Sábado, 9 Febrero, 2013 - 18:33

Informe
Estiman que sólo quedan 16 millones de cabezas de ovejas en la Argentina

El cordero no se termina de integrar a la mesa argentina.

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Los ovinos llegaron a América después de la conquista española y, como los vacunos, se adaptaron rápidamente al nuevo paraíso terrenal de praderas soleadas, pero luego vino la decadencia y ahora no se calculan en más de 16 millones las cabezas de ovejas en la Argentina.
"Cayó el stock, cayó el consumo, se desbarrancaron las exportaciones", relató Horacio Mazzola de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios, ABOPA, que realiza los contenidos periodísticos del suplemento del diario La Tercera donde salió publicado la investigación.
En el informe destacó que la Argentina tiene una "tradición ovejera", aunque en los últimos años la actividad se encuentra alicaída y con poca fuerza para resurgir.
"Si se hace un ejercicio mental y se le pregunta a alguien qué le sugiere la palabra oveja, el 90% de las respuestas seguramente dará como resultado la lana, y si se pregunta cómo se puede comer un cordero, la respuesta mayoritaria será inevitable: al asador o a la parrilla".
Para Mazzola, "esto está dado porque, básicamente, la ganadería ovina se originó para producir lana, concepto que perdura, aunque el mundo demanda carne ovina. Hoy el cordero ya no es un subproducto sino la estrella del negocio y el vellón natural ?la lana- fue desplazado por las fibras sintéticas".
En materia gastronómica, al menos en gran parte de la Argentina, se piensa en cordero al asador, ignorando las variadas formas de preparación que puede tener la carne ovina, que permite distintos tipos de cocciones (horno, cacerola y frita).
Así el paladar argentino se centra en un cordero mamón, cuyo peso ronda los 19 kilos?al igual que en el ganado vacuno, ya que se cree que el animal más joven es más tierno-, y desprecia los animales "grandes" de 35 o 40 kilos, a los que muchos llaman erróneamente borregos.
"Un cordero deja de serlo al cortar los dos dientes, independientemente de su peso, esta preferencia por el peso pluma tiene su origen en la mixtura que dio origen a la población argentina, mayormente italianos y españoles, acostumbrados en sus países a consumir un cordero más liviano", indicó.
En América no existían ovinos antes de la llegada de los conquistadores españoles, quienes los introdujeron en el continente.
El relevamiento de 2010 daba cuenta de una existencia de entre 15 a 16 millones de animales en el país en un contexto de disminución del stock en los últimos 50 años y sin cifras oficiales que lo demuestren, en una producción que está dirigida a la lana.
"La carne, a diferencia del resto del mundo, era y es considerada como un subproducto, aún cuando actualmente genera mayores ingresos que la lana", indicó.
Por su parte, la faena ovina argentina en 2010 llegó a 1.310.985 cabezas, representando un total de 18.226 toneladas de carne ovina en las distintas categorías, con predominio del cordero en un 86,5%.
El consumo de carne ovina en Argentina muestra una tendencia similar a las existencias: disminuyó de aproximadamente 6-7 kilos/habitante/año en los ?60, a 2,2 kilos durante los ?90 y actualmente no ha llegado a recuperarse.
La caída del consumo interno tampoco fue compensada por las exportaciones: en la actualidad se exportan alrededor de 2 mil toneladas, aunque la Unión Europea asignado a nuestro país, una cuota de 23 mil toneladas.
Con la apertura de la economía, ingresaron al mercado interno importaciones del MERCOSUR, especialmente del Uruguay y extra regionales, principalmente de Nueva Zelanda.
Respecto al mercado lanero, las empresas exportadoras son las mayores demandantes, conformando un circuito más formal que el de la carne.
Fuente: 
NA