Domingo, 20 Febrero, 2011 - 08:43

El mono y el ratón

Se habrá preguntado Macri por qué él no puede intentar hacer de Miguel Del Sel un gobernador de Santa Fe si Menem postuló con éxito para ese puesto a Reutemann y a Palito Ortega. Y de este último, además, Duhalde hizo un candidato a vicepresidente de su fórmula en 1999. Es fácil decirlo a posteriori, pero aun con sus limitaciones políticas, Reutemann y Ortega mostraron una solvencia que Del Sel a priori no evidencia.

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Probablemente no preocupen a Macri las capacidades de gobernante de Del Sel porque no aspire a que su candidato sea realmente electo sino a ganar la mayor cantidad de votos en Santa Fe. Decepcionante apelación –igual– la de PRO, cuya promesa de “nueva política” sería materia para un chiste de Midachi.



Macri sin Duhalde no sólo no tiene estructura nacional como para aspirar a la presidencia, como dijo de él Reutemann con cierto desprecio, sino que tampoco tendría equipos para gobernar. Similar, aunque distinta (uno porque no puede y el otro porque no se anima), es la situación de Scioli, otro de los eternamente frustrados candidatos de Duhalde.



Las impotencias de Macri y Scioli se podrían ejemplificar con dos fábulas de Esopo. En el caso de Macri, Los monos bailarines, donde se cuenta: “Un príncipe tenía algunos monos entrenados para bailar. Siendo naturalmente grandes imitadores de las acciones de los hombres, ellos demostraron ser unos alumnos apropiados, y cuando los vestían con su ropa y máscaras, ellos bailaban tan bien como cualquiera de los cortesanos. El espectáculo a menudo era repetido con grandes aplausos, hasta que en una ocasión a un cortesano se le ocurrió una travesura, y tomó de su bolsillo un puñado de nueces y los lanzó sobre ellos. Los monos, a la vista de las nueces, olvidaron su baile y se pusieron a actuar como en efecto ellos eran, monos en vez de actores. Quitándose sus máscaras y rompiendo sus trajes, lucharon el uno contra el otro por las nueces. El espectáculo del baile llegó así a un final entre la risa y la burla del auditorio”. La moraleja era: “Si quieres cambiar la naturaleza de un ser, primero piensa en todas las circunstancias posibles y diversas que podría encontrar”.



Y en el caso de Scioli, la fábula Los ratones poniendo el cascabel al gato, en la que “un hábil gato hacía tal matanza de ratones, que apenas veía uno era cena servida. Los pocos que quedaban, sin valor para salir de su agujero, se conformaban con su hambre. Para ellos, ése no era un gato, era un diablo carnicero. Una noche en que el gato partió a los tejados en busca de su amor, los ratones hicieron una junta sobre su problema más urgente. Desde el principio, el ratón más anciano, sabio y prudente, sostuvo que de alguna manera, tarde o temprano, había que idear un medio, de modo que siempre avisara la presencia del gato y pudieran ellos esconderse a tiempo. Efectivamente, ése era el remedio y no había otro. Todos fueron de la misma opinión, y nada les pareció más indicado. Uno de los asistentes propuso ponerle un cascabel al cuello del gato, lo que les entusiasmó muchísimo y decían sería una excelente solución. Sólo se presentó una dificultad: quién le ponía el cascabel al gato.



—Yo soy tonto, no voy.



—Yo no sé cómo hacerlo.



Finalmente, terminó la reunión sin adoptar ninguna disposición”. La moraleja es: “Nunca busques soluciones imposibles de realizar”.



Peronismo. Duhalde es el personaje omnipresente de estas dos fábulas y hacia quien se dirige la moraleja (ver página 2 y el reportaje a Venegas en página 36).



Sin embargo, él y sus seguidores creen que podrán construir en su alianza con PRO una fórmula que permita superar al radicalismo y alcanzar la segunda vuelta para competirle a Cristina Kirchner por ver quién tiene más rechazo e imagen negativa. Escenario donde surgiría una mayoría de votantes doblemente unidos más por el desprecio al otro candidato que por afecto al propio.



Fuente: Perfil