Miércoles, 13 Marzo, 2013 - 12:52

Gladys Ponce, la guardia pretoriana de la Fiscalía 10

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Que los juzgados y fiscalías están abarrotados de expedientes no es una novedad. Lo sabemos porque somos los primeros en dar difusión a ese tipo de injusticias. De la misma manera que nosotros estamos abarrotados de noticias. Pero ¿qué pasaría si en lugar de informar a la población con respeto y seriedad, lo hiciéramos de acuerdo a nuestros estados de ánimo?

El caso de marras (una consulta a la Fiscalía de Investigación Nº 10 de la primera circunscripción, por un hecho policial) dejó absorta a una de nuestras periodistas, que llamó al número del ministerio público que figura en la página oficial de Poder Judicial del Chaco y se llevó como respuesta un seco ninguneo.
Suponemos que si los teléfonos de la Fiscalía, tanto el de la titular, Liliana Irala, como el de la Secretaria, Gladis Esther Ponce, figuran en la web, es porque están ahí para comunicarse con ellos.
Ponce cortó en seco a nuestra redactora sin dejarla terminar la pregunta. "Disculpame pero no tengo por qué darte esa información; no la tengo ni te la puedo dar porque estamos con mucho trabajo. En todo caso comunicate con prensa", disparó como para llevarse el récord Guinness de antipatía. Roja como un tomate, nuestra periodista le agradeció amablemente la atención (son gages del oficio), a lo que Ponce respondió irónicamente, con súbito tono de dulzura: "De naaaaada", y luego cortó la comunicación.
Sería bueno que el Poder Judicial incluyera entre sus proyectos para 2013 algún que otro curso de capacitación en "Atención Respetuosa al Público", no ya para sus trabajadores, que son siempre amables, sino para jefes y autoridades varias, como para que más luego prediquen con el ejemplo.
Porque si jueces y fiscales son la última frontera moral de la Patria, algunos perdieron de vista los valores cardinales, y en especial la templanza, que predicaban los antiguos.