Domingo, 18 Noviembre, 2012 - 09:53

Por Hernan Brienza (*)
El día de la victoria peronista

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Habían pasado apenas unos minutos de las 11:15
del viernes 17 de noviembre de 1972.

La puerta del avión Giuseppe Verdi de Alitalia se abrió lentamente. Bajo un cielo plomizo, una garúa incesante y un frío inusual para esa época del año, emergió la figura inconfundible de Juan Domingo Perón.
Vestido con un traje oscuro y una camisa blanca, comenzó a bajar la escalera. Miró a José Ignacio Rucci y Juan Manuel Abal Medina, que lo esperaban al pie, y pronunció, escueto y con su voz inconfundible:
?Señores, finalmente?Poco dijo Perón, es cierto. Pero estaba todo dicho: "Finalmente". Pero ¿qué significa esa expresión realmente? Podría decirse que "a pesar de todo, lo hemos conseguido".
O que "después de todo, lo hemos conseguido". O que "al término de todo, lo hemos conseguido". Son matices, pero cada uno de ellos tiene su propio sentido. ¿Se trata de la celebración del esfuerzo, de la paciencia o de esa mezcla extraña de voluntad y destino que suele ser la historia (así en minúscula)?
La vida política se llevó puesto al 17 de noviembre de 1972.
Después vendrían jornadas felices y terribles como el 11 de marzo, el 25 de mayo, el 20 de junio, el 23 de septiembre, el 25 de septiembre, el 12 de octubre de 1973, el 1 de mayo y, "finalmente", el 1 de julio de 1974. Después vendrían las alegrías y los enfrentamientos, los intentos por reconstruir un país con un sistema político devastado, los fracasos, los asesinatos cruzados y el gran desencuentro entre peronistas de un lado y de otro.
Sin embargo, aquel 17 de noviembre "había puesto fin" a una época de persecuciones, prohibiciones, encarcelamientos, ostracismos, fusilamientos, torturas, vejaciones.
Ese es el día de la victoria peronista frente al intento del liberalismo conservador y el partido militar de intentar borrar por completo de la faz de la tierra al movimiento más complejo, más contradictorio, más heroico, más barbárico y más civilizado de la historia argentina.

Y venía con un solo objetivo: unir a los grandes movimientos nacionales, populares y democráticos ?el Justicialismo, la UCR, intransigentes, desarrollistas, izquierda nacional, etcétera?, no en una alianza boba y desideologizada sino para impedir que el Liberalismo Conservador, el Partido Militar y la Cancillería estadounidense ?con el inefable Henry Kissinger desde 1973? pudieran hacer las tropelías que ya estaban haciendo en el continente: golpe en Uruguay, en Bolivia y en Chile, por ejemplo.
Por suerte o por desgracia, según como se mire, la historia no tiene "finalmentes".
Es cierto, uno podría quejarse y patalear, y pedir un buen director de cine para convertirla en una comedia dramática de final feliz, pero lo cierto es que la historia es una continuidad de "finalmentes", de "inicialmentes" y de "sucederes".
Perón en algún punto lo intuía. Pero también sabía que para que su movimiento dejara de ser una colección de inicios esperanzadores y finales abruptos debía apostar a las continuidades y a trasvasamientos generacionales.
la política es un conjunto de ideas y convicciones, pero también un conjunto de saberes prácticos. Pero hasta 1972, y durante varias décadas más, esa conjunción había sido imposible.
Repasemos:
1) El Peronismo fue tronchado entre 1955 y 1973. Esos 18 años de prohibiciones e imposibilidades impidieron que ese movimiento se regenerara. Era imposible la educación política, técnica y estratégica de sus militantes y cuadros que estaban más ejercitados para meter caños, hacer actos relámpago, correr delante de la policía y soportar torturas que diseñar políticas y gestionar. Cuando Perón regresó al país no tenía cuadros políticos entrenados en la gestión y debió recurrir a los viejos dirigentes o a los que, entre los jóvenes, le inspiraban mayor confianza pero no tenían experiencia de ser gobierno.

2) Entre 1973 y 1983, el Peronismo vio saqueados sus cuadros y militantes, primero, en una lucha intestina insufrible e innecesaria ?sólo comprendida por el nivel de violencia a la que había sido sometido el propio peronismo durante 18 años? y, segundo, por la brutal y asesina dictadura militar que segó la vida de miles de militantes y cuadros, al menos, preparados para el análisis y la lucha.
En 1983, con el regreso de la democracia, se quedaron en la primera plana del Peronismo los mismos que ya en 1973 habían sido viejos.

3) En 1987, el fallido intento de la Renovación Peronista encabezada por Antonio Cafiero, pudo dejar a un lado a "los mariscales de la derrota", como los llamaba una jovencita irreverente y todavía peronista y todavía de izquierda llamada Patricia Bullrich. El aparato político del Justicialismo comenzaba a tener experiencia de gestión en municipios y gobernaciones pero llevaba 13 años fuera del poder y el gobierno nacional cuando, en 1989, Carlos Menem llegó a la presidencia. Cafiero apenas pudo comenzar un "inicialmente".

4) El menemismo tuvo varias particularidades en términos de formación de cuadros y militantes. Convencido de que se trataba de un "finalmente definitivo" (el fin de la historia), produjo varios fenómenos: a) que la élite dirigencial del partido estaba formada por hombres y mujeres ávidos de asaltar los resortes del Estado, b) un brutal retroceso de las ideas que formaban históricamente el cuerpo doctrinario del movimiento, c) la elección de cuadros formados en el neoliberalismo conservador para gestionar el Estado.

5) Cuando el kirchnerismo llegó al poder y comenzó a dotar de políticas más cercanas al cuerpo doctrinario del Peronismo histórico se produjo un ensamble "natural" entre antiguos cuadros provenientes del menemismo con experiencia en gestión pensados desde el neoliberalismo, cuadros experimentados en gestiones provinciales, antiguos dirigentes o cuadros desplazados por el menemismo y, ya desde 2007, cuadros jóvenes modelados exclusivamente por la experiencia del peronismo kirchnerista.

El Peronismo se merece un debate profundo sobre su naturaleza, su presente y su destino. No me refiero a un Congreso Supra-Recontra-Extraordinario para "declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo de franca distensión que les permita hallar un marco previo que garantice unas premisas mínimas que faciliten crear los resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz de este a oeste y de sur a norte, donde establecer las bases de un tratado de amistad que contribuya a poner los cimientos de una plataforma donde edificar un hermoso futuro de amor y paz", como diría Joan Manuel Serrat. Sino a un verdadero debate en las bases, en los cuadros medios y en las conducciones que tienen la responsabilidad de seguir transformando el país. Y la pregunta de fondo es, ¿el Peronismo será revolucionario, trasformador o será sólo una máquina de administración de dominación?

El Peronismo kirchnerista suturó algunos huecos respecto de aquel gobierno peronista: el actual modelo nacional encuentra sus raíces en el Plan Social del ministro José Bel Gelbard, el No al Alca, en la fractura del levantamiento del bloqueo a Cuba, en 1973, el intento de acuerdo entre Perón-Balbín, en la transversalidad fallida, la paritarias actuales en las leyes de trabajo del '73.
No son detalles, son pilares: Economía, Relaciones Internacionales y construcción de identidades pluripartidarias. A pesar de algunas desaveniencias ideológicas, hay más puntos de contacto entre el tercer Perón y el kirchnerismo que entre aquel Perón y el menemismo o el macrismo, sin lugar a dudas.

El Peronismo tiene hoy un desafío aún mayor: fracturar la historia, construir, reconstruir, fundar, requiere de un coraje fuera de lo común sin dudas. Pero si hay al algo que demanda un esfuerzo extraordinario es mantener, mejorar, profundizar lo construido. Posiblemente sea una tarea silenciosa, sin tanto brillo, pero es allí donde se juega la existencia de un movimiento político en la historia de un país. Y en su capacidad de trasvasarse generacionalmente. No es en los inicios o en los finales donde se juega verdaderamente la identidad. Es en el suceder.

Fuente: 
InfoNews