Viernes, 18 Febrero, 2011 - 15:55

El ejemplar del diario se lo damos gratis... ¡Todos los días!

La amabilidad del Director de Ingeniería Hospitalaria de la cartera sanitaria provincial es inusual para un funcionario público en estos días, pero a pesar de la conmovedora profusión de fórmulas de cortesía para solicitarnos sin cargo “un ejemplar del diario emitido por esa editorial”, debemos confesarle que rechazaremos el pedido. Categóricamente. Y no es que no queramos complacerlo, Miguel Angel; es que no publicamos nuestro diario en papel. Como compensación, sin embargo, le ofrecemos completamente gratis, todos los días del año, nuestro ejemplar digital.

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La confusión es un buen pretexto, además, para plantear un principio de DiarioChaco.com: estamos en contra del uso del papel para un fin tan fugaz como el de ser aprovechado durante veinticuatro horas, y luego ser desechado.



SIEMPRE HABRÁ OBJETORES

Está el que dice que las noticias impresas se pueden verificar si se cuenta con un ejemplar del diario del día correspondiente. Le decimos que en los diarios digitales también se pueden verificar las noticias, y en tiempo real. “Sí, pero la información digitalizada se puede perder”. Naturalmente: y los diarios se pueden mojar, se pueden quemar, se pueden perder, los pueden incautar…



Está el que plantea que no todas las personas tienen acceso a Internet y que en esos casos el diario cumple la función social de hacer llegar la información a los rincones más remotos. Le preguntamos: ¿Quiénes compran los diarios? Y le contestamos: los que pueden. Pueden comprar diarios y, como le pasa a un señor que tiene un campo a varios kilómetros de la localidad de Charata, también pueden conectarse a Internet de forma inalámbrica. La función social del acceso a la información no se garantiza repartiendo diarios. El “poriajú” que no puede leer un diario digital tampoco puede leer un diario impreso: a veces porque no sabe leer; casi siempre porque debe asignar sus magros recursos a la subsistencia.



Está el que propone que el diario da trabajo a mucha gente (desde hacheros montaraces hasta canillitas) y que la mano de obra desocupada de semejante medida (la ficticia eliminación de los diarios en su versión impresa) derramaría en nuestras calles ejércitos de desocupados. Le decimos que la política es la herramienta para resolver los mecanismos de reconversión productiva y laboral para que, paulatinamente, hacheros y canillitas se integren a un mercado “amigo de los árboles”. Esto va, también, para los proyectos productivos forestales y para las “pasteras”.



Está el que dice que el papel está incorporado a nuestra cultura y a nuestras vidas de formas tan profundas que un mundo sin papel sería como un bote sin remos. Le preguntamos: ¿Y qué opina de un mundo sin árboles? El problema no es sacarle los remos a un bote; el problema sería sacarle el río sobre el que navega. Y no por la navegación misma sino porque el río es también una fuente de agua dulce, un soporte irreemplazable para la vida. Lo mismo pasa con los árboles: usted los tala indiscriminadamente y afecta de múltiples modos al otro elemento esencial para la vida: el aire.



Las objeciones podrían multiplicarse hasta el infinito, y las respuestas también. Incluso para nosotros es desafiante tener que abolir en nuestros imaginarios el valor “romántico” del diario de papel. Vamos, que somos periodistas. Pero el valor de la vida está por encima de esas rémoras. No queremos ver a nuestros nietos deambulando por una suerte de desierto posnuclear buscando refugio entre las ruinas de un mundo sin árboles en el que, dicho sea de paso, tampoco habrá diarios que leer.



De todo esto ya tendremos oportunidad de volver a hablar.