Domingo, 9 Diciembre, 2012 - 11:10

Renacimiento

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Los medios, la historia, la oposición y nuevas corporaciones.

Fue sorprendente la reacción de los medios locales cuando hace pocas horas Dilma Rousseff se dirigió a la planta baja del Palacio de Itamaraty, donde se celebraba la cumbre del Mercosur, y "cruzó" a The Economist por una columna en la que se criticaba la política económica de Brasil.
Para reforzar los conceptos de la mandataria, nuestro periodismo hasta se tomó el trabajo de rastrear una frase del ministro de Desarrollo e Industria, Fernando Pimentel: "El día que The Economist nombre a un ministro en Brasil dejaremos de ser una república federativa".
Los mismos medios repudian a CFK ante declaraciones similares.
Historia. Del peronismo "del 45" sobreviven varios relatos. Uno es el de la epopeya que conforma la tradición épica del pueblo, el mito de origen: el líder que se enfrenta al sistema del que proviene, que es encarcelado por sus pares y liberado por el clamor popular; su abrazo amoroso a los descamisados; las decisiones que instituyen un corpus político y jurídico paradigmático que se extenderá en el tiempo y conmoverá hasta tal punto a las instituciones tradicionales que harán falta varios golpes de Estado para, si no aniquilar su semilla, al menos detener el avance de "el aluvión zoológico" y, más temible, de "la amenaza roja"; el exilio, el retorno y el ocaso.
Al volver sobre esa época es posible reponer también las objeciones, los argumentos de los adversarios del peronismo. Al relato épico le oponían una suerte de furia civil que dio razón del mote de "antiperonismo", un movimiento que jamás se avergonzó de golpear las puertas de los cuarteles, articulado con partidos políticos legalmente constituidos, con sindicalismos contrahechos, con medios de comunicación al servicio de intereses que hoy, cuando se han desclasificado tantos documentos de la CIA y se ha sindicado claramente el colaboracionismo imperial en la destrucción de procesos democráticos que no se ajustaban a las expectativas del Consenso de Washington, no debería dejar lugar a dudas sobre su propósito.
Al kirchnerismo se le atribuyen, en un deja vu intencional, los mismos males que al peronismo de Perón, pero ahora la furia civil fue reconducida y es expresada por un grupo de corporaciones mediáticas con las mismas intenciones. Que no se malentienda: no es que busquen un golpe de Estado por las armas. Eso ya fue. Igual que antes, intentan restituir la preeminencia de los conglomerados empresariales y grupos económicos sobre la Política y el Estado, pero por otros medios.
A nivel nacional la oposición balbuceante, igual que en aquellos tiempos, es capaz de aliarse con quien sea con tal de acceder a los espacios que les son negados por la vía de sus propuestas.
Como novedad se advierte que la corporación judicial no es un mito: mientras se caía el 7D, magistrados de todo el país redactaban un documento en el que denunciaban presiones del poder político y clamaban por la independencia de la Justicia. La sospecha de que hay una corporación judicial radica en la negación explícita que hicieron en ese mismo documento y, por supuesto, en los fallos relevantes.
Si algo ha logrado el Grupo Clarín y sus amigos en este proceso (diríamos, desde la Resolución 125 para acá) es instalar un clima de temor y agitación que flota como una nube tóxica sobre la realidad del país: una realidad dura que puede analizarse si hay ganas de hacerlo, pero que nada tiene que ver con dictaduras ni tiranías. Los ciudadanos somos frágiles ante estas corrientes de opinión, y mientras nos debatimos en discusiones que cada tanto nos invitan a ganar la calle (con pancartas de celebración o con cacerolas de repudio) los verdaderos interesados se abroquelan de cara a lo que intuyen será una época de renovación sobre la base de la aniquilación de una idea de país, de un "modelo". No andan con chiquitas. Se preparan, como tras la muerte de Perón, para un nuevo Renacimiento.

(*) De la Redacción de Diario Chaco.