Sábado, 23 Febrero, 2013 - 17:12

Tragedia de Once y la obligación de asumir responsabilidades

Dolor, desconsuelo, corrupción, especulaciones políticas, impunidad, muerte, Justicia.

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Dolor, negligencia, desconsuelo, corrupción, bronca, irresponsabilidad, impotencia, desinterés, especulaciones políticas, impunidad, muerte, Justicia.
Palabras que adquieren un significado especial a un año de la peor tragedia ferroviaria que sufrió la República Argentina desde el retorno de la democracia.
En este aniversario, la presidenta Cristina Fernández quedó en el centro de las críticas y los resultados de su gestión, que se caracterizó por eludir responsabilidades, fueron seriamente cuestionados.
En la Plaza de Mayo, los familiares de las víctimas pusieron en el centro de la escena las contradicciones más evidentes de un gobierno con un estilo confrontativo, agresivo, que busca dividir sin importar los motivos.
Ante esto, la primera reacción fue el silencio. Luego un tenue intento de las usinas y repetidores oficiales de mitigar el mensaje de los familiares y dirigirlo sólo hacia la Justicia, escondiendo las fuertes acusaciones lanzadas con nombre y apellido.
Pero a diferencia de otros episodios ocurridos desde el 2003, en esta ocasión a la Casa Rosada le será difícil deslindar la responsabilidad.
La Justicia acaba de elevar a juicio oral y público la causa de la tragedia en la que murieron 52 personas y en ella están imputados, entre otros, cinco ex funcionarios de su gestión.
Es difícil creer, no sólo para los familiares de las víctimas, que los delitos que pudieron cometer en el ejercicio de sus funciones tanto Ricardo Jaime como Juan Pablo Schiavi, Antonio Luna, Pedro Ochoa Romero o Eduardo Sícaro (Procesados por administración fraudulenta y estrago culposo) fueran ignorados por sus jefes, en lo más alto del poder.
Al igual que en otras crisis, la Presidenta instrumentó un cambio de organigrama en su gestión para salir adelante. En este caso transfirió todas las áreas del Transporte al Ministerio del Interior e instruyó a su titular, Florencio Randazzo, para que "cambie el paradigma" de la política ferroviaria en el país.
Esta medida no oculta, sin embargo, los descalabros realizados en los más de ocho años anteriores. Y el papel de Randazzo, quien se ufana de ser un buen gestionador, choca con la realidad: Hoy se viaja igual o peor que antes de la tragedia y los concesionarios siguen recibiendo multimillonarios fondos.
"Hay demoras y va a seguir habiendo demoras. El Mitre y el Sarmiento son un desastre", reconoció, insólitamente el responsable de la política de transportes en la Argentina, a un año de la tragedia.
Los familiares coinciden y agregan: "Desde el Poder Ejecutivo se vanaglorian de lo hecho en un año, olvidándose de que antes tuvieron nueve años para hacerlo. No hablen más de la herencia recibida. Sabemos que fue desastrosa, pero nada cambió hasta que llegó la tragedia. Mientras se montan campañas publicitarias gastando cientos de miles de pesos en spots y folletería, los usuarios siguen viajando igual de mal y la imagen que se pretende mostrar en televisión es muy diferente a la realidad. Hagan lo que hagan, anuncien lo que anuncien, inviertan lo que inviertan, nunca van a poder borrar los nueve años de abandono. Pero por sobre todo no podrán olvidarse ni hacer olvidar a los 52 muertos, que son, como tantos otros, víctimas de este gobierno que debió haber trabajado para evitarnos este dolor y no quiso hacerlo".
Palabras duras, realistas.
A pocas horas de cumplirse el aniversario de la tragedia, la Presidenta salió a expresar su solidaridad con las víctimas. Fue un mensaje tardío, escueto, insuficiente, que terminó de irritar a los familiares.
"La Presidenta se acordó de nosotros, con un mensaje más hiriente que el propio silencio", dijeron desde el dolor.
Fue la segunda vez que la Presidenta se refirió al tema en un año. La primera, recién a los cuatro días del accidente. Allí, reclamó celeridad a la justicia y pidió no especular con la muerte porque, dijo, sabe "lo que es la muerte" y "lo que es el dolor".
En la segunda, el jueves, la Presidenta salió a expresar su solidaridad y a resaltar el papel de la Justicia para determinar "responsabilidades". Fue pocas horas después de que los familiares denunciaran que para el gobierno "la tragedia de Once nunca existió" y ratificaran, con dolor, que a las 52 personas las "mató la corrupción".
Sus palabras generaron "indignación" y "bronca" entre los familiares.
El mensaje presidencial sobre la tragedia sonó a poco. Sobre todo cuando, inmediatamente después, pasó a castigar nuevamente a Mauricio Macri por la tala de árboles. La gravedad del primer tema contrasta con lo intrascendente del segundo.
Fueron 208 las palabras dedicadas a los familiares de las víctimas. Y 511 las utilizadas para hablar de los árboles de la 9 de Julio y de Tecnópolis...
Las referencias al dolor que produce lo "irreparable" de la muerte tampoco consuelan.
Su apelación a Estela de Carlotto para sustentar su discurso fue rechazada por Nora Cortiñas y por los familiares en la Plaza de Mayo. La madre de una de las víctimas mortales del accidente, Zulma Ojeda de Garbuio, se quedó sin palabras cuando escuchó de Cristina su intento de consuelo: "Yo le dije que no daba más de dolor, que no sabía qué hacer. Ella me golpeó la mano y me dice: 'No Zulema (sic), no sabés lo que es el dolor, todavía no lo sabés', y me quedé callada. La Presidenta está hecha de mármol", relató.
En el mensaje presidencial subyace un estilo confrontativo que produce "bronca" en los familiares, como lo reveló uno de los protagonistas del acto por el aniversario.
"Yo quiero recordarles a los que viajaban en los trenes en el 2003, a los que viajaban, porque la mayoría no viajaba porque no tenía adónde ir. Uno viaja cuando tiene que ir a trabajar; uno viaja cuando tiene que ir a estudiar; uno viaja cuando tiene que ir a comprar algo o a hacer un trámite", dijo Cristina a cuatro días de la tragedia.
"Sentimos bronca cuando escuchamos que morimos porque tenemos razones para viajar. Porque tenemos trabajo. Es una idea desacertada decir que tenemos que estar agradecidos porque tenemos trabajo", le respondió un familiar, un año después.
La tragedia de Once desnuda un endémico problema de gestión en el kirchnerismo. El tren que chocó en el andén 2 arrasó también con la ficción de la eficiencia oficial y puso a la vista de todos que los trenes se encontraban en un estado calamitoso luego de casi una década. Las promesas de "revolución" lanzadas por Randazzo irritan más.
Las campañas oficiales, sus silencios, los slogans, las consignas altisonantes no alcanzan para tapar los reales sentimientos de los familiares de las víctimas.
"La tragedia de Once fue la consecuencia de la voluntad de enriquecerse sin importar las consecuencias. Actuaron con desprecio por la vida, creyéndose impunes. La corrupción no solo se llevó la plata del pueblo, esta vez se llevó muchas vidas. La cara visible de la corrupción es la muerte y su cómplice es el silencio. Para ser más claros, los empresarios y funcionarios corruptos mataron a nuestros seres queridos", lanzaron desde la Plaza de Mayo.
Salud, seguridad, educación, economía son otras áreas donde el actual modelo no puede exhibir resultados. Sólo una "administración de la crisis".
Según la Real Academia Española, hipocresía es el "fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan".
Esa descripción bien podría caber para la reacción oficial ante la tragedia de Once, pero también para la relación con los opositores y actores políticos, económicos y sociales que discrepan con el discurso que emana de la Casa Rosada. O cuando se le exige a Daniel Scioli "gestionar".
Fuente: 
Agencia DyN