Sábado, 17 Noviembre, 2012 - 17:58

La necesaria movilización este 10 de diciembre

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La movilización del 8 de noviembre tuvo una concurrencia masiva en todo el país.

Contó con una composición heterogénea, abrumadoramente de sectores de clase media, con todos sus matices, y con reclamos contradictorios.
La convocatoria a esta movilización fue una de las mayores estafas políticas habidas en el país en años. Convocada y financiada desde las sombras por los peores enemigos de la clase trabajadora y del pueblo pobre.
Episodios oscuros fogonearon la protesta el día previo, como el apagón que durante horas afectó a la mayor parte de la Capital y zonas sur, el paro sorpresivo de la Línea Sarmiento de trenes por un rumor falso de impago de salarios, que también provocó un importante malestar en los usuarios.
La protesta del 8N fue cuidadosamente diseñada, organizada y convocada durante semanas a través de las "redes sociales" tales como Clarín y sus 300 medios de prensa, radio y TV; diarios reaccionarios como La Nación y Perfil, los aparatos partidarios del PRO, la UCR, la derecha peronista, el FAP de Binner; las patronales agropecuarias Sociedad Rural y Federación Agraria, las burocracias sindicales .Durante semanas la movilización fue convocada en las calles de todo el país por medio de afiches sin firma, pagados y pegados en las paredes por "no se sabe quién", con spots publicitarios en webs en castellano de Argentina, América Latina, España y EEUU también financiados por "no se sabe quién". "No se sabe quién" adoctrinaba desde esas redes sociales sobre las consignas a agitar, sobre cómo ir vestidos a la protesta, sobre con qué medios se podía hablar o no en las movilizaciones. Y sobre todo, "no se sabe quién" eligió en cada ciudad el lugar a dónde se debía concurrir para concentrarse y marchar. También el mismo día de la marcha hubo decenas de micros y "combis" privadas llevando gente a Capital pagados por "no se sabe quién".
La protesta fue impulsada por un amplio sector de la burguesía abiertamente enfrentado al gobierno (las grandes patronales, latifundistas y monopolios mediáticos) y la oposición de derecha, que trata de debilitar al gobierno de Cristina con el objetivo, a corto plazo, de que gire a la derecha; y, a mediano plazo, tratar de llevarlo al máximo descrédito para forzarlo a renunciar. La progresividad de una protesta no la mide su masividad, incluso aunque haya un componente importante de trabajadores, que no fue el caso. Es necesario tener un punto de vista de clase que nos diga quién está detrás de la movilización, cuáles son los reclamos principales y qué objetivos se persiguen.
Independientemente de la masividad de la protesta es claro que fue la oposición de derecha quien la organizó y financió, y que el objetivo era desacreditar el gobierno para instalar una alternativa política a su derecha en la conciencia popular. En ese sentido, aquellos sectores que dicen hablar desde el campo popular, como el FAP y Proyecto Sur jugaron un triste papel apoyando la movilización lo que muestra que desertaron completamente del campo popular, jugando en los hechos el papel de furgón de cola de la burguesía. Reclamos típicos de la clase media reaccionaria movida por su gorilismo y su odio fanático al gobierno, repitiendo como loros los títulos de Clarín: contra la corrupción del gobierno, libertad de expresión, rechazo a la Corte Suprema, no queremos alimentar a vagos, etc.Fue una maniobra de manipulación de masas, por parte de la burguesía y de la derecha.El gobierno también tiene una altísima responsabilidad política en haberle habilitado tal nivel de juego a la derecha, luego del cacelorazo del 13 de sept. y de la protestas de prefectos y gendarmes, quedaba claro que la reacción había puesto en pie un gran complot para desestabilizar al gobierno. En ese momento había que ganar la calles y movilizar activamente a las bases populares de apoyo al gobierno, y a los trabajadores en general. Pensamos que inmediatamente después de iniciada la protesta de gendarmes y prefectos se debió convocar a una gran movilización popular en todo el país en defensa de los derechos democráticos y contra los intentos desestabilizadores. Esto debió ser seguido con otra gran movilización popular para conmemorar el 2º aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner, el 27 de octubre, con una movilización masiva a Plaza de Mayo y a las demás plazas del país, que habría tenido un eco tremendo.
Se debió escuchar al sentir de las organizaciones sociales, cuyo contacto directo con las bases garantiza la fuerza para impulsar la profundización. La debilidad siempre invita a la agresión. La oposición ya está movilizada y va por todo. Es una ley social que cuando la clase obrera abandona la escena es la pequeña burguesía la que ocupa su lugar. Y ha sido la pequeña burguesía, confusa, inestable y manipulable la que arrastró detrás suyo a una franja limitada de trabajadores este 8N que, a su manera, también quiso expresar sus reclamos.Pero el gobierno se equivocaría si pensara que todo el malestar social que afloró este 8N ha sido inducido por Clarín. Hay un malestar real porque hay problemas reales. Es cierto que hay una franja importante de suba de precios atribuible al egoísmo patronal, pero la respuesta debe ser expropiar esos monopolios formadores de precios y establecer comités populares de vigilancia de precios para denunciar subas abusivas. La inseguridad se combate atacando centralmente al narcotráfico que mata a nuestros pibes y que se nutre de la corrupción policial, que hay que depurar hasta sus últimas consecuencias.. Hay que abolir, de una vez por todas, el impuesto a las ganancias sobre los salarios, comenzando por una suba inmediata razonable del mínimo no imponible. Hay que reestatizar el sistema ferroviario y el subte y nutrirlos de inversiones masivas para tener un sistema de transporte digno, y subir los impuestos a los ricos y a los grandes monopolios que evaden impuestos (agroexportadores, mineras, etc.) para compensar los menores ingresos y para sostener y ampliar el gasto social. De lo que se trata es de dar una señal.
Hay que responder al desafío de la oposición de derecha con medidas de gobierno como las que hemos señalado; pero también retomando la movilización popular. Habría que lanzar de inmediato una gran movilización, bien preparada, para el 10 de diciembre (Día de los Derechos Humanos y aniversario de la asunción del gobierno). Hacer una convocatoria amplia y masiva que dé respuestas a las aspiraciones de de trabajadores y sectores populares. En defensa del gobierno frente a la arremetida de la derecha, sí, pero también para dar avances decisivos en las condiciones de vida y de trabajo.En modo alguno se trata de rivalizar en números. Los sectores que se movilizaron, si bien importantes, fueron en una gran parte los sectores más inertes de la sociedad, inconstantes y vacilantes, importantes en número pero que tienen un peso social secundario: clase media heterogénea.No son comparables, ni en número ni en peso social, a los trabajadores y sus familias, y carecen de su vitalidad, su voluntad de lucha y su espíritu de sacrificio.Por el contrario, el gobierno tiene un apoyo popular más sólido y firme. Sólo hay que mandar una señal clara, responder con la movilización popular y avanzar en nuestros derechos sociales y democráticos. La movilización popular de diciembre debe ser esa primera señal.

(*) DNI 17.059.839. STA MARIA DE ORO 1460