Domingo, 20 Febrero, 2011 - 09:21

El "thriller cibernético" de Wael Ghonim, el empleado egipcio de Google que puso a rodar la revolución

La llamada llegó tarde, el jueves 27 de enero. “Creo que me están siguiendo”, dijo quien llamaba al amigo del otro lado. “Voy a destruir este teléfono”. Y luego la línea quedó muerta. Poco después, lo mismo pasó con los celulares de todo Egipto, y luego con Internet. El único rastro que dejó quien llamaba estaba en el ciberespacio, donde había mandado un mensaje por Twitter: “Recen por Egipto”.

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Tres días después, en Washington, Nadine Wahab, una emigrante egipcia y profesional de relaciones mediáticas, se sentó a contemplar su computadora, esperando que no fueran ciertos los rumores sobre la desaparición de quien hizo la llamada.



“Admin 1 está perdido”, decía el mensaje. “Soy el Admin 2”. Admin 1 era quien había hecho la llamada, el administrador anónimo de una página de Facebook que había tenido un papel crucial en inspirar el levantamiento de El Cairo. Había dejado a Wahab un plan: si desaparecía, debería esperar al 8 de febrero, dos semanas después de la fecha de la primera protesta, para revelar su identidad.



El plan de contingencia no había hecho mención de un Admin 2, y Wahab pensó que podía ser una trampa.



Durante la siguiente semana, Wahab y su pequeño cuadro de colegas on line vivieron un misterioso thriller cibernético. En su centro estaba un aficionado a la tecnología con gafas, llamado Wael Ghonim, de 30 años y padre de dos hijos, y director de marketing de Google en Oriente Medio.



Meses de correspondencia online entre Ghonim y Wahab, partes de la cual fueron proporcionadas a Newsweek, así como conversaciones telefónicas y en línea con la revista, revelan a una persona que adoptó la identidad de un hombre muerto para presionar por la democracia, llevando una vida secreta que casi lo consumió.



Ghonim tenía una maestría en marketing y finanzas de la Universidad Americana en El Cairo, y empezó a trabajar para Google a finales de 2008. En poco más de un año, fue ascendido a director de mercadeo para Oriente Medio y África del Norte, en Dubái.



Ghonim y Wahab se conocieron electrónicamente la primavera pasada, después de que Ghonim se ofreció como voluntario para administrar la página en Facebook de Mohamed ElBaradei, el egipcio ganador del Premio Nobel que había surgido como un líder clave de la oposición. Con Ghonim, la página de ElBaradei, la cual promovía la reforma democrática, creció rápidamente. Ghonim pensó que Facebook podía ser la herramienta ideal en el sofocante Estado policial de Egipto. “Una vez que sos fan, cualquier cosa que publiquemos aparece en tu muro”, escribió. “El gobierno NO puede bloquearlo. A menos que bloquee Facebook”.



A medida que creció la página, le consumía más y más tiempo, y Ghonim empezó a sentir que tenía dos vidas. “En la mañana llevo un presupuesto de US$ 1 millón”, reflexionó con Wahab en junio. “De noche, soy editor de video en YouTube”.



Ese mes, un joven empresario alejandrino llamado Jaled Said, quien había publicado un video en la red mostrando a policías robando marihuana de una incautación de drogas, fue asaltado en un cibercafé por la Policía local. Lo golpearon hasta matarlo a plena luz del día. Las fotos de su cadáver apaleado se difundieron por todas partes.



Ghonim se conmovió por las fotos e inició una nueva página de Facebook llamada “Todos somos Jaled Said”. La página se convirtió en una poderosa campaña contra la brutalidad policial en Egipto.



Poca gente, incluida Wahab, quien rápidamente se ofreció a ayudar, sabía del involucramiento de Ghonim con la página. Para administrar la página, Ghonim había asumido el pseudónimo El Shaheed, o El Mártir, para protegerse y conmemorar al hombre muerto, creando un personaje que se volvió una de las herramientas más poderosas de Ghonim. “Mi propósito es aumentar los lazos entre la gente y el grupo a través de mi personalidad desconocida. De esta manera creamos un ejército de voluntarios”, dijo en una conversación con Wahab.



El 14 de enero, las protestas en Túnez hicieron caer al viejo dictador de ese país, y Ghonim se inspiró para anunciar, en Facebook, una revolución en Egipto. Cada uno de los más de 350.000 fans fue invitado a manifestarse el 25 de enero.



En tres días, más de 50.000 personas respondieron que “sí”, que se manifestarían. Presentándose como El Shaheed en un chat de Gmail, Ghonim era optimista pero aconsejó que el apoyo online no debía traducirse en una revuelta en las calles.



Mientras algunos comentaristas promocionaron que “Internet está haciendo una revolución”, otros proclamaron que la “revolución no puede ser tweeteada”, dijo. “No lo sé, y no me importa un carajo. Estoy haciendo lo que sea para mejorar mi país”.



Ghonim imploró a sus fans en Facebook que difundiesen la protesta a la gente común, y él y otros activistas coordinaban esfuerzos, combinando su sapiencia online con el activismo callejero practicado desde hace mucho por los movimientos por la democracia en el país.



“Lo que ustedes no entienden, y parece ser que no lo quieren entender, es que esta protesta no tiene organizadores reales”, dijo a Newsweek. “Es una protesta sin un líder”.



Ghonim parecía pensar que el personaje anónimo era un ecualizador que podía evitar que el impulso de la protesta fuera pirateado, por políticos como ElBaradei, grupos como los Hermanos Musulmanes, tal vez incluso por el mismo Ghonim. “Mantendré anónima mi identidad incluso si se inicia una revolución y este gobierno es derribado”, dijo. “La razón por la que pienso que estamos jod…dos en este país es que todos buscan la fama personal”.



Ya había hecho el trabajo para que el personaje de El Shaheed viviera sin él, aceptando en otra conversación con Newsweek que el alias de El Mártir podría llegar a representar su propio destino. Estaba claro, cuando voló a Egipto para unirse a la protesta, que estaría bajo amenazas.



El 25 de enero, Ghonim se unió a la primera manifestación, junto con miles de personas a en todo el país. Esraa Abdel Fattah, otro organizador, quien conocía a Ghonim pero no se había percatado de que era El Shaheed, lo vio esa noche en la plaza Tahrir.



En una conversación online al día siguiente, Ghonim estaba paralizado pero también preocupado. Los activistas, dijo, empezaban a desaparecer. La noche del jueves, cuando los organizadores planeaban otra gran protesta al día siguiente, la red social Facebook empezó a cortarse. “Facebook está bloqueado otra vez. Hijos de perra. Sólo estaba anunciando las ubicaciones”, dijo.



Algunas horas después, hizo la llamada a su amigo, diciendo que él pensaba que lo seguían. A la mañana siguiente, oficiales de Policía vestidos de civiles fueron por él.



Ghonim —Admin 1— ahora estaba perdido. Admin 2, quien pidió no ser identificado —“Soy el tipo que es el respaldo en caso de que algo horrible suceda”, dijo en una llamada de Skype con Newsweek— tenía su propio protocolo. Cuando se percató de que Ghonim estaba perdido, notificó a Google y a la familia de Ghonim, y luego se puso a trabajar en cambiar contraseñas y a asegurar las cosas en la red. “Quería que la página siguiera viva. Lo más importante es la página”.



De hecho, le preocupaba que al cambiar las contraseñas, podía arriesgar más a Ghonim; ¿y si la policía lo torturaba para acceder al sitio? “O protegía a mi amigo o continuaba el movimiento”, dijo, claramente afectado por el dilema. “No soy un buen amigo”.



Admin 2 analizó el buzón de El Shaheed para a “la muchacha en EE. UU.”, a quien le había dicho que contactara. Cuando Nadine Wahab recibió su mensaje, ella primero se preocupó de que Admin 2 fuera a la Policía egipcia, pero rápidamente vio que Admin 2 estaba igual de asustado, y los dos empezaron a publicar en la página de Facebook, haciéndose pasar por El Shaheed. (Admin 2 también dio un sobre sellado a un amigo, con instrucciones de abrirlo si él se perdía por más de un día. El sobre contenía los nombres de usuario, las contraseñas y las instrucciones para mantener el sitio).



Por más de una semana, no estaba claro si Ghonim siquiera había sido arrestado; una investigación exhaustiva en las prisiones y los hospitales locales no dieron resultados. Google hizo pública una declaración respecto a que Ghonim estaba perdido.



Empezaron a correr rumores en la calle y en la prensa de que Ghonim era El Shaheed. Mientras tanto, los manifestantes en la plaza Tahrir lo anunciaron como su líder simbólico. Empezaron a surgir páginas en Facebook tituladas “Todos somos Wael Ghonim”.



Entre llamadas frenéticas al Departamento de Estado, Wahab trató de acallar los rumores, incluso enviando un mail a Newsweek desde la dirección de El Shaheed en un intento de sugerir que todo estaba bien.



Todo el tiempo, ella sintió como si estuviera atrapada en una película. Puso plumas de almohadas debajo de su puerta, para saber si alguien había entrado a su casa. (Su gato las quitó). “Fue un teatro del absurdo”, dijo Wahab. “¿Cómo me metí en esto?”.



Ghonim pasó casi dos semanas en custodia sin idea de la revolución que se estaba dando afuera. Cuando fue liberado, descubrió que era el rostro de la revuelta de Egipto, el destino que él dijo que quería evitar.



En una entrevista telefónica con Newsweek horas después de su liberación, el lunes 7 de febrero, en la cual admitió su verdadera identidad, Ghonim trató primero de distanciarse de su nuevo papel. “Ése no era mi plan, y lo odio, pero se me fue de las manos”, explicó. “No soy un héroe. Soy sólo un tipo. En realidad, hice lo más fácil, que fue escribir. Mucha gente murió”.



El personaje anónimo estaba muerto. Pero en su ausencia, parecía que Ghonim había sido designado líder por el movimiento sin líderes que él había ayudado a crear.



Por Mike Giglio/ Fuente: Newsweek