Sábado, 23 Marzo, 2013 - 18:44

Hugo Grimaldi (*)
Más diálogo y menos odio: hay un viraje en el relato de Cristina

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Pero de la inflación y del dólar aún no se habla.
A tono con la onda de armonía vaticana y por ahora desde las palabras, la Presidenta ha retornado abruptamente a las fuentes e ideológicamente volvió a mirar de cerca la raíz social-cristiana del movimiento peronista, para comenzar a estructurar un relato político totalmente opuesto a la matriz divisionista que venía ejecutando su gobierno.
Por decirlo de otra forma, en este primer round de los nuevos tiempos, papa Francisco mediante, el peso histórico del Juan Perón de sus últimos días le ha pegado una fuerte trompada en el mentón al advenedizo Ernesto Laclau, de quien se viene nutriendo el kirchnerismo para darle justificativo teórico de sus propias acciones.
No hay que creerle nada al Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, cuando dice que "nosotros siempre pensamos así... no hubo cambio de posición con respecto al Papa... es cosa de los medios que dijeron que estábamos enojados y después, como no lo estamos, dicen que cambiamos". El Gobierno estaba enojado y cómo.
Y así lo manifestó de entrada el kirchnerismo de paladar más negro, con una rechifla al "opositor" Jorge Bergoglio, insultos, declaraciones sibilinas, ninguneadas legislativas, denuncias destempladas o canalladas varias, creyendo que de esa manera se complacía a "la señora" quien, demudada, aquella tarde de la sorpresa, apenas dijo unas palabras de circunstancias sobre "el papa latinoamericano". Después llegó el viraje.
Tampoco habrá que creerle ahora a ningún kirchnerista si sale a decir que no es verdad que ha habido un cambio ideológico en el Gobierno, aun si sustenta su argumento en aquel chascarrillo del General, quien definió que "peronistas son todos", en relación a que el carácter policlasista y solidario del Movimiento es abarcativo y dinámico, que la política es tensar y distender y que eso se llama adaptación a la realidad.
Aquel cinismo de la "apropiación" por conveniencia de la figura del Papa para que no se adueñe de él la oposición, más allá de lo desafortunado de la analogía, cuesta ponerlo en alguna categoría de análisis. El papel de los opositores, por ahora está demasiado difuso como para saber si la situación los ayuda y el hecho de que el Papa haya dicho que no vendrá antes de las elecciones los deja un poco más a la intemperie, sobre todo si no pueden articular un discurso que atempere el giro cristinista.
Probablemente, ahora los lenguaraces gubernamentales pretendan instalar que la concepción política de Cristina Fernández y su ejecución práctica siempre fue tal y no que se la ha empezado a delinear en los últimos días, después del viaje a Roma. Si se dice esto, también será mentira.
Fue esta semana que pasó y no antes, que ella habló de "dejar de lado lo malo, lo feo y el odio". También dijo que la "clave" está en que "no peleemos, que nos entendamos, porque hay algunos que quieren que nos peleemos; no les voy a dar el gusto, no nos vamos a pelear, nos vamos a entender los argentinos de una buena vez por todas", advirtió.
Y seguramente encarismada por Francisco añadió: "Dios nos hizo a su imagen y semejanza, pero a todos diferentes, para que tengamos la opción de elegir qué queremos ser. Esto es la condición humana, la diversidad, la pluralidad y la aceptación de esa diversidad y esa pluralidad". Impresionante confesión de humildad a la hora de la "aceptación" para alguien acostumbrado a imponer su punto de vista y a negar lo que ahora exhuma: consenso y diálogo.
Hasta ahora, el diálogo fue sólo con los que piensan igual, mientras que por consenso el kirchnerismo entiende de modo sui generis que es producto de las mayorías conseguidas en una elección y no de la síntesis que surge del cotejo de posiciones. Por eso, la Presidenta también sorprendió cuando dijo: "Yo creo que en estos días, en los próximos, vamos a discutir, vamos a hablar, vamos a debatir, vamos a acordar...".
Las nuevas señales post-Francisco que está emitiendo Cristina son muy recientes. Nunca antes habló así y haberlo hecho ahora aporta una mirada diferente sobre el rumbo, ya que la mayor humildad ennoblece a la figura presidencial, en contraste con la "estrechez mental" del kirchnerismo que acaban de denunciar los familiares de los muertos en la tragedia de Once.
Después, habrá tiempo para considerar si la maniobra es sincera o fruto del encandilamiento con el Papa o si se hace porque lo ordenan las encuestas que han indicado que el predicamento de Francisco atraviesa todas las clases sociales, pero es aun más pleno entre los humildes, la base electoral de CFK. Sólo Hebe de Bonafini miraba su micromundo y no conocía el "trabajo pastoral" de Bergoglio en las villas.
En este aspecto, también habrá que prestarle atención a los reacomodamientos de la tropa interna y periférica dentro del propio Gobierno, sobre todo cuánto de peso específico pueden dejar de tener los ideólogos de la última década si Cristina decide avanzar a fondo en la nueva línea y cómo se van a reacomodar los sectores internos tradicionalmente más peronistas.
Que la onda de paz y amor es totalmente nueva, lo certifica que en estos años de kirchnerismo, ni Néstor ni Cristina dejaron sector por cruzar. Su paranoia para que ninguna otra corporación melle su poder y para acrecentarlo hasta tornarlo excluyente, no dejó pelea sin acometer y así cayeron bajo sus dardos, la oposición legislativa, los peronistas disidentes, Daniel Scioli por tener ambiciones "personales", Mauricio Macri por ser "de derecha", la prensa, el campo, los sindicatos, los empresarios, las provincias, la Justicia, etcétera, etcétera, etcétera.
Si de leyes religiosas se habla, como nunca es tarde para el arrepentimiento y el propósito de enmienda que pregona la fe católica, aún puede haber cierta esperanza, en temas más terrenales, que la Presidenta evalúe si es verdad que el modelo económico y social es tan "maravilloso" como ella dice. O al menos, si no tiene más remedio que sostener lo de la "década ganada", sería interesante que, en su interior, ella se cuestionara lo que falta y si los problemas que hoy tiene la economía no son derivados de ese bloqueo mental que parece que quiere dejar atrás.
Como una revisión de ese tipo no vendría mal y como tampoco nunca antes la Presidenta habló de la inflación y del dólar "blue", bien podría empezar por reconocer el problema, al menos diciendo públicamente que le preocupa la disparada de precios y la brecha cambiaria. Le haría muy bien a la sociedad, a quien le irrita no sólo la falta de diálogo, sino la subestimación y la mentira.
Sin embargo, como a su alrededor Cristina no tiene los médicos adecuados para atender al enfermo y mucho menos un equipo homogéneo, ya que Mercedes Marcó del Pont, Axel Kicillof y Guillermo Moreno son hijos de tres concepciones distintas de la economía que se rozan pero que no se complementan, ése es otro de sus problemas, también fruto de la cerrazón ideológica pre-Francisco.
Dicen economistas, aun aquellos que tienen posiciones que el Gobierno podría considerar razonables y lejanas de la ortodoxia, que el aumento de la emisión ha sido fundamental como alimento de la inflación y para la disparada del dólar, sobre todo la del mes de febrero, ya que diciembre y enero suelen compensarse estacionalmente.
Esa fue la nafta y la decisión de la AFIP de elevar a 20 por ciento el plus sobre el precio del dólar para liquidar compras en el exterior, pero también paquetes turísticos y pasajes al exterior, el viento que necesitaba el fuego para propagarse. El resultado puso al dólar marginal al borde de los 9 pesos.
Luego, está la incidencia que la brecha cambiaria (65 por ciento) tiene sobre la economía real, por aquello de las expectativas, hoy propensas a que los agentes económicos y las familias levanten el pie de cualquier acelerador. Esa prevención frena inversiones y resiente, en el mejor de los casos, la generación de empleo.
Sin embargo, desde el Gobierno se bajó la línea equivocada, la de decir que el del dólar es un mercado "chico" y de especuladores y que "no pasa nada". Pero, ocurre que es un mercado que básicamente va en un solo sentido porque no tiene oferta, ya que nadie que tiene dólares se anima a venderlos para comprar pesos.
Los economistas difieren sobre si hay avidez por dólares y euros o si en realidad lo que se plantea es una huída del peso. Ricardo Delgado dice que aún falta para este momento crucial, pero que "no debería asombrar, si el fenómeno persiste, que los depósitos en pesos desaceleren su crecimiento". En cambio, Aldo Abram cree que la huída de la moneda nacional ya se está verificando y que va in crescendo.
Una medida no muy utilizada sirve para graficar mejor lo que está pasando con un dólar a $ 8,50 y para entender de qué se habla cuando se menciona la palabra devaluación. Ese nivel del "blue" significa disponer hoy de casi 0,12 centavos de dólar para obtener un peso. La comparación del deterioro puede hacerse con el dólar comercial del BCRA: a $ 5,10 hay que tener un poco menos de U$S 0,20 para lo mismo. Detrás de esta preferencia por la moneda extranjera, que es cosa de todos los que tienen un peso en el bolsillo y no únicamente cuestión "de grupos concentrados que buscan un golpe de mercado", como ha comenzado a decir el Gobierno repitiendo la letanía de quienes lo antecedieron en otros momentos aciagos de la Argentina, están los rendimientos de los plazos fijos que pierden por KO contra la inflación.
La misma comparación que se hizo para medir la capacidad adquisitiva del peso frente al dólar, al fin y al cabo una mercadería, es la que hacen los consumidores con el valor del peso a la hora de ir al supermercado. Ya es vox populi que un billete de 100 pesos cada día se compran menos cosas, pero hace un tiempo con esa cifra se llenaba un changuito. Hoy, alcanza apenas para cubrir una porción del carro, que cada vez es menor.
Por otro lado, una brecha de este calibre hace que quienes tienen que vender al exterior se retraigan y que las compras se aceleren, con lo cual se distorsiona la balanza comercial, mientras se promueve la fuga de capitales a partir de las operaciones ilegales de subfacturación de exportaciones o de sobrefacturación de importaciones.
Ahora, que ha sido atraída por lo celestial, la Presidenta tiene la posibilidad de ponerle una pizca de sentido común a estas cuestiones del día a día y a virar también en materia económica, aunque ya se habla de reflotar los viejos pactos sociales que sirven para un rato, tanto como los congelamientos de precios. Es imposible creer que Cristina quiera trascender con estas chapucerías.
Cuando se dio cuenta que Dios es más poderoso, ella comenzó a mover sus piezas para cooptar a su representante en la Tierra. Ahora, alguien debería anoticiarla que el mercado no es un dios, pero que contra él tampoco se puede.