Sábado, 16 Marzo, 2013 - 19:57

Haz lo que yo digo... y lo que yo hago

La Iglesia católica y el sindicalismo peronista mantienen desde hace décadas una estrecha relación.

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Más allá de los matices y diversidades que existen en ambos, y trascendiendo aun los episodios traumáticos que jalonaron la historia del Justicialismo y de la institución que ahora lidera mundialmente el argentino papa Francisco.
Los dos momentos altamente críticos en que hubo enfrentamientos entre sectores de la Iglesia y el peronismo fueron, justamente, cuando los gobiernos justicialistas fueron derrocados. Primero en 1955, cuando un golpe cívico-militar volteó al propio Juan Domingo Perón, y luego, en 1976, cuando de la misma forma fue echada del poder la viuda y sucesora de Perón, María Estela Martínez.
Pero a la vez siempre hubo desde obispos hasta sacerdotes del llano que estuvieron vinculados ideológicamente y en la acción con el peronismo y su rama sindical, e incluso hubo muchos de ellos que fueron víctimas de las dictaduras. Uno de los símbolos de esa martirización a manos del terrorismo de Estado fue y es el padre Carlos Mugica.
Hay otros numerosos ejemplos, pero por mencionar sólo algunos entre los más representativos y contemporáneos están los obispos Rodolfo Bufano y Rubén Frassia y de monseñor Osvaldo Musto.
Monseñor Bufano, ya fallecido, tuvo un impar desempeño al frente del obispado de San Justo, una diócesis con una inmensa cobertura en una vasta zona de trabajadores, en el Gran Buenos Aires. Su estrecha relación con el sindicalismo lo llevó a organizar el encuentro del gremialismo con Juan Pablo II en el Mercado Central, durante la visita del Pontífice al país en 1987.
En cuanto a monseñor Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, celebró una importante cantidad de misas en San Cayetano cada 7 de agosto, ante millares de fieles que acuden anualmente a venerar al Patrono del Pan y el Trabajo.
Y Musto -peronista hasta la médula- fue durante añares y hasta el día de su muerte el párroco de Balvanera, el barrio porteño también representativo de sectores populares. Había momentos en que Musto, un cura campechano, afable y extrovertido que supo militar en las filas de los sacerdotes tercermundistas, parecía un miembro más del consejo directivo de la CGT.
Entre los sindicalistas, al menos en las últimas tres décadas, quien cultivó quizás la más una intensa relación con la Iglesia, también hasta su partida, fue Saúl Ubaldini, el dirigente cervecero al que le tocó conducir la CGT poco después de renacida la democracia en los 80.
Justamente, Ubaldini estuvo siempre codo a codo con Bufano, Frassia y Musto. Otros gremialistas también alimentaron los vínculos con figuras representativas de la Curia, entre los que, por supuesto, se inscribe Jorge Bergoglio, el hoy Papa.
En los últimos tiempos quienes tuvieron un especial contacto de privilegio fueron los dirigentes de la CGT oficialista, de la mano del taxista Jorge Omar Viviani, relacionado con el cardenal Leonardo Sandri, otro de los prelados argentinos que está en el Vaticano y a quien apostaban como papable.
Ese vínculo le permitió a un grupo de dirigentes de la central aliada a la Casa Rosada visitar al anterior Papa, Benedicto XVI. Pero la llegada de Bergoglio al sitial de Pedro le generó "ruido" al sindicalismo "K", aunque la línea con Sandri siga abierta. De todas maneras, Caló y Viviani fueron elegidos para integrar la comitiva oficial para la asunción del nuevo Pontífice, en sintonía con las preferencias de Balcarce 50 y de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
No obstante, algunos parecen tener los reflejos políticos intactos. Tal el caso de Hugo Moyano, quien ante el llamamiento del Papa a mostrar actos de humildad y austeridad, reaccionó anunciando que va a repartir alimentos en sectores pobres por valores equivalentes a los de los pasajes que hubieran tenido que pagar para viajar a Roma.
Pero no sólo el gremialismo peronista es interlocutor permanente de la Iglesia, ya que otros sectores también pueden dar muestras de su relación, incluso desde sus albores.Por ejemplo, Víctor De Gennaro, el histórico líder de los estatales de ATE, cofundador de la CTA y diputado nacional del FAP, inclinado al socialcristianismo. Otro dirigente que surgió de ese gremio, Carlos Custer, condujo durante largos años la Central Mundial de Trabajadores (CMT), de la misma tendencia.
A partir de la asunción del papa Francisco y de la indudable influencia que ese hecho ejercerá en la Iglesia vernácula, no hay dudas de que los sacerdotes católicos y los gremialistas de cuño peronista o filojusticialistas seguirán compartiendo el camino.
En ese marco, y sobre todo al estar del mensaje del Santo Padre, no es incorrecto pensar que ese tránsito común se afianzará y prolongará, más aún si los sectores marginados y postergados y los trabajadores siguen pagando generosas cuotas de los costos generados por problemas socio-económicos endémicos y cíclicas crisis. Pero para ello parece que ahora será condición más necesaria que nunca aplicar un principio fundamental que es sello distintivo del papa Francisco: "Haz lo que yo digo... y lo que yo hago".
Fuente: 
Agencia DyN