Lunes, 15 Abril, 2013 - 19:36

Por Hugo Grimaldi
Lanata y dos dudas: ¿Cómo llegaron los euros a Santa Cruz y por qué Fariña?

Se trata de saber ahora cómo se inició la ruta del dinero.
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Hay dos cuestiones que el trabajo de investigación del programa Periodismo para Todos (PPT), inédito en materia de cuidado periodístico televisivo, ha dejado de lado, al menos hasta la próxima semana. Ambas aluden a situaciones que son más que interesantes para cerrar el cuadro al que se deberá abocar la Justicia.
Se trata de saber ahora cómo se inició la ruta del dinero, es decir cómo fue el trasfondo comercial que, tras los pagos que alguien hizo en pesos por un negocio en esa provincia, permitió que los euros físicos viajaran, no se sabe desde dónde, primero hacia Río Gallegos, para que después Leonardo Fariña los transportara a Buenos Aires. Y de paso, saber también por qué un joven de 22/23 años al comienzo de toda la operatoria, un inexperto ambicioso, inmaduro o tal vez pícaro, ya se verá, fue elegido por sus mandantes como valijero oficial.
Sobre el primer ítem hay que marcar que es más que difícil que en una plaza tan pequeña como la capital santacruceña haya habido una reserva de euros de tanta magnitud como para iniciar desde allí el periplo hacia el extranjero, la supuesta maniobra que habría comandado Fariña por orden de su "jefe", que él identificó como Lázaro Báez, de quien dijo era "operador" de Néstor Kirchner.
La primera duda surge entonces sobre por qué efectuar un doble viaje (Buenos Aires-Río Gallegos-Buenos Aires) y no mandar hacia la Capital los pesos surgidos de los pagos hechos al empresario para hacer luego en la City la compra de los euros físicos para sacarlos del país. Pero, además, ¿quién los llevaba, el mismo Fariña o existía otra vía alternativa? Luego, cuando el dinero europeo que transportaba el valijero llegaba de vuelta al aeropuerto de San Fernando, el dueño de SGI, el financista Federico Elaskar lo sacaba del país rumbo a Montevideo primero y probablemente vía cable hacia los paraísos fiscales y en algunos casos hacia Suiza.
El caso de la exposición de Fariña es otro aspecto a analizar, ya que el joven se mostró como un empedernido gastador de una fortuna que nunca nadie (sobre todo los organismos que deben controlar estas situaciones) le preguntó de dónde obtuvo. Hasta dejó entrever que su acercamiento a la modelo Karina Jelinek, los regalos y los viajes fastuosos y su casamiento faraónico en Punta del Este le vino muy bien para hacerse conocido y frenar cualquier intento de sacarlo del medio.
Sin embargo, su ostensible derroche en autos, aviones y glamour, ya sea porque gastaba más de lo convenido en cuanto a su retribución y no reponía los fondos o porque rompía con las reglas del disimulo, lo dejaron afuera del negocio.
Sobre la edad, salvo las especulaciones sobre que pudo haber sido recomendado por el ex presidente en persona, hay quienes dicen que su perfil era el indicado, porque si le tocaba caer preso, con unos pocos años de cárcel podía tener desde los treinta y pico una vida sin sobresaltos.
Ahora, hay toda una movida para banalizar la situación a través de los programas de chimentos, habida cuenta de la repercusión pública de Jelinek y también de Ileana Calabró, esposa de otro de los mencionados, el hombre que tenía los contactos en Panamá, Fabián Rossi, conocido también gracias al show de Marcelo Tinelli.
La idea del Gobierno probablemente sea ahora la de diluir todo el escándalo esperando a que se mimetice dentro del rubro "del espectáculo". Como ocurre con la comprensión de la situación de la Justicia, que debe ser para todos, los ciudadanos no son tampoco ningunos negados para comprender que en esta historia de personajes tan particulares y mediáticos hay en juego fondos públicos y que por eso les atañe.
Tal como reflexionó Jorge Lanata al final de su programa, si se desvían hacia otro lado es porque han dejado de ser usados en beneficio de la comunidad, para prevenir choque de trenes o inundaciones, por triste ejemplo.