Martes, 20 Noviembre, 2012 - 12:50

Dora, la boliviana

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

Dora nació en La Paz, Bolivia. Su mamá, la regaló, hoy una silla vacia.

Ya señorita se enamoró, de un morocho fornido, de amplia sonrisa que le ofrecía formar una familia, la suya, la propia, y Dora se casó. Poco tiempo duró su felicidad, porque este hombre aunque trabajador, era alcohólico y golpeador. Decidió huir.

Buscó primero trabajo y se refugió en un matrimonio argentino que temporariamente estaba viviendo en La Paz. Inició sus tareas de doméstica, cuando su flamante patrona, Elena, estaba por dar a luz a Belén.


Una vez concluida la labor que debían realizar sus patrones allí, debían regresar a Argentina, y fue la gran oportunidad para Dora, vinieron todos juntos para empezar una nueva gran etapa.

No vivieron en Capital Federal, se fueron al sur, Dora ayudaba a Elena con sus hijitos, que ya eran tres, la niña y los gemelos, ya que la docencia acaparaba parte del tiempo de Elena, y quedaban solos mientras, el señor Antonio se ausentaba de la casa por su trabajo.

Un día ocurrió lo inimaginable, el avión donde se trasladaba el señor Antonio se estrelló contra una montaña.

La noticia fue como un estruendo, superaba la imaginación. Dora y Elena se abrazaron casi formando una "cadena" con los tres niñitos. No habían palabras ni susurros, las lágrimas ahogaban el aire.


Fue cuando Elena dijo: "Dora ahora no sé como voy a seguir, no sé como me voy a organizar, si querés, buscá otro lugar donde ir." Y Dora, con su estampa erguida y respetuosa, con la voz entrecortada, tomando fuerzas agarrándose con las dos manos a su larga trenza, respondió: "No sra, me necesita más que nunca, yo me quedo con uds".


Así fue que la vida continuó. Regresaron a capital, se acomodaron en un nuevo departamento y el ritmo lo impusieron los chicos: la escuela, los encuentros de futbol, los cumpleaños, los bautismos, la primera comunión y todos marchaban al unísono.

El calendario fue tachando los días, y llegó el que Dora disfrutara sentada en primera fila de la iglesia del casamiento de quien tuviera en sus brazos : Belén, y luego ayudara a mudarse a los gemelos hechos hombres. Mientras había construido su propio mundo, y dibujado su destino: compartía con amigas de su país, que lo conservó en su corazón, aunque estuviera lejos.

Todo parecía haber encontrado un nuevo orden y hasta una nueva calma, pero Dora se cayó, y tuvo una fractura de cadera.

Luego de la operación, le acondicionaron su habitación y su baño, y entre todos atendían, a esta abuela adoptiva, que ya pisaba los 75 años.

No hace mucho, Belén, los muchachos y la sra Elena, rodearon la cama de Dora para que sople la velita de su torta festejando sus ochenta años.



La vida fue más llevadera con Dora, y la de ella ,feliz teniendo un lugar en una mesa.
El reconocimiento, nace del corazón, el "derecho" de las leyes.
Dora pudo tener las dos cosas.


La encontraron como dormida, con una dibujada sonrisa. ¿Se habrá ido soñando con su Bolivia?.

Ahora hay una silla vacía.
(*) [email protected]