Domingo, 27 Febrero, 2011 - 09:27

¡Basta de WikiLeaks!

Después del impresionante debate que culminó con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y el no menos impresionante proceso que vive la Argentina en materia de democratización de la información, es hora de menos wiki y más soberanía informativa.

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Algunos medios y periodistas, que hace varias décadas eran furiosos defensores del informe MacBride, ahora están encandilados por WikiLeaks. Mejor dicho, por estos cables que cuentan intimidades desconocidas y que ahora “se filtran”. ¿Qué se filtra? El punto de vista de los funcionarios diplomáticos y de inteligencia de los Estados Unidos. Lo que trasciende es información reservada pero, eso sí, elaborada por quienes detentan el poder mundial.



Claro que es bueno enterarse de la trastienda del Departamento de Estado, pero mucho cuidado. No sólo porque se filtra una parte y quién sabe cuál es la parte que no se filtra. Pero, además, y más importante que eso, el desafío mayor en la comunicación es informar y analizar en sintonía con las necesidades y prioridades de los sectores sociales a los que se pretende llegar y de acuerdo al marco nacional y regional en que se vive. En definitiva, en cada párrafo, en cada artículo, en cada emisión, hay huellas de soberanía informativa o de colonización informativa. Con sus grises, por supuesto. Y desparramar WikiLeaks para impactar, vender si se quiere, tiene sus contraindicaciones.




Para los menos informados, el irlandés Sean MacBride presidió allá por 1977 la Comisión Internacional de Comunicación creada por Naciones Unidas en el marco de la UNESCO. La comisión tenía por objeto hacer un diagnóstico y realizar algunas propuestas para democratizar la comunicación en el planeta. Nada menos que Gabriel García Márquez y Marshall McLuhan integraban, entre otros, esa comisión que tres años después provocó un revuelo monumental al proponer “la erradicación de los efectos negativos que se producen por la creación de monopolios” o la “eliminación de los desequilibrios y desigualdades entre el tercer mundo y los países desarrollados”.



Una cosa que graficaba este último punto era que las agencias informativas que cubrían los conflictos en el Hemisferio Sur eran prácticamente todas del Hemisferio Norte, particularmente las estadounidenses Associated Press y United Press International. Es decir, que el punto de vista con el que se daban a conocer noticias relativas a países periféricos era el de los países centrales. Al respecto, vale la pena recordar que había muchos antecedentes sobre la lucha contra la desigualdad informativa.



Uno de ellos, nada menos que la Agencia Télam, que fue impulsada por Juan Perón cuando era secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación. A principios de 1945, cuando era inminente la caída del Tercer Reich, Perón instruyó la creación de Telenoticias Americanas, con el propósito de que no fueran el embajador Spruille Braden y las agencias AP y UPI las que moldearan la agenda informativa argentina.



Télam empezó a emitir cables unos días antes del histórico 17 de octubre; es decir, 35 años antes de que McBride pudiera presentar en sociedad aquel informe que es piedra angular de cualquier estudio en materia de comunicación. También lo fue Prensa Latina (cuyo nombre completo es PL Agencia de Noticias Latinoamericana), la agencia creada apenas triunfó la Revolución Cubana en 1959 y en cuyo armado trabajaron García Márquez, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo, entre otros.



Tan amenazados se sintieron los dueños de la información mundial que, poco tiempo después del informe, los Estados Unidos decidieron no hacer más los aportes correspondientes a la UNESCO. Años después, volvió a hacerlo, pero a condición de que se borrara todo lo que aquel informe había señalado. Fue nada menos que en 1989, cuando la caída del Muro de Berlín abrió las puertas para el llamado Consenso de Washington.



ARGENTINA 2011. Parece haber una contradicción entre el descubrimiento de algunos medios que, como Página/12, ahora no hacen otra cosa que tapas con jugosas infidencias surgidas de –supuestas– charlas que Mauricio Macri tuvo con la embajadora de los Estados Unidos o las cosas que algún funcionario de ese país dijo sobre Eduardo Duhalde. Porque, así como Página/12 cuenta aquellas infidencias que pueden ser del paladar de sus lectores, lo mismo está haciendo Perfil o La Nación, claro que con cables que salpican a ministros o la misma presidenta. Estos días quedó bastante claro cuál es el concepto de soberanía del gobierno respecto del Boeing Globemaster III que traía miembros de las fuerzas especiales del Ejército de los Estados Unidos (hay que decirlo, Página/12 informó mucho y muy bien sobre esto).



Lo que está en juego en la inserción internacional de la Argentina y otras naciones de esta región es demasiado como para darle una importancia capital a los textuales de unos informes confeccionados no para ensanchar la soberanía sino, muy probablemente, para adelgazarla en todos y cada unos de los casos. Porque termina siendo un juego en el cual se valida a quienes elevan información al Departamento de Estado sobre cuestiones domésticas.



Claro que ellos tienen derecho a informarse sobre lo que hacen los protagonistas de la política argentina. Pero, ¿con qué fines lo hacen? Uno puede preguntarse, entonces, si podríamos acceder a los informes reservados que elaboran en la embajada (estadounidense) sobre las propuestas que la Argentina lleva a la Organización Mundial de Comercio sobre los commodities. Es más, la propia OMC emitió un fallo sobre otro tema que involucra conflictos de los Estados Unidos y la Unión Europea con China. Pero, lo curioso –o indignante, o demostrativo de cómo se manejan el poder y la información– es que esa resolución es ¡secreta! El caso es que –según los europeos y norteamericanos– China exporta bauxita y magnesio a precio de dumping. Quizá sea cierto, pero está claro que la información que analiza ese tema no es accesible.



Uno puede ir, por ejemplo, a Reuters para seguir el tema. Pero, volviendo al principio de este artículo, ¿es neutral Reuters? Desde hace unos cuantos años, los ingresos principales (el 90%) de esa prestigiosa agencia de noticias del Hemisferio Norte provienen de la venta de servicios informativos financieros. Es decir, compite con Bloomberg y no con la estatal española Efe o la británica BBC. El avance de los intereses financieros sobre los grupos mediáticos del Primer Mundo es impresionante.



Y la información de la crisis de 2009 fue a la medida de esos intereses. Un par de ejemplos emblemáticos los vive Francia, cuna de la libertad de expresión y del debate entre libertad de empresa y libertad de prensa. Le Monde, uno de los diarios más prestigiosos, a raíz de los problemas financieros que afrontaba, dejó de estar conformado como una empresa cuyas acciones eran del consejo de los trabajadores del diario. A mediados de 2010, la asamblea de los trabajadores aceptó incorporar capitales privados. Evaluaron destintas ofertas y aceptaron la que creían más conveniente.



El nuevo director, Eric Izraelewicz, que acaba de asumir hace diez días, tiene una larga trayectoria en Le Monde. Claro, tenía como especialidad ¡sistema financiero! El caso del diario Libération, que supo tener como uno de sus primeros directores nada menos que a Jean Paul Sartre, desde hace unos años logró salvar sus cuentas gracias a la entrada de capital de Édouard de Rothschild. Una de las primeras cosas que hizo el banquero fue cambiar al director del diario.



Esto no quiere decir que haya que prescindir de WikiLeaks. Pero después del impresionante debate que culminó con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y el no menos impresionante proceso que vive la Argentina en materia de democratización de la información, es hora de menos wiki y más soberanía informativa.



Fuente: Tiempo Argentino