Domingo, 27 Febrero, 2011 - 09:06

La mujer: socia de extrema supervivencia

Como una sobreviviente de la larga historia de la humanidad, la mujer se ha provisto de anticuerpos de resistencia y de coraje que, comparativamente, la acercan más a Rambo que a Blanca Nieves. No hace falta cometer alguna injusticia dando nombres emblemáticos y siempre insuficientes. Nací contemporáneo a la idea virtuosa de la virginidad y soy contemporáneo de las botineras.

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Nací contemporáneo de la sometida y soy contemporáneo de la compañera. Así como asumí el pase desde la pluma cucharita y del tintero, al teclado y la pantalla de la computadora, asumo que aquel varón que era ha sido atravesado por la mujer y de eso resulta otro individuo. El cambio, creo, me favorece.



Y seguro me hace más feliz en esta evolución que entrelaza sentimientos, acciones e inteligencia, ampliando la antigua y prehistórica exclusividad vincular de la cópula y el cuerpo. El país se fue haciendo fértil de mujeres que produjeron una belleza heroica. En la Argentina hay tantas pruebas empíricas como mujeres. Me cuesta esta discriminación por género ya que prefiero considerarnos mutuamente socios de la condición humana.



De solo pensar a qué cosas ha tenido que sobrevivir esta mujer que hoy es mi aliada, dudo de la antigua leyenda del varón como dueño del mundo. Los restos de machismo los va acabando la vergüenza y el proceso de construcción social que lo desplaza.



De empujar el cochecito a la nave espacial, o desde la Cruz Roja a las fuerzas de desembarco, compite por la vida. Puede igualar o superar al hombre, y ambos mujer y hombre pueden perder alternativamente. También hay casos en que ambos pueden desairar a sus géneros o desairar a la historia. Pero en tener hijos las mujeres son invencibles.



Y no es un mérito exclusivamente biológico sino expresamente congnitivo. Es la prueba de su superioridad. Es el ADN de su supervivencia. De la supervivencia. Porque pueden engendrar, parir, abortar, resistir, perder, buscar, encontrar, recordar y reincidir. Si no los tiene los tiene igual: porque los siente o los sueña o los imagina. Esa secuencia de vida, comparada a la del macho, es su porción invencible.



Fuente: blog del autor