Domingo, 6 Marzo, 2011 - 10:04

Los perros de la prensa

Uno de los experimentos más interesantes del periodismo contemporáneo fue, extrañamente, idea de un jeque árabe. Se llama Al Jazeera y es, en este momento, la cadena de noticias estrella en el mundo, dada la amplitud de su cobertura en los sucesos del norte de África. Al Jazeera nació con la idea de competir con CNN en los países árabes, y de ofrecer al mundo una visión de lo que ocurría en la zona que no estuviera tan sesgada por los prejuicios occidentales. En su corta carrera ha tenido conflictos serios con muchos países.

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Durante los días más calientes de la revolución democrática que triunfó en Egipto, por ejemplo, en la Plaza Tahir se cantaba: “¡Larga vida a Al Jazeera!”. Muamar el Khadafi no permite el ingreso de esa cadena, ni de ningún periodista que él no maneje, a Libia. Los iraníes tampoco, al punto tal que Al Jazeera debió aclarar eso cuando, esta semana, militantes opositores a la dictadura iraní les rogaban que cubrieran las marchas de protesta.



En los países donde existe la democracia –al estilo occidental– Al Jazeera puede trabajar más libremente pero no sin conflictos: sus periodistas entran a Israel pero su cobertura del conflicto central que afecta al Estado judío es claramente propalestina. George Bush no sabía qué hacer cuando la cadena de noticias mostraba imágenes de soldados norteamericanos muertos en Irak. Hubo trascendidos de que incluso analizó la posibilidad de bombardear la sede de Al Jazeera hasta que le aclararon que estaba asentada en Qatar, un país amigo.



El dueño de Al Jazeera es, justamente, el emir de Qatar, un multimillonario gobernante que derribó a su propio padre en un golpe de Estado. Las razones por las que se metió en este lío son desconocidas. Pero lo cierto es que una experiencia que comenzó con la idea de contrarrestar la hegemonía mediática occidental, terminó incorporando un elemento occidental a la vida árabe, esto es, la existencia de una cadena de noticias, independiente de los gobiernos de la zona, con llegada masiva. Quienes protestan contra diferentes tiranías, saben de la importancia de estas herramientas.



A ellos, pero no sólo a ellos, se refería Khadafi cuando sostuvo que, entre sus enemigos, se encontraban “los perros de la prensa internacional”.



El incansable Robert Fisk le contestó desde el británico The Independent: “Sí, siempre somos perros, ¿no es cierto? Hace tiempo, en un diario de Bahrein una caricatura me representó como (Príncipe Heredero, por favor tomen nota) un perro rabioso, digno de liquidar”. Mohamed Baitamal, secretario privado de uno de los hijos del dictador, y el hombre que maneja los medios de comunicación oficiales, escribió una carta a algunos exiliados: “Espero que estés bien siguiendo los acontecimientos de nuestro país a través de los medios de comunicación locales y nacionales y no a través de los medios internacionales. Hermano: ahora nos enfrentamos a otro colonialismo occidental porque Occidente vive una crisis económica y financiera, lo que significa que quieren nuestro petróleo para resolver esos problemas. Eso lo demuestra el gran despliegue por medio de información internacional divulgando noticias falsas de que hay bombardeos y hay masacres y otras muchas mentiras que no tienen fundamento ni base. Ahora, el papel reside en los hijos honestos de la patria para que no sigan el plan o la conspiración occidental para usurparnos nuestras riquezas y hacernos matar entre nosotros bajo un bombardeo de propaganda grandísima”.



Como diría Fisk, “siempre somos perros, ¿no es cierto?”.



Muy lejos de la Libia de Khadafi, en Buenos Aires, casi el mismo día, otro personaje en problemas se refirió con la misma agresividad al periodismo. Se trata de José Pedraza, cuya Unión Ferroviaria publicó una solicitada para pedir su liberación. “Un extraordinario caso de linchamiento mediático”, “un coro desaforado de opinantes inescrupulosos”, “la prensa de todos los colores ya condenó a la dirigencia y a la militancia ferroviaria”, “el Partido Obrero... debilita al Gobierno en etapas decisorias y favorece los intereses del capitalismo más concentrado y hegemónico, lo que le vale la atención mediática que recibe”.



En momentos en que se está debatiendo hasta el agotamiento el rol de la prensa en la Argentina y en el mundo, quizá sea necesario recordar las expresiones de Khadafi y de Pedraza para relativizar y poner en su debida dimensión algunas de estas discusiones.



Un pensamiento lineal podría extraer de estos dos ejemplos conclusiones equivocadas, como suelen serlo aquellas que extrae el pensamiento lineal.



A saber:



- Pedraza y Khadafi atacan a la prensa como un artilugio obvio –demasiado obvio– para zafar de las graves acusaciones que pesan contra ellos y cambiar el eje de la discusión. Si pudieran, tratarían de convencer a mucha gente –cuanto más progresistas, más sensibles a estos argumentos– de que del otro lado está el colonialismo, el capital más concentrado y hegemónico y que la información es apenas un ariete de los peores poderes del mundo contra un gobierno nacional y popular o contra los sindicatos que protegen a los trabajadores y apoyan a otro gobierno nacional y popular. La conclusión errónea sería que todo gobierno o partidario de un gobierno que cuestiona a la prensa o a lo que ella publica se parece –en este aspecto– a Khadafi y a Pedraza. Todos ellos buscan cambiar el eje de la discusión, matar –a veces literalmente, a veces no– al mensajero que impugnar el mensaje. Insisto: sería falaz y mentiroso.



- Sé que no es un tema sobre el que exista unanimidad –a alguna gente le gustan algunos dictadores, la libertad les parece un tema de segundo orden– pero convengamos, por un momento, en que un liderazgo como el de la familia Khadafi no es lo mejor que les puede tocar a los oprimidos de la tierra. Tampoco a los trabajadores ferroviarios, uno como el de Pedraza. Es decir, Khadafi y Pedraza son enemigos del progreso de los pueblos. Y ambos disparan contra la prensa. La segunda conclusión errónea sería que todo aquel que cuestiona a la prensa como poder o como contrapoder –sobre todo desde el alineamiento con algún poder político– le hace el juego a Khadafi y Pedraza, es decir, es “funcional a la derecha”.



¿Criticar a la prensa como poder iguala al crítico con los dictadores que odian a la prensa? ¿Debilitar la idea de la prensa independiente fortalece los argumentos de asesinos, dictadores y corruptos?



Dicho así, son ideas disparatadas. Aunque algo de verdad tienen, llevadas al extremo pierden todo su sentido.



Igual, a menudo se dicen tantos disparates, en un sentido u otro, sobre el rol de la prensa y de los periodistas, que, la verdad, qué más da.



Vida hay una sola.



Mejor no reparar en detalles menores.



Fuente: VEINTITRES