Domingo, 25 Noviembre, 2012 - 09:26

Hugo Moyano y el síndrome Vandor

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Por qué fue injusta la comparación del camionero con el poderoso jefe de la UOM de los años setenta.

La política es dinámica. Y muchas veces, como canta Jorge Drexler, las fronteras se mueven como las banderas. Y en la mayoría de los casos no se paga un alto precio por las volteretas ideológicas y posicionales. Sin embargo, "darse vuelta como una media" siempre contiene la posibilidad de pagar un alto costo, ya sea en acumulación o en prestigio político. Carlos Menem en 1989 no lo pagó con acumulación política, pero sí con prestigio. Julio César Cleto Cobos y Alberto Fernández, perdieron en legitimidad y legalidad y ganaron en abultada soledad. Desdecirse, contradecirse, quebrar la lógica de grupo y después prender el ventilador reconociendo los supuestos errores cometidos durante la pertenencia a ese mismo grupo está identificado como una deslealtad. El kirchnerismo ha tenido una capacidad inusual para condenar a la soledad, en algunos casos, al ridículo ideológico, en otros, a todos aquellos que con razón o sin ella se han alejado del gobierno. El último ejemplo es Hugo Moyano.
Convencido de que "el kirchnerismo no termina su mandato y hay que evitar de cualquier forma no quedar debajo de los escombros" ?frase atribuida a Moyano por gente muy cercana hasta hace algunos meses? el líder camionero ha decidido ponerse a intentar empujar el andamiaje kirchnerista para que se cumpla, así, su "profecía autocumplidora". Para esa estrategia mezquina y personal no ahorra en gastos: arrodillarse frente a Héctor Magnetto para conseguir minutos en cámara, fotografiarse con Mauricio Macri, el candidato que hoy representa el neoliberalismo que tanto dijo combatir en los '90, aliarse con Pablo Micheli ?recordemos que fue el propio Moyano uno de los principales opositores a que el gobierno le otorgara la personería gremial a la CTA? y realiza alianzas estrambóticas con el trotskismo vernáculo y el peronismo residual, porque ya Daniel Scioli ha manifestado su alineamiento con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
No lo parece, pero Hugo Moyano está solo. Rodeado de, apenas, unos poco incondicionales y unos muchos impresentables. Y camina hacia una soledad mayor en cuanto continúe con su política de mantener a la sociedad como rehén de sus pretensiones y berretines presidenciales. Porque de eso se trata toda la cháchara moyanista: de una ambición desmesurada de poder. El inicio de la pelea con la presidenta no viene por un supuesto destrato de la presidenta ni por cuestiones ideológicas ni gremiales. Se trata de una disputa de poder desatada por las pretensiones desmesuradas del camionero. Según se sabe, tras una reunión en la que Moyano y Cristina habían acordado parte del armado de las listas, el ahora sindicalista opositor le habría querido imponer a la presidenta de la Nación y a todos los argentinos el nombre del vicepresidente de la Nación y del vicegobernador de la provincia de Buenos Aires. Automáticamente, la presidenta denegó y hubo un cruce muy fuerte de palabras. Por esa razón, se bajaron todos los representantes del sindicalismo de las listas kirchneristas. ¿Se imaginan cuál sería hoy la situación del gobierno si una veintena de diputados del Frente para la Victoria respondiera hoy automáticamente al tándem Magnetto-Moyano?

En los últimos días se lo ha acusado a Moyano de convertirse en un Augusto Timoteo Vandor. Nada más injusto para el "Lobo". El poderoso jefe de la UOM de los años '60 había sido un gran luchador durante la Resistencia Peronista que, cansado de pelearla, y con el conductor fuera del país e imposibilitado de volver ?el frustrado operativo retorno del '64, el golpe militar del '66-, interpretó que había que salvar a las organizaciones sindicales del ostracismo. Y pactó con la dictadura militar de Juan Carlos Onganía la ley que le permitió a los sindicatos armar el sistema de Obras Sociales más progresista de Latinoamérica. hasta que se convirtieron en un foco de corrupción y una caja política. Vandor con su estrategia de "Peronismo sin Perón" construyó hospitales, hoteles, policlínicos, sanatorios, mutuales para todo el movimiento obrero organizado. A cambio, traicionó a Perón y se alió a la Revolución Argentina. En mi caso personal, no comparto la metodología vandorista, pero debo reconocer que su asesinato puede verse hoy como una aberración política. Moyano no es Vandor.
Moyano no tiene a Perón en el exilio y sin posibilidades de volver. Moyano tiene a Perón en Argentina y en el gobierno: se llama Cristina. Proponer un supuesto kirchnerismo sin Cristina es una deslealtad inconmensurable con la estrategia vandorista. Porque cabe reconocer que tanto la viuda de Vandor, como sus hijos, no recibieron una abultada herencia proveniente, por ejemplo, de campos y empresas metalúrgicas o de transporte propias.
Dicho esto, el desafío de Moyano plantea una necesidad nueva para el kirchnerismo: reagrupar fuerzas políticas propias. El camionero le disputa al gobierno el campo sindical y la calle. El gobierno debería rearmar su base sindical y social y tener la capacidad de movilizar centenares de miles de personas en las calles de Buenos Aires. Para ello es necesario contener a los sectores más tradicionales del movimiento obrero organizado ?conocido como los Gordos? con políticas públicas e incentivos sectoriales y solidificar una alianza estratégica con el sector más interesante del gremialismo que es la experiencia del Movimiento de Acción Sindical Argentina sumado a la CTA de Hugo Yasky. Allí hay un espacio con un núcleo de coincidencias ideológico amplio con el gobierno nacional y dispuesto a manifestar su apoyo incondicional al gobierno, si les deja jugar adentro.
Sin duda los tiempos que se avecinan no son fáciles para el kirchnerismo. Tampoco son de un dramatismo extremo. Pero sí requiere de algunos esfuerzos. El gobierno debe convertir la virtud de la lealtad en el supremo principio de la creatividad para seducir a amplios sectores de la clase media con políticas y gestos sectoriales, contener y redirigir a los movimientos sociales y sindicales que pueden salir a disputar espacios de poder, pero también la calle.
Fuente: Infonews.