Domingo, 9 Enero, 2011 - 09:31

Las chapucerías del Gobierno y los miedos de Cristina

Mucho más que por la inflación, la inseguridad, los cortes de luz, la falta de billetes o la escasez de nafta, hay algo por lo cual se desviven en los últimos días algunos representantes del ultrakirchnerismo. No es ni más ni menos que por los movimientos del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, de cara al próximo escenario electoral. Parece aterrorizarlos la posibilidad de que el ex motonauta altere su proyecto de ser reelegido en la provincia de Buenos Aires para buscar la presidencia de la Nación. Deberían saber, sin embargo, que esta alternativa no dependerá tanto de Scioli como de la propia presidenta de la Nación y del amperímetro de la opinión pública.

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Dirigentes del kirchnerismo le han hecho llegar diversos mensajes al mandatario bonaerense para que deseche explícita y terminantemente una hipotética postulación presidencial. Los irrita la increíble capacidad de Scioli para sembrar misterio en torno de sus futuros pasos, aun cuando en sus declaraciones públicas no ahorre elogios a la Presidenta y afirme, una y otra vez, que su única preocupación pasa hoy por la gestión provincial.



Olvidan o desconocen esos hombres cuya continuidad en el poder depende de la reelección de la Presidenta que el propio Néstor Kirchner les enseñó a muchos dirigentes -Roberto Lavagna, entre otros- que nunca hay que desmentir una candidatura, aun cuando ésta no tenga mayor factibilidad.



Si de algo ha dado muestras Scioli durante la era kirchnerista es de lealtad y de paciencia. Hay funcionarios cercanos a Cristina Kirchner que, sin embargo, observan con intriga que el mandatario bonaerense se reúna con el especialista norteamericano en marketing político James Carville, hombre clave en la campaña que llevó a Bill Clinton a la presidencia de Estados Unidos en 1992 e inspirador de la célebre frase "Es la economía, estúpido".



"La única forma de que Scioli sea candidato presidencial es que el apoyo a Cristina descienda mucho y que todo el peronismo atropelle en favor de su postulación. No esperen que Daniel sea el que atropelle", se sinceró un dirigente que trabajó codo a codo con el gobernador de Buenos Aires.



En los últimos días se conocieron las primeras encuestas tras los episodios de violencia iniciados en el parque Indoamericano y seguidos por los disturbios en la estación de Constitución en vísperas de Navidad. El sondeo efectuado por Management & Fit entre el 30 de diciembre y el 3 del actual en el orden nacional determinó que, en el transcurso del último mes, la imagen positiva de Cristina Kirchner cayó del 56 al 47 por ciento y que su intención de voto bajó del 38 al 29 por ciento. Otra encuesta, concluida una semana atrás por la consultora OPSM, de Enrique Zuleta Puceiro, que presta servicios al Gobierno, le asigna un apoyo electoral del 36 por ciento.



Se trata, por cierto, de niveles de adhesión elevados con respecto a los que tenían la Presidenta y su esposo exactamente un año atrás. Pero la alarma comenzó a sonar en el peronismo frente a la posibilidad de que la tendencia declinante iniciada en diciembre pasado se consolide.



En un movimiento como el peronismo, que ha convertido al pragmatismo en un marcapasos para su supervivencia, nadie debería poner en discusión la candidatura natural de Cristina Kirchner mientras su intención de voto proyectada ronde el 40 por ciento. Por debajo de ese nivel, cundirá el nerviosismo y los intentos de recurrir a una figura alternativa, como Scioli, serán moneda corriente.



Los adelantados del cristinismo deberían prestarles mucha más atención a las deficiencias de gestión del Gobierno que a los pasos, por el momento nada audaces, de Scioli. Si algunos de ellos creyeron que, gracias al llamado "efecto luto" y al crecimiento de la economía, la Presidenta podría llegar a los comicios de octubre haciendo la plancha, se equivocaron.



El esperado acuerdo con la CGT y el empresariado para morigerar la carrera de precios y salarios, limitando los aumentos de sueldos al 20 por ciento, resulta mucho más difícil de lo pensado. Para evitar su eventual fracaso, desde el Gobierno se admitiría la posibilidad de recurrir a un aumento del mínimo no imponible para que menos asalariados estén alcanzados por el impuesto a las ganancias, a cambio de que Hugo Moyano dé una señal para reducir sus pretensiones de mejoras salariales nominales.



Pero, además del persistente problema de la inflación, se le han sumado al gobierno nacional dificultades que evidencian un fuerte déficit de gestión cuando no una llamativa improvisación.



En la falta de billetes se combinó un diagnóstico equivocado y un management deficiente con preconceptos ideológicos. Resulta inexplicable que, después de la devaluación de la moneda desde 2002 y del impacto inflacionario de los últimos años, sigamos teniendo como billete de mayor valor uno equivalente a 25 dólares, en lugar de imprimir billetes de 200 o de 500 pesos. ¿Habrán pensado que de esta manera podía disimularse la inflación?



La escasez de monedas provocó que, ante la imposibilidad de darles el vuelto a los pasajeros, en la línea de trenes Sarmiento se decidiera que se viajaría gratis.



El cinematográfico robo de cajas de seguridad en una sucursal porteña del Banco Provincia tuvo ribetes grotescos e inconcebibles, como que los delincuentes pudieran actuar con las alarmas sonando y con efectivos de la Policía Federal acudiendo al lugar sin poder hacer nada. Finalmente, el traslado de 6000 gendarmes a zonas del conurbano bonaerense dejó sin protección trenes y estaciones ferroviarias.



No suena descabellado el trascendido de que la Presidenta haya sugerido que por momentos se siente "rodeada de inútiles". Más que Scioli, el verdadero problema de Cristina Kirchner es que sus operadores sigan dando rienda suelta a su repertorio de chapucerías, mientras ella transmite desorientación.



No es éste un atributo exclusivo del oficialismo. También la oposición quedó algo descolocada ante la irrupción de Ernesto Sanz como precandidato presidencial por el radicalismo y su acuerdo con Ricardo Alfonsín para adelantar la interna partidaria.



Hay que empezar por Julio Cobos, que fue presa de sus propias dudas y dilaciones, y ahora quedaría condenado a confiar en la imprevisible realización de las internas abiertas programadas para el 14 de agosto .



Y hay que seguir por Mauricio Macri, quien entre sus íntimos allegados acostumbraba deshacerse en elogios a Sanz, de quien habría llegado a decir: "Parece un infiltrado de Pro en el radicalismo". Los asesores del jefe de gobierno porteño reconocen que quisieran "matarlo" cuando comete esa clase de "sincericidios". Es que el macrismo se sentía muy cómodo recolectando adhesiones en todo el arco del centro a la derecha en un escenario electoral con Cristina Kirchner, Fernando Solanas, Elisa Carrió y Ricardo Alfonsín. Con la hipotética aparición de Sanz, un dirigente moderado con excelentes relaciones con el empresariado y con un discurso que incluye la palabra "represión" -tan mal vista por el kirchnerismo y por otros sectores supuestamente progresistas, pese a que figura más de 200 veces en el Código Penal-, Macri y también Eduardo Duhalde pasarían a tener un competidor directo.



El primer desafío de Sanz será superar su elevado nivel de desconocimiento, que hasta hace poco provocaba que todas las mañanas saliera a trotar por las calles del elegante barrio de la Recoleta y no lo reconociera nadie. Su segunda apuesta será despertar al 15 por ciento de un padrón de afiliados radicales dormido, en una carrera en la que Alfonsín ya le ha ganado bastante tiempo.
Fuente: 
La Nación