Sábado, 30 Marzo, 2013 - 16:49

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Los sindicatos se han lanzado a una carrera para conseguir el mejor porcentaje posible de aumento salarial.
A tono con el demoledor principio de que ya nadie cree en las estadísticas oficiales sobre inflación, ni el propio Gobierno que las elabora, los sindicatos se han lanzado a una carrera para conseguir el mejor porcentaje posible de aumento salarial en las paritarias.
Hace rato que las organizaciones de cualquier color coinciden en ignorar las presiones gubernamentales para limitar los guarismos de incremento en las negociaciones con el sector patronal, animadas por el hecho de que ni las propias autoridades pueden apelar a algún tipo de castigo, como no homologar los acuerdos.

Es que el propio oficialismo debería sancionarse a sí mismo, no sólo por tratar de alterar el espíritu de las paritarias libres -o sea, sin condicionamiento de ningún tipo- sino también por violar el propio techo del 20 por ciento que quería imponer inicialmente y que implica, obviamente, desconocer y casi duplicar en ese sentido el índice de inflación que el mismo Gobierno dibuja mes a mes desde hace varios años.

De hecho, en la particular paritaria docente nacional, que sólo sirve como referencia y condicionante para las provincias, el Ministerio de Educación que conduce Alberto Sileoni impuso un 22 por ciento, lo que provocó pataleo en el multicolor sector sindical de los docentes, donde el kirchnerismo o el filokirchnerismo hacen pata ancha.
Pero el ruido fue menor al que se está registrando en la provincia de Buenos Aires, donde se desató un plan de paros que va camino al récord y apuntan al gobernador Daniel Scioli como si fuera un demonio, sin contemplarse la reiterada explicación del mandatario acerca de que desde la Nación le están retaceando una ponchada de plata para afrontar los sueldos de los maestros y otros compromisos.
Más allá de la justicia del reclamo de un salario digno para el sector al que realmente no se llega ni con el 22 y ni siquiera con el 50 por ciento de aumento, hay convicción de que el tema político -ergo, la presión del kirchnerismo/cristinismo sobre Scioli- ya se posó en esta discusión y va a ser muy difícil separar de esta (y de cualquiera) cuestión aunque se llegue a un acuerdo.
Ante el conflicto docente, los sindicatos de las otras múltiples actividades temen verse en algún momento en ese espejo y por eso están apuntando alto para, en cualquier caso, tener margen para bajar las expectativas, pero a la vez evitar una presión mayor de sus propias bases, que ya están haciendo sentir sus reclamos a su dirigencia.
La UOM, gremio que históricamente fue tomado como caso testigo, se despachó en las últimas jornadas con un pedido de 35 por ciento de aumento de punta a punta anual.La demanda adquiere mayor dimensión por el hecho de que la organización está adscripta al oficialismo y su jefe, Antonio Caló, también está en el sillón mayor de la CGT oficialista.
Además, muchos dirigentes surgidos de ella tienen importante protagonismo político en las filas de la Casa Rosada, como el intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, y el diputado nacional Carlos Gdansky, referente histórico de la UOM Matanza.
Desde el sindicato se pretende relativizar tal porcentaje, en un intento por no generar escozor en el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, pero cualquier galimatías que se intente no puede ocultar el resultado final, que es el que trascendió.
Hay sindicatos, como Luz y Fuerza, que ya han establecido una mejora importante (en su caso de alrededor de 30 por ciento, aunque por 18 meses), mientras otros andan por andariveles similares y tratando de imponer la condición de una reapertura de las paritarias en caso de un desmadre inflacionario.
Pero no todo es inflación, pues se sabe el efecto letal del Impuesto a las Ganancias sobre los sueldos. El tributo de matriz exclusivamente recaudatoria no discrimina y se ensaña con todas las actividades, aún las más modestas.
Por ello los dirigentes también intentan que en la mesa de discusiones sea contemplada la cobertura de tal efecto devastador. Ni el escuálido y engañoso 20 por ciento de incremento en el mínimo no imponible de Ganancias anunciado por el Gobierno alcanza al menos para morigerar esa situación.
Otro punto contemplado por los dirigentes está directamente ligado con las elecciones legislativas fundamentales de fin de año. Hay gremialistas, como Hugo Moyano, que están lanzados a ganar espacios políticos, básicamente en las listas de candidatos, y a ir posicionándose para las presidenciales de 2015.
En ese marco, saben que un resultado adverso para el Gobierno en los comicios de medio tiempo -y si es contundente más aún- prácticamente significaría el fin del ciclo iniciado con Néstor Kirchner en 2003, pero son conscientes también de que aún quedan dos años de la actual administración nacional.
Así, pretenden haber conseguido aunque sea un sencillo paraguas para afrontar cualquier eventual contratiempo económico que pudiera surgir o directamente la instalación de un espíritu de "sálvese quien pueda" y con ello la aparición de argumentos dilatorios o repentinas situaciones de estrechez ante la hipotética perspectiva de una etapa próxima a concluir.
Es verdad que un aguacero fuerte en ese sentido convierte en jirones cualquier tela, pero, entienden, algo es algo. Y ese algo es más que tener un simple papel de diario para taparse la cabeza. Entonces ello los motiva también a conseguir lo más que se pueda.Los gremios tienen además mecanismos para encubrir mejoras que no inflen el guarismo final, como por ejemplo, en no pocos casos, la multiplicidad de ítems que conforman el haber que cobra el empleado a fin de mes. En esos adicionales muchas veces reposa una parte importante del ingreso.
En el medio de las discusiones, varias de las cuales se están desarrollando sin demasiado ruido, se ratificó la alianza de la CGT de Moyano con la CTA de Pablo Micheli, quienes preparan una nueva protesta a realizarse posiblemente dentro del próximo mes y medio.
Las reivindicaciones son las de siempre, pero en ese campamento sindical erigido bajo el lema de la "unidad en la acción" confían en que algunos más podrían arrimarse.Y considerarían un triunfo que lo hagan especialmente los trabajadores de las actividades cuyas conducciones responden a Balcarce 50, ya que entre los objetivos del moyanismo/michelismo figura justamente el plantar la bandera del malestar en las bases, para generar rebeliones internas que las cúpulas no podrían desoír y así obligarlas a cambiar de vereda.
Con ese criterio, Moyano viene desplegando una tarea que busca frutos para su gremio en particular, ya que Camioneros sigue tratando de sacarle afiliados a Comercio, el gremio de su archirrival Armando Cavalieri, y en este caso con acciones de fuerza sobre supermercados de la provincia de Córdoba. Hay un elemento concreto y convincente enarbolado por Moyano, que es la promesa de una mejor remuneración si los trabajadores de logística se enrolan en su organización.
El principio de dividir para reinar está en los manuales de los gobiernos, más allá de que algunos lo lleven a la práctica y otros no. Pero los gremialistas con experiencia, en este caso Moyano y Micheli, también lo conocen sobradamente -incluso lo han sufrido- y buscan aplicarlo. Saben que los momentos difíciles para los bolsillos son propicios para ello y que no hay nada peor para un dirigente sindical que se dinamiten los puentes que los unen con sus bases.
Fuente: 
Agencia DyN