Domingo, 2 Diciembre, 2012 - 21:34

El radicalismo está de pie

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Este fin de semana tuve la grata sorpresa de ver a un radicalismo como hace mucho tiempo no veía.

El viernes por la noche, llegando a Sáenz Peña, después de recorrer varias localidades del interior de la provincia- General Pinedo, Du Graty, etc-, entrando a la ciudad, veo miles de militantes radicales del sector de Convergencia, que, muy entusiasmados, celebraban un encuentro de la militancia.
Pocas horas después, asisto al Encuentro Provincial del NEA, donde otros tantos miles de militantes radicales de toda la provincia, esta vez pertenecientes al sector del radicalismo que nos convocaba, expresábamos con algarabía y entusiasmo nuestra pertenencia orgullosa a un radicalismo al que hasta hace poco veíamos languidecer. En ambos encuentros, casi simultáneos, apenas distanciados por horas, en una misma y hermosa ciudad, aunque separados momentáneamente, ambos sectores expresábamos nuestros deseos de tener nuevamente un radicalismo unido, fuerte, convocante, con vocación de volver a gobernar la provincia.
Mientras tanto, pese a mi alegría de ver a este radicalismo movilizado, militante y activo, pensaba en una ciudadanía que no quiere más peleas internas, que no quiere más dirigentes eternizados y repetitivos, sin roles claros. Pensaba en una ciudadanía que quiere ver partidos políticos, y a un radicalismo en particular, que se dediquen a hacer propuestas para el presente y para el futuro, en vez de hablar de divisiones que no existen ni existirán, más que en la mente de algunos dirigentes. Pensaba en una ciudadanía que ya conoce las cosas que se hicieron bien en el pasado. Algunas veces las recuerda y las agradece, así como repudia las que se hicieron y las que se hacen mal, pero hoy está preocupada por el duro presente y por el futuro, al que quiere que sea mucho mejor, al que quiere mirar con esperanza.
Un futuro que sabe muy bien que para construirlo, requerirá del esfuerzo de todos, de la unidad en la acción, de la unidad en los objetivos, de la pacificación de los espíritus, tan enfrentados en esta Argentina de hoy. Ni en uno ni en otro sector había unos radicales más radicales que otros. En todo caso había algunos radicales que resultaban más simpáticos que otros, más queribles que otros, pero todos somos radicales.
Tengo 60 años de edad y 42 años de afiliado al radicalismo, casi 50 de militancia. He visto mucha agua correr bajo el puente y no sólo en la provincia. Me han tocado épocas difíciles para militar. Muchas veces escuché hablar de que el radicalismo estaba terminado. Se equivocaban, el radicalismo estaba muy vivo, tal como lo está hoy, aún con sus internas, aún cuando hoy haya radicales que digan "soy de Convergencia" o "soy del NEA". Porque la diversidad no atenta necesariamente contra la unidad, quiero dedicarle unas reflexiones al Dr. Rozas y a todos los correligionarios de Convergencia.Mucha gente lo quiere y lo admira Dr. Rozas, usted representa una etapa importantísima del radicalismo en la provincia, por eso me preocupa cuando usted dice que desde el NEA venimos a romper a un radicalismo que nos pertenece a todos y cuando otros dirigentes de ese espacio, lo repiten a coro. También, confieso, me molestaron e hirieron profundamente las palabras de un diputado que dijo que una persona es igual a un voto.
Eso no puede decirlo un radical. Una persona es mucho más que un voto, es un ser humano con sus esperanzas y sus frustraciones, con sus virtudes y con sus defectos, es un ser humano con sus amores, con sus necesidades, con su familia, con sus alegrías, con sus angustias, con sus derechos, con sus obligaciones. Me pareció retrógrado, imperdonable a esta altura de la humanidad.
Personalmente, pese a ser dos años menor que usted, Dr. Rozas, entré al radicalismo mucho antes. Nunca me preocupé por ocupar cargos, sí por mantener en alto las banderas, los principios y mi libertad de pensar. Continúo igual, no me interesan los cargos ni los honores, me interesa un radicalismo sólido en sus principios, un radicalismo puesto al servicio de la gente, del lado de la gente y de sus necesidades. Quiero un radicalismo moderno, militante de verdad, un radicalismo en las fábricas, junto a los trabajadores, en la escuela y en la universidad, junto a los docentes y a los estudiantes, en los hospitales junto a los que sufren, con los productores que ven desaparecer sus expectativas, en la calle, preocupado por los desocupados, al lado de todos los reclamos justos. Quiero un radicalismo pacificador, con propuestas progresistas que contemplen al ser humano en su totalidad, al que hay que brindarle seguridad, progreso, esperanzas, y no un radicalismo simplemente electoralista, prebendario, burocrático, preocupado por pequeñas ambiciones de algunos dirigentes. Usted manifiesta en sus discursos similares intereses.
Jamás movería un dedo para acompañar cualquier división o exclusión de nadie de nuestro partido, al contrario, creo que ahora, especialmente, necesitamos un radicalismo generoso, aperturista en serio, aunque sin claudicaciones éticas ni de principios.
Necesitamos un radicalismo que permita el regreso de todos aquellos que por distintos motivos se fueron alejando, y necesitamos un radicalismo que brinde un espacio cierto para todos los jóvenes y para todos aquellos que quieran acercarse y trabajar por el bien común, por el progreso, por un humanismo trascendente y olvidado, por una justicia social de la que tanto se habla y que poco se practica. Un radicalismo que no se preocupe tanto por saber cuántos votos tiene determinado puntero, para acomodarlo mejor, sino un radicalismo preocupado en formar dirigencias serias y responsables, que sean capaces de dar respuestas también serias y prontas a las necesidades de la gente.
Necesidades que no saben de esperas, que son urgentes y necesitan respuestas urgentes. O por lo menos necesitan que les digan con verdad y razones, que no se tienen por el momento esas respuestas, o esas soluciones requeridas.
Que no se preocupen los correligionarios de Convergencia, desde el NEA venimos a construir con unidad, venimos a aportar algunas miradas diferentes, venimos a proponer algunas metodologías diferentes, mas participativas, mas democráticas.
Venimos a proponer que sea la gente, democráticamente, la que elija a quienes considera que serán sus mejores representantes, los más capaces, los más confiables, los más honestos. Como debió ser siempre, no estamos detrás de personas, estamos detrás de los principios. Las personas pasan, son circunstanciales, los principios quedan.
No queremos que se vaya nadie, queremos que vengan todos, que todos encontremos en la UCR el ámbito político que nos cobije y nos represente. Hay una crisis de representatividad que no puede ser ignorada ni resuelta con parches. La UCR es de todos. Aquel dirigente que se sienta dueño de ella, pertenezca al sector que sea, se equivoca mucho y seguirá alejándose de la gente, aunque el espejo, su abuelita o sus obsecuentes le digan que no hay nadie mejor.
Tenemos la obligación de explicarle a los miles de militantes que estuvieron este fin de semana en Saenz Peña, a los miles de militantes anónimos que cada día reviven este radicalismo en cada pueblo, en cada rincón de la provincia, pero, sobre todo, tenemos la obligación de explicar a toda la ciudadanía, qué cosas nos preocupan a los radicales. Y creo que no debemos hacerlo desde tribunas separadas, donde es muy fácil decir que los que se nos oponen internamente son malos o traidores.
Le ofrezco, Dr. Rozas, un encuentro maduro frente a las cámaras y a los medios de prensa, sin barras, sin bombos, donde hablemos con claridad sobre nuestras preocupaciones, sobre nuestras diferencias y sobre nuestras coincidencias. Seguramente así estaremos despejando, si existen, sus propias dudas, y la de otros radicales, sobre nuestras intenciones, podremos organizar equipos de trabajo, técnicos y políticos, pero, fundamentalmente, estaremos dando una muestra de madurez política y de dignidad a una ciudadanía que necesita de una UCR que vuelva a ser alternativa de gobierno.
Como simple militante de muchos años de la UCR, que hace años vengo pidiendo de manera privada y pública por esos cambios nunca escuchados, le ofrezco esa reunión pública, o ese debate, como usted prefiera llamar. El NEA, ahora tiene sus autoridades constituidas, que pueden hacerlo, o, si usted prefiere, por mi antigüedad como radical, como antiguo impulsor de esos cambios, también podría hacerlo yo mismo. Lo importante es la unidad.
No tenga temor en aceptar, sé que es diferente hablar desde una tribuna de parciales, donde uno puede decir lo que se le ocurra, a hacerlo frente a otro radical que quiere lo mejor para el radicalismo. Tal vez vea que lo poco que nos diferencia es que pedimos una mejor representatividad, bien honesta y democrática. Aparte de eso, nos une la historia y, si tenemos alguna diferencia en cuanto a nuestras propuestas para el futuro, también deben ser resueltas en el marco de la ética, de los principios y de la democracia que pregonamos. Cuanto antes aclaremos nuestras diferencias y nuestras coincidencias, estaremos ayudando a la recuperación plena de la UCR y estaremos ayudando a la ciudadanía en sus elecciones. Queremos un radicalismo donde todos tengan, al igual que las tuvo usted, todas las oportunidades de participar activamente, así como las de aspirar y llegar a los mas altos cargos para servir. En la democracia el pueblo es el único soberano.Hubieron unos años donde sentí la necesidad de la dureza para pedir cambios, hoy, con este radicalismo de pié, siento la necesidad de serenar y pacificar, para convertirnos en la alternativa más clara a este gobierno terrible, seguramente el peor de la era democrática.
"Quien gana gobierna, quien pierde acompaña". Así debe ser, así pensamos los radicales que desde sus orígenes, impulsamos el NEA en la provincia, así piensan la mayoría de los radicales.
Hagamos posible que, todos juntos, en el 2013 y en el 2015, el radicalismo, en pleno ejercicio de la democracia interna, ofrezca a sus mejores candidatos, a sus mejores propuestas. Quien quiera imponer a sus amigos o favoritos, quien de cualquier modo impida la democracia interna, estará traicionando al radicalismo y a la república que nos necesita.
Es una deuda que, quienes abrazamos con amor la política, mantenemos con la gente, que descree de nosotros. Tenemos la obligación de saldar esa deuda. Hay un pueblo sufriente, lleno de carencias, cansado de decepciones, cansado de enfrentamientos egoístas y estériles.
(*) [email protected]