Sábado, 9 Febrero, 2013 - 17:16

El mismo amor, las mismas mañas

Política y sindicalismo peronista: se está escribiendo la crónica de un final anunciado.

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Como en muchos otros tramos de la historia de la política y del sindicalismo peronista, todo indica que se está escribiendo nuevamente la crónica de un final anunciado.
Las peleas y las reconciliaciones, bajo el signo de los intereses y de las disputas por el poder, siguen repitiéndose y seguramente continuarán por ese camino hasta que no quede en pie ni un solo gremialista de color justicialista, algo que, al menos en el resto de este siglo, parece bastante improbable.
Así, el reagrupamiento viene marchando, a la luz de las condiciones creadas por el propio Gobierno de Cristina Fernández, que primero dividió a las organizaciones para poder dominarlas pero ahora, con sus políticas, está promoviendo una nueva reunificación.
Dos de las voces más calificadas de las dos CGT, Hugo Moyano, jefe de la antigubernamental Azopardo, y Oscar Lescano, referente de los "Gordos" y hasta ahora alineado en la central Balcarce que en las formas dirige Antonio Caló, compartieron una entrevista radial y se prodigaron mensajes de conciliación. Justamente ellos dos, que en los momentos de mayor rispidez se dedicaron munición verbal gruesa.
En paralelo, Moyano y su colega de la CTA opositora, Pablo Micheli, continuaron delineando medidas de protesta en el marco de lo que desde hace tiempo se llama "unidad en la acción". Definición utilizada cuando no pueden juntarse de manera formalmente institucional y que dota a los dirigentes de un amplio margen de maniobra como mantenerse transitando el mismo camino o en algún momento seguir distintos rumbos.
Para ambas organizaciones anti K, a las que se suma la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo, no es nada difícil manifestar en palabras y hechos el descontento de sus sectores.
Más complicado resulta para las coaliciones que responden al Gobierno, las que actualmente se ven en figurillas para mantener un precario equilibrio entre su matriz oficialista y responder ya a las demandas de sus propios afiliados, cuyos ingresos y condiciones laborales no reconocen banderías políticas y tienen los mismos problemas que los trabajadores que pertenecen a las otras centrales.
El anuncio presidencial sobre el magro incremento del mínimo no imponible para la aplicación del Impuesto a las Ganancias resultó insuficiente de entrada como para calmar espíritus y bolsillos deprimidos, pero terminó provocando malestar generalizado cuando apareció la hilacha y unos simples cálculos demostraron que tal mejora se hará añicos en un par de meses.
Más aún, hay quienes ya están sacando cuentas de lo que tendrán que entregar por Ganancias y otros que se están enterando de que van a entrar en la zona roja donde domina el insaciable tributo.
A ello debe sumarse la triste circunstancia que vivirán quienes superen un miserable límite salarial que le da potestad a la administración para arrebatarles o rebajarles despiadadamente las asignaciones familiares, aún las que se otorgan por hijo discapacitado.
Dirigentes de distintos sectores coinciden en evaluar que esta estrategia diseñada por el Gobierno cristinista, a la que se agrega en las últimas horas la cuestión del supuesto congelamiento de precios, está destinada, entre otras cosas, a establecer un cerco en derredor de las paritarias y tratar de imponer a toda costa un límite de aumento que no vaya más allá del 20 por ciento.
Tarea difícil, pues todos los sindicalistas, hasta los que peregrinan por la Casa Rosada, dicen que la mejora debería ser del 25 por ciento hacia arriba. Y si se establece una pauta inferior, pretenden reabrir las paritarias dentro de no más de seis meses.
Pero si todo se redujera a la inflación y a los aumentos salariales, la misión es difícil pero no imposible de controlar, al menos por un tiempo mediato.
Sucede que estos problemas nunca vienen solos, sino acompañados por otras cuestiones tanto o más graves, como el peligro que corren las fuentes laborales.
Ya se ha informado sobre caídas en la producción fabril y en la construcción, con su consecuente pérdida de puestos o estancamiento de las contrataciones.
Además, un reciente estudio de la Universidad Torcuato Di Tella reveló que en enero pasado la demanda laboral en Capital y Gran Buenos Aires cayó casi 27 por ciento respecto del mismo mes del año pasado. Y descendió 0,3 por ciento en comparación con diciembre de 2012. El análisis augura un panorama difícil en material laboral para los próximos meses.
Vale recordar que una también reciente encuesta entre empresarios demostró que la mayoría contempla mantener sus planteles estables, con lo cual no ven perspectivas de contrataciones, lo que implicaría, al menos, una virtual parálisis en esa materia.
Además, un estudio del instituto IERAL, de la Fundación Mediterránea, prevé un panorama negativo para el poder adquisitivo de los salarios, especialmente por el efecto del Impuesto a las Ganancias.
En tanto, las paritarias continúan su desarrollo, ya con algunos casos "testigo", como el de los trabajadores bancarios, que empezaron a cobrar parte de la mejora pactada con los banqueros hasta marzo (en total casi un 25 por ciento de aumento), que será la base para la firma del acuerdo final para todo el año.
La resistencia inicial del Gobierno a reconocer este convenio, vía Ministerio de Trabajo, parece haber sido quebrada por las partes, que argumentaron que si ellos coincidían no tenía por qué haber interferencias. Una muestra sería que ya comenzó a liquidarse la primera cuota de la mejora establecida.
Salvo que, bajo cuerda, la administración haya admitido que la pulseada le fue adversa y aceptó el pacto bilateral, con la condición de que no hagan demasiadas olas que alteren el resto de las aguas gremiales y empresariales.
Algunas paritarias están siendo aguardadas con importante expectación, como las de los metalúrgicos y los camioneros, a las que se suma la de los docentes, que tiene el condimento especial que de ella depende el inicio de las clases. Los maestros han dejado trascender como reclamo porcentajes de los más altos barajados hasta ahora, que muestran una amplia brecha con las ofertas oficiales.
En cuanto a la UOM y Camioneros, tienen una amplia variedad de ramas y actividades, pero en definitiva puede establecerse un promedio o una base desde la cual negociar. La del gremio de Caló está cerca de las gateras, aunque demandará un tiempo por la complejidad antes mencionada, mientras la del sindicato de Moyano empezará a mostrar señales en un tiempo más cercano a mitad de año, cuando vence el convenio anterior.
La alusión a las negociaciones de estas dos organizaciones está relacionada con el hecho de que los guarismos que surjan tendrán indudable impacto político, porque mostrarán hasta qué punto estarán separados de los pretendidos por la administración. Nadie cree que la UOM, y especialmente Camioneros, acepten los condicionamientos oficiales.
En definitiva, si no hay un sorpresivo golpe de timón del Gobierno que reavive las brasas entre los gremios -por ejemplo un discriminado reparto de fondos para las obras sociales o promesas de puestos expectantes en las listas de candidatos legislativos-, las actuales condiciones no harán más que nuevamente ir acercando cada día a los distintos dirigentes que hasta hace poco se arrancaban los pelos.
Esos pelos que encanecen y en algunos casos van cayendo, situación que no tiene correlato en el territorio de las habilidades para saber hacer las lecturas políticas adecuadas y actuar en consecuencia. Y así, en ocasiones como la actual, con la "colaboración" de la impericia, la indiferencia y hasta la subestimación ajenas, los gremialistas peronistas se proponen, una vez más, recrear el mismo amor, con las mismas mañas.
(*) Para Agencia DyN
Fuente: 
Agencia DyN