Jueves, 3 Marzo, 2011 - 19:01

Aporte al debate necesario
El primer día de clases

Leo en "Etica" de Aristóteles la queja que si bien pone en boca de su maestro Platón, también la hace suya, acerca de lo mal que la sociedad considera a los maestros (pedagogos) y lo mal pagos que son y pienso que la cuestión tiene sus años.

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Una vez mas algunos gremios docentes dieron el mal ejemplo de comenzar las clases no presentándose a trabajar, o mejor dicho no comenzaron con su trabajo el día y la hora señalados. Como punto a favor se inscribe la circunstancia de que cada año son menos los que adhieren a esta modalidad de protesta: el paro, cansados de que la misma no arroje los resultados esperados. En efecto, los aumentos de sueldos y demás beneficios obtenidos no fueron como consecuencia necesaria de los paros, sino como punto final a acuerdos o "concesiones" hechas desde los gobiernos de turno.



En este marco referencial, hacer un paro el primer día de clases resulta ser un disparate.



Nací en una familia de docentes. Mi madre lo fue, mis hermanas, sobrinas y cuñadas lo son, mi abuela y tías abuelas lo fueron y hace algunos años atrás también yo fui docente por varios años. No recuerdo algún año en que los docentes hayan estado satisfechos con sus remuneraciones, pero en todos los casos que conozco -mi familia y fuera de ella- sus ingresos les han permitido sobrellevar con dignidad no sólo su subsistencia sinodarse algunos gustos. Tal vez los tiempos mas difíciles en lo económico- que recuerdo fueron los que corrieron entre 1999 y 2004/5, inclusive mas pesados que los de la hiperinflación en 1989. En esa época he visto vender la heladera, aquel mueble que vino de "herencia", el auto y prescindir de las vacaciones.



Qué diferente a los tiempos que estamos pasando ahora! Recorro mentalmente la lista de bienes obtenidos en los últimos -digamos- 6 años por mis hermanas, sobrinas y cuñadas en actividad y refiero: Peugeot 207 (modelo 2009), Sandero (2010), Megane II (usado 2007, comprado en 2010), Honda City (2010) VW Gol (2009). Consigno los autos por estimar que cualquiera llegaría a ellos sólo después de afrontar los gastos que demandan la subsistencia, los servicios y algunas distracciones con lo cual se sobreentiende que tales gastos se superan con creces.



No obstante, considero que está bien reclamar poder ganar mas, máxime en años como estos en que la inflación no cesa y deteriora sustancialmente los ingresos; pero también estimo que los reclamos están mal dirigidos e implementados. Sólo la creatividad -que, dicho sea de paso debiera ser una cualidad esencial en el docente- podría dar respuesta a otras modalidades diferentes al paro, que tan mal cae en los padres -particularmente- y en toda la sociedad, en general.



Por parte de los docentes también sería bueno que reconozcan logros que hasta hace muy pocos años eran considerados inalcanzables. El cumplimiento en exceso de la exigencia constitucional chaqueña de destinar el 33% del presupuesto para educación es uno de ellos que no es tema menor.



Por último algunas líneas referidas a un tema puesto en el tapete por referentes de algún partido político. La educación en la mayoría de los países del resto del mundo se paga. Las familias juntan el dinero desde que el chico nace, para cuando le llegue el momento de acceder a la educación primaria, a la high school después y ni que hablar de la universidad. Millones de jóvenes no pueden acceder a los estudios universitarios en el mundo debido a no tener dinero para poder pagarse los estudios. Eso no sucede en Argentina. Las escuelas y las universidades públicas ofrecen el acceso libre y gratuito a quienes quieran estudiar. Millones de pesos se dilapidan anualmente en horas cátedra que no se aprovechan por parte de los alumnos, ya que lo que no cuesta no se valora. Curiosamente en la mayoría de aquellos países los docentes ni sueñan con hacer paros, pese a que tampoco son los mejores pagos. Será que llegó la hora de reconsiderar la posibilidad de que no toda la educación sea libre y gratuita? Será que debieran imponerse mayores exigencias tanto a los alumnos como a los docentes?



Dejo para el final un saludo especial para aquellos docentes de alma que en medio del fárrago de los que hoy gustan llamarse trabajadores de la educación -poniendo en claro que ellos sólo tienen en la mira una salida laboral-, destacaron por su vocación de servicio y entonces recuerdo con emoción a esos verdaderos maestros que guiaron mi vida dotándola de valores, formándome como hombre y como ciudadano y no agotándose en la enseñanza o la instrucción.



(*) Periodista