Miércoles, 21 Noviembre, 2012 - 18:17

El país y la región deben recuperar la economía productiva

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Resulta casi incomprensible que luego de un notable crecimiento que duró casi un lustro, no se haya logrado sostener un ciclo productivo.


Una política económica que permitió al país entre 2003 y 2007 generar empleo en un período de muy buena performance económica, con superávit fiscal y comercial, cambio competitivo, consumo creciente y control de la inflación, ha desaparecido.
Resulta casi incomprensible que luego de un notable crecimiento que duró casi un lustro, no se haya logrado sostener un ciclo productivo de acumulación y seamos hoy un país de oportunidades perdidas, con bajo crecimiento, pérdida del equilibrio fiscal y aceleración inflacionaria, sin capacidad de inversión pública en la infraestructura básica de transportes, energía y vivienda.
La gestión de la economía nacional en el marco de un dramático retroceso en la calidad democrática ha ido quebrantando la confianza pública, sin la cual no hay crecimiento ni desarrollo. También el gobierno nacional se ha ido concentrando en una perspectiva de muy corto plazo generando restricciones económicas descoordinadas e inconsistentes que retroalimentaron la caída en el nivel de actividad y la pérdida de inversiones.
Por ello, el marco conceptual económico viró desde lo productivo hacia un panorama donde priman la erosión cambiaria y la inflación por sobre la competitividad. Y donde las necesidades fiscales están generando cada vez más emisión monetaria afectando la estabilidad y las reservas del país.Hoy los principales estudios económicos advierten que si no se fomenta la inversión para aumentar la oferta de bienes y servicios, cualquier impulso a la demanda agregada solo generará más atraso cambiario y más inflación. En ese marco sería interesante diseñar algunas medidas que implican reformas impositivas en cuestiones relevantes como por ejemplo una reducción en la tasa de impuestos a las ganancias reinvertidas en las propias empresas, pagos a cuenta de una porción de los aportes patronales como parte de pago del impuesto al cheque y un porcentaje de las retenciones a las exportaciones a cuenta del impuesto a las ganancias.
Pero no alcanzan los parches para superar la situación actual. Se hace cada vez más indispensable cambiar la estrategia económica del gobierno con un nuevo programa económico y un cambio de expectativa interno y externo que nos permitan retomar con sentido estratégico contundentes medidas a favor de la inversión y el empleo.
Luego de haber desperdiciado uno de los mejores ciclos económicos que ha vivido el país en un siglo, necesitamos sostener la creación de trabajo manteniendo un rumbo que apuesta a la economía real y la generación de valor para no repetir los errores del pasado.
La destrucción de nuestro aparato productivo que nos llevó a la crisis de 2001 nos dejó la dura lección de lo que producción y trabajo significan para el desarrollo de un país. Debemos sostener por todos los medios la creación de empleo fortaleciendo el círculo virtuoso de la economía que conforman los salarios, la productividad, el mercado interno y la inversión.
Creo que la retracción y el ajuste fiscal no son las mejores recetas de una agenda para el desarrollo ni para paliar una crisis. Afortunadamente el país ha desarrollado un consenso de amplios sectores que reclaman profundizar y extender el compromiso de la producción, la agregación de valor, la inversión y la innovación.
Desde esas perspectivas, nos corresponde reclamar se atiendan las necesidades y potencialidades de la región y sus productos, con más valor agregado, mano de obra más calificada y menores costos para la energía y el transporte de nuestra producción.
Por citar algunos ejemplos entre las caídas de la actividad de mayor magnitud, se destaca la crisis de la carne con el cierre de 120 industrias frigoríficas. El retraso cambiario, precios máximos, cuotas y restricciones a las exportaciones y la mala administración de la cuota Hilton causaron daños graves al sector.
Costará restablecer los planteles ganaderos y recomponer una industria de más de 100 años que en los países vecinos como Uruguay, Paraguay, Brasil y Chile esta proveyendo importantes recursos a sus economías.
También la política de precios para el biodiesel excluyó a las empresas PYMES del sector que venían proveyendo el 50% de la oferta local de biocombustibles y ahora reclaman compensaciones al gobierno. El cambio de la política oficial no arrojó sino un beneficio mínimo para el estado, y para los consumidores fue nulo ya que el precio en los surtidores no disminuyó.
El gobierno comenzó a ajustar las cuentas públicas. Y el ajuste se inició con el freno a las obras públicas y las restricciones de las transferencias a las provincias que fueron la principal variable de ajuste y cuya evolución ?en lo que va del año- está por debajo incluso de la inflación del INDEC.
También nos duele destacar que algunas medidas económicas están complicando seriamente a los productores agropecuarios del interior, a todos los sectores exportadores y principalmente a las PYMES.
Debemos apoyar las pequeñas empresas porque son actores claves para el crecimiento, la distribución del ingreso y requieren políticas públicas específicas. Hay que entender que las diferencias de productividad entre los sectores y empresas radicadas en la región frente al resto del país, son una de las principales causas de nuestra desigualdad territorial y social. Sin estímulos adecuados para su crecimiento estará siempre comprometido el futuro de nuestra región.