Martes, 16 Abril, 2013 - 12:54

Si comprás carne podrida, prepará la cacerola

Se escucha decir cada treinta segundos en todos los medios de Clarín que el informe de Lanata fue demoledor para el Kirchnerismo.
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La construcción tiene un nombre de película: La
Ruta del Dinero K, con el que se busca potenciar la atención de los que preparan
cacerolas para el 18A. La Nación se suma con un informe sobre
corrupción en el senado. Hasta la foto que publica, sobre un supuesto
secretario, es falsa. Han perdido totalmente el tino, la vergüenza y
la dignidad.
Entregados sin tapujos a terminar con un
gobierno que aborrecen por nacional, popular, y en consecuencia al servicio del
pueblo.

Lanata presenta su novelón justamente la noche
en que se esperaba un demoledor triunfo de Maduro en Venezuela, que no fue
tanto. La idea era opacar la derrota escandalosa de la
corpo caribeña, mano mediática del imperio, y sus repercusiones en argentina,
con un cortometraje barato en el que participaran un par de esos personajes de
tugurio que produce el submundo financiero faranulero de la city porteña.
Impresentable todo. Desde el montaje de cámaras supuestamente
ocultas más evidentes que las del estudio, hasta los diálogos guionados con
preguntas de manual y respuestas de libreto televisivo. Supuestas pruebas que lo único que prueban es
la degradación de un personaje que presenta a un par de confesos lavadores de
dinero sucio, estafadores, evasores y tramposos que sin pudor se muestran ante
cámaras como si fuesen víctimas de malignas conspiraciones contra el más digno
de los trabajos.
Y los presenta como testigos creíbles y veraces
de hechos de corrupción con relatos tan delirantes como que el dinero se pesa en
lugar de contarse; que viaja de Santa Cruz al mundo como si la Unión Europea en
crisis hubiera trasladado su centro de impresión de euros al sur
argentino. La subestimación de la inteligencia del
televidente en todo su esplendor.
Lanata, aquel creador Crítica y Data54 que, y
hablando de plata, decencia e inmoralidad,se fue sin pagar un peso de
indemnización a nadie, y sus patrones, saben muy bien que disponiendo de
semejante estructura de medios, la verdad pasa a la trastienda.
La verdad para un mercenario, para un estafador
de la confianza y la fe pública es lo que es capaz de construir y lograr que sus
destinatarios lo tomen como tal. Y el desafío de quienes están al servicio de la
desinformación es construir eso.
Estos días ese es el objetivo, hacer que su
carne podrida se venda, para que se batan cacerolas. Esas que suenan al servicio
de las minorías cuando desaparecen dólares, esas que se silenciaron cuando
desaparecía la gente.

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