Jueves, 31 Diciembre, 2020 - 09:33

2021: que sea la luz al final del túnel
Por Vidal Mario

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En tiempos ya remotos, en el mundo latino el Año Nuevo era celebrado en marzo.
 
En el año 152 a.C, el Senado romano decretó que el inicio de cada año fuese el 1 de enero.
 
¿Por qué esa fecha?. Los motivos fueron dos, uno civil y otro de carácter religioso.
 
El motivo civil obedecía a que ese día asumían sus cargos quienes habían sido recientemente elegidos cónsules.
 
El motivo religioso consistía en que enero estaba dedicado al dios romano Jano.
 
Éste era un dios de dos caras: una miraba hacia atrás, hacia el pasado, y la otra miraba hacia adelante, hacia el futuro.
 
Simbolizaba las puertas que se abren y se cierran, el pasado y el futuro, los comienzos y los finales, las transiciones de un estado a otro.
 
Los cristianos no querían celebrar el Año Nuevo el 1 de enero. Para ellos era un día pagano.
 
Así fue hasta el 313 d.C, cuando el emperador Constantino erigió al cristianismo como religión oficial del Imperio con el nombre de Iglesia
Católica Apostólica Romana.
 
Entonces aceptaron que la festividad del Año Nuevo se realice cada 1 de enero.
 
Eso sí: la disfrazaron con el nombre de “Fiesta de la Circuncisión de Cristo”.
 
Con el tiempo, ésta “fiesta” recordatoria de la circuncisión de Jesús desapareció. Es que no tenía nada que hacer en la liturgia cristiana un rito que era claramente judío. 
 
Historias aparte, con renovadas expectativas y el deseo de olvidar lo más pronto posible éste año que ha sido definitivamente horrible, ahora le daremos la bienvenida al 2021.
 
Levantemos la copa y brindemos, con la esperanza puesta de que éste nuevo año sea la luz al final del oscuro túnel.