Lunes, 5 Noviembre, 2012 - 20:12

Criterios profesionales, y profesionales sin criterios

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Salud a veces lleva implícito prevención, tratamientos y calidad.

Y al hablar de calidad está asociado a los espacios bien condicionados por donde deben deambular los pacientes o quienes trabajan en él (y que en cualquier momento pueden convertirse en pacientes).
Al término salud se lo subestima cuando se da lugar a la basura, la mugre, y a un desorden que altera la atmósfera que se respira, sea a cielo abierto, y peor aún si se trata de espacios cerrados y públicos.
El objetivo puntual de esta nota es hacer reflexionar sobre los criterios que se adoptan a la hora de remodelaciones en espacios públicos, especialmente instituciones que atienden a cientos de personas diariamente.
Hace ya un tiempo, casi un año, un laboratorio de análisis clínicos, se vio en la necesidad de ampliar sus instalaciones y durante el tiempo que duró la refacción acondicionó con perfecto aseo los lugares donde prestaría la atención profesional. Si bien se trataba de un tiempo estimado, no permitió que el aire se impregnara de polvo, ni los pisos de arena, facilitando las comodidades mínimas, quizás con sencillez, pero con suma higiene, lo que demostró que era posible hacerlo.
En estos momentos, en el INSSEPP, se están haciendo arreglos, que es probable estén pensado para arreglos o mejoras-. Los profesionales que estarán al frente de la obra, que no pertenecen a salud,(serán especialistas en construcciones) no tuvieron en cuenta el riesgo a que exponen ante tanta mugre, y no han considerado que los espacios físicos son lo suficiente amplios como para "aislarlos " temporalmente con mamparas u otros elementos que impidan respirar el aire enrarecido, mantener la limpieza y un pensado orden de escritorios, para que puedan desenvolverse sin dificultad quienes siguen haciendo sus tareas.
El desorden también afecta a los empleados, que amontonados, acalorados y con un sistema eléctrico que por momentos deja sin aire acondicionado y sin sistema, contribuye a que el ambiente se convierta en caótico, entre el fastidio, el malhumor y la impotencia. Esto también atenta contra la salud, de todos. No es una preocupación de constructores sino debería serlo , institucional.
Imaginemos sólo por un momento a alguien que tiene problemas respiratorios, y en el aire vuelan mil partículas, o quien debe desplazarse cubriéndose la boca o los ojos porque los restos de cemento y arena están por todos lados.
Quienes están convalecientes están obligadamente expuestos. Y quienes trabajan, también enfermarán en un sector sucio y ni siquiera acondicionado para desarrollar eficazmente sus tareas.
La gente, en general es mansa y resignada, amontonada casi en una penumbra enrarecida por el polvillo, sentadas en sillas sucias, aunque se sienten agradecidos cuando le entregan la orden autorizada.
Remodelar, reorganizar y mantener limpio, un lugar donde se transita, trabaja y presta un servicio, adaptándolo por ese período de tiempo , no exige costo alguno, sólo criterio.Las autoridades de la Institución, deberían dar pauta más precisas a quienes manejan la obra.

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