Domingo, 10 Febrero, 2013 - 10:09

Precios enfriados y paritarias nada frías

Hacía muchos años que no se ponían en movimiento los músculos del Estado para intervenir en los precios de los productos básicos.

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Y se mueven con dificultad. En otros años, los de inflación con emisión y con cláusulas de indexación, se ensayaban maneras donde se combinaba cierta capacidad punitiva (desde multas hasta cierres de comercios y denuncias penales) con información precisa (listas de productos, con marca, precio y bocas de venta) y, por añadidura, debates interminables donde cada sector o economista sacaba su librito atribuyendo a la emisión desmedida, a la paridad del dólar, a los salarios excesivos, a la falta de créditos blandos, a la falta de competitividad, a la concentración monopólica, a la falta de control de las cadenas de valor y, por supuesto, a la sensación de inflación que pudría todo porque desquiciaba la mente de las amas de casa.
En los noventa, por el uno a uno y la destrucción del Estado, la inflación y los precios al consumidor dejaron de estar en la agenda. En los primeros años de kirchnerismo, la recuperación económica fue posible con un restablecimiento del consumo popular y con redistribución del ingreso a favor de los asalariados. Tras 10 años, es la primera vez que se ensaya "un acuerdo" de la Secretaría de Comercio con las cadenas de comercialización. Son más las incógnitas que las certezas respecto de cómo va a funcionar. Es decir, no se sabe si en algún momento habrá una comunicación oficial que esté en cada comercio para que el comprador sepa concretamente a qué atenerse. También debería saberse cuáles son las consecuencias de violar ese acuerdo. No es imaginable que cada comerciante se autorregule algo que, en principio, le evite ganar más dinero. Tampoco es fácil pensar que los proveedores de ciertos productos van a abastecer con regularidad y compromiso si eso va en contra de sus intereses. Se supone que quienes firman este tipo de acuerdo saben que están en un sistema capitalista donde, salvo que las leyes lo impidan, la máxima que los rige es la ganancia y no la solidaridad.
Los grandes diarios se quejan de que, de yapa, Guillermo Moreno se las arregló para que las cadenas de supermercados (la mayoría extranjeros, hay que decirlo, con las que Moreno tiene una excelente relación, al igual que con las grandes cerealeras y otras empresas de origen transnacional) no publiciten sus ofertas. Es decir, una pelea, legítima, con los dueños de dos diarios opositores, se cuela en un tema de fondo de la agenda popular. No queda claro, para hablar de temas que parecen más importantes, si este acuerdo va a ir acompañado de, por ejemplo, una auditoría seria de quiénes son los que tienen ganancias extraordinarias, en qué rubros, en qué eslabones de la cadena de valor, en qué regiones y cosas por el estilo. De hacerse un estudio de esa naturaleza, el día 61 se podrían acomodar las cargas para no perjudicar al consumidor (al pueblo) pero tampoco deteriorar a aquellos productores o comerciantes cuyos costos aumentan en este lapso de dos meses. Tampoco queda claro por qué ciertos bancos (que tienen unas ganancias por encima del promedio) pueden hacer magia con los supermercados para que los poseedores de ciertas tarjetas de crédito obtengan beneficios y descuentos notables. Eso no es justo en un sistema donde se privilegie al pueblo sencillo, que por supuesto no siempre tiene las tarjetas de los bancos privados.
Es más que necesario empezar a tomar medidas. Porque es un año electoral y porque empieza con paritarias cuyo piso no está en el 18 o el 20% como pretendía el Gobierno sino que ya con los docentes se parte del 22%. El panorama gremial está complicado, porque a caballo de esto, Oscar Lescano, que fue pieza clave en las privatizaciones del sector eléctrico, que fue parte de la destrucción del sindicalismo durante el menemismo, ahora es el árbitro del sector de los denominados Gordos y el moyanismo. Una fórmula para extorsionar en momentos complicados.
La adecuación de la cuarta categoría de Ganancias que excluyó a un sector de los asalariados (aumentando el piso en un 20%) de ese impuesto, quedará retrasado si es que las paritarias cierran en un promedio del 25%. Es cierto, si de entrada, Cristina decía 25% en Ganancias, los representantes gremiales lo hubieran tomado como un mensaje respecto del "piso" pensado para convenios colectivos. Pero, en 60 días, además de terminar el acuerdo de precios, volverán a la carga los reclamos por el impuesto al salario. Además, y para no quedar abrumados por el calor y el Carnaval, el dólar azul no deja de ser un moscardón que da vueltas. Es cierto, es un mercado pequeño y marginal, pero no deja de pesar a favor de quienes bregan por una devaluación. Encima del blue, los analistas opositores ahora no dejan de martillar con que hasta en Venezuela se devalúa.
En algún momento de este 2013, y ojalá sea más temprano que tarde, habrá que analizar y debatir, sin prejuicios, sin cifras dibujadas, sin especulaciones, sobre qué pasa en la economía y cómo se puede avanzar sobre los sectores privilegiados. No alcanza con señalar a los responsables del relato opositor. La Argentina tiene un alto coeficiente de importaciones destinadas al consumo directo que no están siendo reemplazadas por productos fabricados acá (electrodomésticos, informática, telefonía, por mencionar los más evidentes que a lo sumo cuentan con armadurías en zonas francas como Tierra del Fuego) y tenemos un elevado coeficiente de extranjerización y de concentración económica. No es fácil, pero sin planes de largo plazo y sin herramientas que estimulen, el mercado no se va a ocupar de mejorar las cosas. Y los acuerdos de partes, con gente que creció ?como los supermercadistas? desplazando y destruyendo al comerciante minorista, no pueden ser tomados como acuerdos con la red solidaria. Un acuerdo económico social no es para ganar fans sino para que quienes tienen poder económico, representación gremial y responsabilidades de gobierno se ocupen de firmar acuerdos y respetar normas que favorezcan a los desprotegidos consumidores. Ninguno tiene que ser el bueno de la película.
Fuente: 
Infonews