Sábado, 17 Noviembre, 2012 - 12:52

A los 84 años, se recibió de abogada para poder "ayudar a los pobres"

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Retomó los estudios a los 70 años para hacer la secundaria nocturna. Luego encaró el CBC y siguió con abogacía.

Hubo un momento en la vida de Adriana Altamirano de Pedreira que todo
era vacío. Ese presente obnubiló su futuro, la plantó como quien se
para en el borde de un precipicio y cierra los ojos y lo que hay, lo que
siente, es la nada. Tal vez al tocar fondo, esta mujer que hoy sonríe y
revolea el diploma en las célebres escalinatas de la Facultad de
Derecho, transformó su vida en un presente constante, se despojó del
porvenir para conquistarlo.A los 84, ayer se convirtió oficialmente en abogada egresada de la UBA
.
Recibió el diploma rodeada de aplausos y de chicos y chicas que
podrían ser sus nietos pero fueron sus asombrados compañeros. "Soy
abogada porque quiero ayudar a los pobres", se presenta.
Sin el
soporte emocional con el que suelen contar quienes tienen hijos, a
Adriana le costó, pero finalmente llenó con el estudio y el conocimiento
el hueco de una pérdida demasiado movilizante. "Resulta que se murió mi
esposo, éramos muy compañeros", introduce, con un acento correntino que
resiste a la cotidianidad de décadas porteñas. Fue en 1992. Ella tenía
64 años. "Me sentía muy sola y fui al médico. Me dijo que fuera al
hospital de niños a ayudar para sentirme bien. Yo veía a esos chicos sin
plata, iba con 100 pesos de aquellos años y volvía sin nada y volvía
peor. Me hacía peor". Entonces con su médico pensaron qué le hubiese
gustado hacer de no haber conocido ni amado a su esposo Waldemar como
para dedicarle la vida entera. "Me hubiese gustado estudiar, pero los
hombres se van donde los atienden mejor, así que me quedé con él",
sonríe, y se acomoda el pelo negro a lo Mafalda.
Ella quería ser abogada, pero sólo había terminado la primaria
. Así que al borde de los 70 arrancó de nuevo. Hizo tres años de
secundaria en turno noche, luego un año de CBC y finalmente la carrera,
que terminó en seis años.
"Yo soy abogada para pobres. Siempre vi
la gente que no tenía nada. Siempre hay alguno medio ligero que les hace
cosas que no debe.Yo voy a ser abogado de pobres, no para explotarlos . Esa fue la intención mía, y más para distraerme y salir de la casa", cuenta. Adriana
quedó, como ella dice, "solita". Así que el tiempo que le entregaba a
Waldemar se lo regaló, todo, entero, a aprender y estudiar. "Yo tenía
todo el tiempo dedicado a eso, me limpiaba el departamento el sábado, y
el domingo lavaba ropa.
Pero en la semana iba a la Facultad y enseguida
que llegaba ya repetía. Usted, si tiene chicos, le obliga a repetir lo
que hizo ese día, hasta que aprende bien. Porque si deja para otro día
no aprende nunca más", aconseja. Eso le hace acordar la sorpresa que les
generaba su dedicación y esfuerzo a sus nóveles compañeros de cursada:
"Es que los chicos tienen la novia, y también esa Internet que
inventaron ahora".Como abogada, se describe sin modestia: "Siempre me gustó el derecho. Soy muy competente, muy derecha.Si a mi me dan un juicio creo que lo llevo ". Reconoce que quisiera tener su estudio
y tiene claro quiénes serán sus defendidos: "Los pobres siempre piden
un abogado y siempre viene algún vivo que les sacan lo poco que tienen.

Fuente: Clarín