo caso, el planteo acerca de las prioridades debió darse en primera instancia en el debate de la ley, y en el debate legislativo respecto al presupuesto. 



No obstante, a quienes veladamente les sale el valor fascista y del burgués temeroso ante el desarrollo cultural de los pueblos libres, los invito a leer el discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo Fuente de Vaqueros (Granada), septiembre 1931: Medio pan y un libro.



En cambio, si lo que se discute son las líneas de política cultural, todas las opiniones son legítimas, incluso aquellas que aparecen como poco fundadas ya que en términos de analogía con lo que afirmara la presidenta Cristina, -frente al accionar descalificador de los grupos concentrados mediáticos-, estamos dispuestos a morir para que sigan hablando y escribiendo las descalificaciones sin argumentos y con la libertad que lo hacen…



Como gobierno tenemos el mandato, no el sólo el derecho, de fijar las líneas de gestión con las cuales debemos garantizar el ejercicio pleno de los derechos, entre ellos a la cultura. También la obligación de hacerlo en los marcos que estipulan las legislaciones vigentes. El pueblo se expresa de múltiples formas y aún en las democracias representativas la mayor expresión de adhesión o rechazo a las propuestas de un gobierno se dan en las urnas o en la participación masiva en las acciones desarrolladas. 



Cien mil chaqueños participaron en las jornadas de la Feria del Libro, de los cuales 35.000 jóvenes cantaron a coro con Calle 13: “Vamos caminando, aquí se respira lucha/ vamos caminando, yo canto porque se escucha. Aquí estamos de pie/¡que viva Latinoamérica!”.



El próximo 18 de septiembre, en un marco de democracia jamás vivido, el soberano volverá a interpelar y con su voto definirá, no dudamos, que los vientos del pueblo sigan soplando. 



(*) Presidenta del Instituto de Cultura del Chaco