Jueves, 15 Noviembre, 2012 - 14:45

Análisis sobre el 8N
La política de la antipolítica de la oposición permanente

De nueva cuenta la derecha está en la calle. La manifestación del 8 de noviembre en las plazas de diversas ciudades del país es vino viejo en odres nuevos.

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No hay que asombrarse de que las fuerzas que son orientadas por el bloque de las clases, capas y aparatos dominantes se pongan a recorrer las calles. Esa acción certifica que el gobierno representativo del pueblo marcha en dirección contraria a los intereses de aquél.
Hubo Plaza de Mayo contra Irigoyen en el golpe de 1930. Hubo Marcha de la Constitución y la Libertad contra Perón en 1945 y Procesión de Corpus Cristi en 1955, también contra Perón. Hubo Plaza del Sí a favor de las privatizaciones de Menem. Hubo complejo 2001 donde el hambre marchaba al lado de la avaricia verde en el derrumbe del sistema. Hubo Marcha Bloomberg contra Kirchner y, por último, hubo ruralismo indignado en el 2008.
Lo que popularmente se denomina "oligarquía" orienta y conduce sectores medios y, a veces, aún populares, no hay que asombrase de ello. Y, en una sociedad poblada de clases medias, la pelea del movimiento popular es tanto superar el número del adversario cuanto dividirlo, procurando recuperar o conquistar a los confundidos, tibios, temerosos o, simplemente, ignorante de los derechos conquistados pese a su inconciencia.
56 + 46= Argentina, rezaba un elemental cartel en la marcha cacerolera. Confusión: el 56 % es el voto popular, complejo, diverso, plural, contradictorio, pero unificado -como en toda acción de masas? por un liderazgo (Cristina), un programa de realizaciones explícito, una esperanza colectiva y el rechazo orgánico a lo dominante.
El 56 es uno, el 46 es diverso (Alfonsín, Binner, Carrió, Duhalde, Altamira y ¿había algún otro?). La cuestión que lo afecta es que debe unificarse (problema de ellos), como lo hizo tardía y fracasadamente en Venezuela este año y ahora lo intenta en Bolivia con destino al 2014.
El 46 se dice anti político y es anti partidario, porque es anti colectivo, anti solidario. Pese a su retórica democrática es el enemigo del sistema de partidos y organización, porque la organización que exalta profundamente es la del mundo del capital, pese a la retórica aguada del progresismo triste que persiste en firmar solicitadas junto a derechistas de la dictadura procesista, liberal-conservadores abiertamente reaccionarios y políticos de la centro-izquierda tibia.
La dictadura directa y la democracia proscriptiva fueron herramientas del pasado. Ahora, sin el descarte estructural de aquellas dos, se suma al arsenal destituyente de procesos populares, la demolición progresiva, el golpe financiero (que se llevó a Alfonsín), que se estructura sobre la coalición de movilización impulsada por el nuevo universo mediático de televisión universal, 24 horas sobre 24.
La línea oligárquica (o del bloque dominante, para darle más precisión política) siempre desconfió de las institucionalidad parlamentaria, aunque su retórica le dio pátina de legitimidad suprema siempre que pudiera dominarla con una mayoría construida sobre el fraude o la proscripción o desecharla, simplemente, si las papas quemaban para sus intereses.
Para el bloque dominante la institucionalidad es no modificar nada de las instituciones del capital, del poder, de la comunicación y de la represión. Pide que el ganador llame cortésmente al perdedor y nunca al revés, y -por supuesto- que la victoria popular, cuando sucede luego de grandes esfuerzos, se mediatice por el diálogo y el consenso para jibarizar el programa triunfador.
Siempre han dicho que son representativos y que la plebe, la mersa, los negros, "no deliberan ni gobiernan sino por medio de sus representantes y que toda reunión de fuerza armada constituye delito de sedición". Claro, porque las armas como decía Lanusse "no las tenemos de adorno" y las "tenemos nosotros", dixit, Roca, el citado general de ganadería y Videla.
La multitud en protesta es desechada. Pero cuando han perdido los comicios y el Ejecutivo y el Legislativo y solo tienen colonizado la mayoría del Judicial, recuperan el gusto por la calle, por aquél que dijo con palabra sin par Borges. Cuando el escritor descubrió en la Plaza San Martín de la oligarquía del ´45 que "una manifestación popular podía no ser innoble".
Los que se cansan de hablar de la "democracia sin adjetivos" en contra del populismo, ahora hablan de "democracia mínima", de "democracia de orígenes" pero juzgada por su "desarrollo".
En lugar de esperar su turno en el 2013 y en el 2015, salen a la calle para exigir que las políticas votadas sean canjeadas por las vencidas y por cuenta de los propios vencedores o que sino que cambie aquella vencedora del 54 % a sus ministros o que ella misma se tome el buque.
¿Que les pasaría si tuviéramos en la nación transplatina una Constitución del admirado Uruguay que realiza comicios cada cinco años, todos ellos juntos los del Ejecutivo y del Legislativo?
Debemos defender nuestra agenda, repasar nuestros logros, defender nuestro espacio, explicando en las calles, sindicatos, universidades, lugares de trabajo y diversión, en medios grandes y pequeños, y en la gran batalla electrónico de correos, páginas, facebook, twitter y ainda mais, cada sentido de nuestro proyecto.
Si hay un problema de candidato presidencial, lo tiene el bloque dominante que no ha podido utilizar ni las primarias abiertas democráticas instauradas por nuestro gobierno para lograr ese objetivo. En nuestro caso ya tenemos candidata y si no puede ser, lo será quién sea con tal de que la línea transformadora siga. La Constitución sobre todo la deben cumplir sus violadores seriales y el pueblo argentino la puede cambiar- y eso lo escribió hace muchos años el conservador Alberdi- en el todo y en las partes, en cualquier momento el pueblo argentino.
Sucede hoy en la extensión de la Patria que las modificaciones a favor de los intereses ciudadanos, de la nación industrial, y del poder político soberano afectan intereses y solo mediante la lucha política se las puede construir. El consenso, es decir el acuerdo de absolutamente todos, constituye la imposición de la minoría que tiene todos los controles de acceso a los programas de gestión de la sociedad.
Hay algunos que siempre pensaron en el afuera como la panacea y el adentro como un caos decadente pero que hoy tienen que mirarse en los suicidas españoles echados de sus viviendas por las exacciones brutales del capitalismo bancario o en los portugueses que emigran de a miles no a Miami, sino a la Angola denigrada por ser territorio morenista? y negro.
Que un país recupere su moneda, después de décadas de sometimiento al dólar, es decir, al capital internacional dominante, es difícil, tiene su precio, bastante menor por cierto a las violentas recetas del ajuste neo liberal.
Que un país luche para lograr ocupación y derechos en el trabajo origina costos para la dominación.
Que las personas organicen sus cuerpos y su sexualidad con libertad genera el odio de los represores del amor que, a diferencia de los que quieren liberar, no buscan imponer ni gustos sexuales, ni géneros, ni modelo único de familia.
Que la sociedad se laicice, es decir que no organice un solo pensamiento, una sola valoración de la realidad, una sola religión o una única filosofía, genera la reacción de los institucionalistas de la religión única y del pensamiento único como religión.
Que las Fuerzas Armadas sean formadas en la subordinación al poder político, es decir la soberanía popular, indigna a quienes buscan- no el autogobierno imposible por otra parte de aquella- sino su dirección por los gurúes ideológicos y los textos e imágenes sacralizadas de los ultra reaccionarios que custodian los depósitos del poder y los privilegios, para defenderlos al costo de la masacre de los ciudadanos pobres y rebeldes.
Es la hora de la firmeza, de la serenidad y de la paciencia, virtudes que pueden parecer encontradas pero que se conjugan en la inteligencia crítica y en la práctica social intensa.
Hay que poner los temas en debate, con información, reflexión y alegría. Afrontar las mejores polémicas siempre que se garantice un ámbito adecuado. Hay que evitar la violencia y el agravio. Pero no hay que retroceder en las discusiones y en los principios.
Hay una razón de pueblo que enfrenta la enorme crisis mundial del capitalismo en un recorrido nacional que también tiene carencias materiales, errores tácticos, postergaciones.
Hagamos ver de donde venimos, que estamos haciendo y adonde nos dirigimos y, sobre todo, adonde iríamos a parar si la movilización del bloque dominante, es un decir, se impusiera. Pero la dirección a la que vamos es la contraria.
(*) Profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. Responsable de comunicación del Frente Grande.