Miércoles, 23 Febrero, 2011 - 12:22

Aporte al debate necesario
La nueva era nuclear

El llamado Renacimiento Nuclear encuentra a la República Argentina en una posición inmejorable para el desarrollo y aprovechamiento de la energía nuclear con fines pacíficos gracias a la decisión política de la gestión K de reflotar la alicaída Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

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Desde que por decreto Nº 10.936 del 31/05/1950 el entonces Presidente de la Nación -Gral. Juan Domingo Perón- creara la Comisión Nacional de Energía Atómica, Argentina se dispuso a encabezar el desarrollo de la energía a la que hoy se considera la mas barata, segura, limpia y potente, en Latinoamérica. Pero la discontinuidad de los gobiernos afectó también el desarrollo nuclear estancándose el mismo después de la construcción y puesta en marcha de las centrales de Embalse y Atucha I.



Los accidentes de Chernobyl y Three Mile Island sumados a los reclamos de los movimientos ecologistas en el mundo, ocasionaron un parate al desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, salvo China y Francia que nunca desistieron de su decidida carrera por tener mayor cantidad de reactores nucleares.



Francia, a raíz del proyecto De Gaulle de desarrollar el país en base a la energía nuclear en otros puntos esenciales, logró constituirse en el presente en el país que mas energía nuclear para generar energía eléctrica consume por habitante: casi el 80% de su energía proviene de reactores nucleares.



El fracaso -por la relación costos-beneficios- de la energía eólica y solar, por ejemplo en Alemania y Dinamarca, fueron -entre otras- razones suficientes como para retomar el camino de la energía nuclear.



Argentina comprendió de inmediato la situación mundial y durante el gobierno de Néstor Kirchner, primero, pero con mayor énfasis durante el gobierno actual de Cristina Fernández de Kirchner, se le dió un impulso inusitado a este tema.



Hay pruebas definitivas e incontrastables al respecto: desde la refacción y aggiornamiento del edificio sede de la Comisión Nacional de Energía Atómica allí frente a la ex ESMA y hoy Museo de la Memoria (en Buenos Aires); el diseño del primer elemento combustible para un reactor tipo PWR; la venta a Australia de un reactor nuclear; la puesta en funcionamiento de Atucha II con una generación de 695 MW aportadas al Sistema Interconectado Nacional; la decisión de ampliar la vida útil de Embalse (600 MW); el CAREM, "primer reactor de potencia integramente diseñado y construído en el país que le permite a la Argentina posicionarse a la vanguardia del mercado de centrales de baja potencia y características sencillas en cuanto a su construcción y operación"(1) -se trata de un reactor que genera unos 25 MW capaz de proporcionar energía eléctrica a una ciudad de 100.000 habitantes o a un polo industrial alejado, etc. que puede ser construído con tecnología un 70% netamente argentina-; la puesta en marcha del Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, ubicado a 60 km de Bariloche en la provincia de Río Negro para producir uranio enriquecido. Pero esto es sólo una mínima parte de la utilidad de la energía nuclear. Omito aquí cualquier referencia por ejemplo a sus fines de investigación y aplicación médica, aspectos en los que Argentina ha avanzado muchísimo gracias a las decisiones políticas adecuadas de los últimos años.



El año pasado el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica -Yukiya Amano- dijo en su visita a la Argentina y luego de recorrer Atucha I y II y el Complejo Pilcaniyeu: "Tienen (los argentinos) tecnologías interesantes, están intentando nuevos proyectos y han tomado decisiones valientes aún antes del llamado Renacimiento Nuclear".



Argentina ha retomado decididamente el primer lugar en el desarrollo nuclear en latinoamérica (para dar una idea en una relación porcentual Chile tendría 1% y Argentina 100%) y junto a Brasil se disponen a emprender un camino de realizaciones. Por ello, la firma de tratados entre las mujeres presidentes de ambos países concretada hace pocos días.



Como se puede apreciar, el crecimiento económico argentino no se justifica únicamente en el remanido "viento de cola", sino en decisiones políticas adecuadas y oportunas; y no se agota en la generalización de planes "no trabajar". Decidir y luego promover, invertir e incentivar el desarrollo nuclear es una excelente decisión política.



(1) Fuente: sitio oficial del CNEA.