Lunes, 28 Febrero, 2011 - 20:53

Farmacity: Garcacity

No suelo comprar nada en las redes de Farmacity, salvo en muy raras ocasiones y sobre todo a la noche tarde, cuando nuestras farmacias están cerradas. Este sábado 26 de Febrero no tuve opción: eran pasadas las 22 ¡y se había terminado la leche para la bebé! Tomé el coche y me dispuse a partir hacia la sucursal que está frente al Sanatorio Güemes. Mis hijos Gabriel y Daniela me acompañaron.

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Todo muy normal, la pachorra característica del personal, apenas hablan, hacen todo lento, la sensación de que los están vigilando permanentemente (es lo que siento yo).



Después una media hora de espera consigo que traigan dos leches del depósito, me dirijo raudamente a la caja y cuando estoy a punto de pagar mijo Gaby dice: “¡Papi, me cago!”, mientras cruzaba sus bracitos sobre la pancita y flexionaba levemente las piernas... “Esperá que ya vamos a casa”, le respondo. “¡No, Papi, no aguanto!”



Miro a la cajera y le pregunto adónde queda el baño. “No hay baño”, fue la respuesta.



Sí, es increíble que en Farmacity no haya baño, pero se escudan en que por la cantidad de metros cuadrados ¡el municipio no se los exige!



Me pregunto: ¿no es de gente decente tener un baño para sus clientes? ¿O sólo se les exprime el bosillo y que se vayan? ¿No es de gente ofrecer un baño, el del personal, ante una situación semejante, tratándose de un niñito? ¿O el personal tampoco tiene baño? O, lo que sería peor pero no imposible: ¿los trabajadores de esta red de farmacias tiene prohibido ir al baño? ¿Trabajan todos usando pañales para adultos?



Muy mal momento para un nenito de tres años, muy mal ejemplo para una red de negocios millonarios que se caga en un baño para clientes. Una vergüenza que el municipio no les exija disponer de uno.



(*) Periodista.