Domingo, 9 Diciembre, 2012 - 12:31

Por qué se pinchó el 7D
Errores y límites

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La Presidenta choca contra la pared de la Justicia. El riesgo político de extremar los antagonismos.

La falta de sucesión desquició al poder. El peor momento de Cristina
es mucho más profundo que haber caído en su propia trampa del globo
pinchado del 7D. Eso desnudó que el voluntarismo infantil no alcanza
para convertir los deseos en realidad. Y mucho menos para hacer una
gestión eficiente. Además, es probable que más temprano que tarde, el
juez Horacio Alfonso falle en contra del Grupo Clarín en el fondo de la
cuestión y se multiplique la batalla de presentaciones, apelaciones y
amparos que finalmente terminará en la Corte.
El verdadero cachetazo político que recibió el oficialismo vino de
todo el Poder Judicial. Cristina y sus muchachos humillaron tanto,
durante tanto tiempo y a tantos magistrados que lograron el milagro: por
primera vez, jueces y fiscales de todo el país emitieron sendos
documentos para poner el grito en el cielo. Allí básicamente, dijeron:
no nos presionen más. Basta de mojarnos la oreja y de degradar nuestro
rol institucional. A esta altura del desplome de la imagen de la Presidenta es difícil
encontrarle sólo una razón ideológica. La guerra popular y prolongada
contra todo lo que se ponga adelante que propone Ernesto Laclau es menos
grave, en términos prácticos, que los caprichos de Cristina resumidos
en un dicho popular: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Por eso el Gobierno se llevó por delante la misma pared por segunda
vez. Igual que durante la 125. No hubo aviso ni advertencia que fuera
escuchada. Quienes se atrevieron a hacerlo, fueron acusados de cobardes,
traidores o cómplices.

Aquel voto no positivo fue un límite que Julio Cobos y el Poder
Legislativo le puso a la desmesura que nos hubiese llevado a graves
encontronazos. Este freno de la Justicia evitó que llegara a la meta una
carrera desbocada rumbo al precipicio. Frenó un magnicidio contra la
Justicia, según Luis Alberto Romero.
En la pelea contra el campo, además de la derrota en el Congreso, el
oficialismo perdió la pulseada en las calles con dos concentraciones
masivas, en Rosario y en Palermo y también en las urnas. En el 2009,
casi un recién llegado en términos históricos, como Francisco de Narváez
derrotó a una boleta encabezada por Néstor y Daniel Scioli. En esta ocasión, la participación de la gente hay que buscarla en los
dos cacerolazos multitudinarios y en el paro de los trabajadores
organizados. Falta comprobar si en las elecciones del año que viene,
también se impondrá el voto castigo.
Es muy probable, pero está por
verse. La soja y Brasil le dan nuevas oportunidades todos los días a
Cristina. Su gran problema es que necesita tomar por el único camino que
se niega a tomar, el del sentido común. El cristinismo se caracterizó por acusar de golpistas a todos los
sectores que se atrevieron a expresar alguna disidencia. Faltaba meter a
la Justicia en la misma bolsa y es lo que hicieron en estos últimos
días. La estrella fue Carlos Kunkel. ¿Quién puede creer que la Corte es
antidemocrática? ¿Cómo puede pensar que Ricardo Lorenzetti conspira para
ser presidente y reemplazar a Cristina? El kirchnerismo no solamente
inventa fantasmas con su visión conspirativa. Lo grave es que, además,
se los cree.

Es la misma Corte que Néstor Kirchner supo anotar en la
columna de sus virtudes. ¿Alguien en su sano juicio puede sospechar de la honradez intelectual
y ética de Carmen Argibay o Elena Highton de Nolasco? Sólo algún
fanático fundamentalista puede poner en duda los pergaminos de ambas
mujeres ejemplares de la Corte que tienen la misión de coordinar la
Comisión Nacional de Protección de la Independencia Judicial. Los
reclamos de los jueces y fiscales de todo el país, dejaron descolocado
ante sus pares a Raúl Eugenio Zaffaroni porque negó que hubiera
presiones, para él, sólo hay "alegatos de oreja". Zaffaroni, además
acompañó en el escenario al presidente Rafael Correa, uno de los mas
feroces combatientes contra la libertad de prensa que fue premiado por
lo contrario. Y como si esto fuera poco, a su lado estaba en posición de
descanso Fernando Esteche, el comandante en jefe de Quebracho,
sentenciado a tres años y ocho meses de prisión e integrante del grupo
de voceros de Irán en estas pampas. Zaffaroni demuestra que tiene más
ganas de ser militante que juez. Debería darse el gusto. Ni hablar del
ventilador encendido por Hebe de Bonafini, quien comparó a estos jueces
"con los asesinos de la dictadura" y les vaticinó "el mismo banquillo de
los acusados". Vale recordar que el kirchnerismo gobierna desde hace
casi una década. Nadie podría acusar a Humberto Tumini de integrar la derecha
corporativa. Es jefe de Libres del Sur y fue integrante del Ejército
Revolucionario del Pueblo. El resumen que hizo de estos días fue
contundente: "El Gobierno piensa en una República con dos poderes??? y
manejados por ellos".
Miguel Bonasso, ex integrante de Montoneros y de
la línea fundadora del kirchnerismo en el Grupo Calafate escribió en su
blog que "las palabras desnudan la verdadera ideología. Uno puede andar
por la vida disfrazado de progre, pero en algún momento el lenguaje lo
traiciona y deja entrever el fascista, el arribista que lleva adentro.
En las últimas horas hemos visto cumplirse este aforismo con rigurosidad
matemática". Bonasso utilizó esta introducción para cuestionar a la
Presidenta por llamar "buitres y caranchos a los jubilados", a Correa
por "haber agraviado la memoria de los mártires de la AMIA" y en general
a un gobierno que utiliza como escudo el siguiente concepto: "No nos
critiquen porque viene la derecha".
El diputado Eduardo Amadeo utilizó la figura tenebrosa de Fujimori
para tratar de explicar esa amenaza. Alberto Fujimori hoy está preso por
delitos de lesa humanidad y corrupción, pero como presidente de Perú
sepultó la democracia desde el poder. El fujimorazo clausuró
violentamente el Congreso, intervino la Justicia, tomó por la fuerza
varios medios de comunicación, persiguió ferozmente a los opositores y,
finalmente, dio un autogolpe. Deberíamos rogar que Eduardo Amadeo se
equivoque. Que sólo haya sido una exageración producto de la calentura
del debate. Porque si Amadeo tiene razón, a los argentinos nos esperan
días turbulentos. La negación de la realidad produce ceguera. Y la
prepotencia de Estado, resistencia.

Fuente: Perfil