Domingo, 11 Noviembre, 2012 - 09:00

Semana de la indignación

Diálogo entre carteles y políticos. La leyenda del pueblo en marcha.

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042
Paráfrasis y ultimátum argento. "Cristina, con la Constitución no se jode", decía uno de los carteles que los indignados del 8N resistenciano batieron la noche del jueves. Quería dejar testimonio de que ese (el texto de la Carta Magna) es el límite de la tolerancia ciudadana, no podría precisarse si en el mismo sentido en que lo fue Famatina hasta que dejó de serlo. En otro cartel se leía un genérico "No a la pobreza", y otro rezaba "Fútbol y Hambre para todos". Un pasacalle enumeraba: "No a la Re-Re, No a la inseguridad, No a la inflación; por un futuro mejor para todos".
Un insondable "Justicia para Tatiana" se vio en las manos de una señora que habrá pensado que el garantismo y la libertad condicional de los psicópatas definen al kirchnerismo. Hubo también alguna advertencia fronteriza ("Si no hay Justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno") y la síntesis más astuta: "Democracia, República, Constitución", sin sintaxis propositiva: palabras fuerza.
Como Cristina Fernández ganó con el 54% en una elección transparente dentro de lo que pueden serlo los procesos electorales en Argentina, es difícil imaginar que la democracia (y los mecanismos constitucionales para garantizarla) sea algo que el gobierno nacional desconozca. Más bien es su fuerza y la muletilla del 54% lo confirma. Y dado que no hay provincias secesionistas ni estados beligerantes ni distritos intervenidos, y que los gobernadores del signo que sean fueron votados por sus ciudadanos, es evidente que también hay República. Pero claro, hay crisis y no hay oposición.
Consignas. Más que una inquietud genérica, el rechazo a la Re-Re está destinado a Cristina Fernández; es también el lema más sencillo que pudo articular una oposición política descoyuntada, como un estertor, y que la oposición empresarial se encargó de difundir. Lógico: si todavía no saben cómo organizarse para pelearle una elección a CFK sería un suicidio que se prestasen a su posible perpetuación en el poder por la vía de la reforma constitucional.
Detrás, claro, está el debate "serio" sobre las escalas en que debería ser posible más de una reelección. La mayoría sostiene que en las pequeñas intendencias, donde los vecinos tienen control directo sobre lo que hace o deja de hacer el jefe comunal, es positiva la continuidad de una gestión porque es sencillo ponerle fin, pero que en escalas mayores el clientelismo y la corrupción crecen en tanto se cristalizan los aparatos; sería el caso de Formosa. O el de Córdoba con la triple gobernación de Eduardo Angeloz (Córdoba, hoy por hoy, tiene varios intendentes que van por su tercer y cuarto mandato, y cuatro que van por el sexto, radicales y peronistas). En Chaco también hay ejemplos: "Tito" Dolce, peronista que no ha saboreado el polvo de la derrota en las urnas, en un distrito que regido por la Ley Orgánica de Municipios no limita las reelecciones, y Aída Ayala en Resistencia, que va por su tercer mandato (la Capital tiene Carta Orgánica propia pero tampoco las limita). En ninguna de estas localidades hubo marchas clamando por el No a la Re Re de sus intendentes.
En cuanto a la eternización de Cristina Fernández, la crítica pedestre indica que el problema no es la Democracia ni la República ni la Constitución: el problema es que hay un 54% de víctimas del sistema clientelar que está dispuesto a convivir con la inseguridad y la corrupción con tal de no perder "el plan". En ese esquema mental prevalente, en esa visión de clase, la Asignación Universal por Hijo no es distribución de la riqueza sino clientelismo feral bancado con la plata de nuestros impuestos: una disfunción, una alteración metabólica. Si la clase media fue cooptada por el "voto cuota" menemista, que no se repita ahora con las madres de siete hijos de la periferia. ¿Qué democracia puede haber si la legitima la gente que vota con el estómago?, dice la gente que vota con el bolsillo.
Hipérbole. A diferencia del más específico "Basta de inseguridad", el pedido de "Democracia, República, Constitución" no es un mensaje estricto sino un capital simbólico que todos reclaman para sí. Esa apropiación que salvando las distancias también se vio durante el lockout agropecuario que derivó en la 125, explica la necesidad de cantar el Himno cada ciertos minutos o recordar que "Si este no es el pueblo, el pueblo dónde está".
La Gran Nelson Castro. En estricto porteño, los Jorge Asís cuera se permitieron la comparación desmedida entre el 8N y "las plazas Tharir de la Argentina". Cuando un presunto escriba de su redil compara a Cristina Fernández con Hosni Mubarak y sus 40 años de dictadura, vomita insensatez. Por suerte ningún indignado de Resistencia se plegó a semejante pensamiento, aunque sí, nos cuentan, lo hicieron en Roque Sáenz Peña.
No obstante lo dicho, el que suscribe no coincide con el moderado desdén de Jorge Capitanich al insuflar carácter de "inducida" a la movilización del jueves, como si las marchas militantes no lo fueran, como si eso les quitara, a unas y otras, legitimidad. Sí estaremos de acuerdo en que a las corporaciones no las elige nadie, y que éstas se las apañaron para agitar el 8N. Pero el problema de esta marcha no fue la inducción vía redes sociales y televisión por cable sino el carácter crítico de sus postulados, que apunta a radicales, peronistas y vecinalistas; a gobernantes de todo pelaje. Más que los mensajes golpistas o "anarquistas", ¿son identificables y tienen una vía de solución algunas de las consignas escritas con fibrón sobre cartulinas blancas?
Lindo disparador: ¿hay solución? Es justo donde se encuentran y rechinan los "modelos", como el de Brasil, que prioriza el cumplimiento de las metas de inflación y subordina a éste el crecimiento del PBI, con el desarrollo productivo con equidad propuesto por CFK, de cuestionable éxito porque no tiene metas inflacionarias. ¿Y cuál es la solución para la inseguridad, pues? Siempre asumiendo que el delito desciende cuando hay pleno empleo, ¿habrá que poner los servicios públicos en manos privadas, más todavía, y transferirles a las empresas recursos y habilitar obras de infraestructura y promociones industriales para que se vislumbre el círculo virtuoso que termine con la desocupación? ¿Acaso no es lo que se hace, a los tumbos pero se hace? ¿O el modelo es entrar a las favelas a tiro limpio en vez de alardear con los "derechos humanos para las lacras"? No importa la hipótesis de este cronista. Cada quien lo sabrá para sus adentros.
Sorpresa. Al día siguiente los aludidos reflexionaron sobre la marcha. Todos coincidieron en que fue numerosa y en que las críticas no fueron sólo para el oficialismo, y por lo que se leyó parece que ninguno aprendió nada.
En la oposición tal vez el macrismo salió mejor parado que el resto. Los del PRO vieron en el estilo sanamente panfletario un racimo de demandas que ellos también tienen (todavía creen que hacen política desde el llano, incluso en el gran distrito que gobiernan, y que no los votaron para dar respuestas sino para escuchar a los vecinos) y esperan que sus gestos (tweetear como locos y poner, en Buenos Aires, vehículos y altoparlantes para reforzar la emotividad de la marcha) sean reconocidos. Pero si su estilo los identifica con una parte del reclamo, su linaje tiene el techo ideológico que en la Argentina sólo pudieron romper las fuerzas armadas. Eso sí, en Resistencia no hubo camionetas del PRO.
Más responsables porque gobernaron, gobiernan y son concientes de ello, el radicalismo balbuceó y el FAP frunció el ceño. Era el precio que pagaban por saberse parte del problema y no tener respuestas a la mano. Una ganga si se toma en cuenta que el principal objetivo del 8N era sacudir la estantería del kirchnerismo.
Así pasó y dejó su huella un fenómeno de masas en el que la agitación virtual de las redes sociales y el descontento ciudadano se encontraron en civilizado maridaje. ¿Qué importa que TN haya soliviantado a "la gente" y que C5N se haya llevado una trompada de regalo? Lo que importa es que el espacio público ya no le pertenece sólo al kirchnerismo (?) ni a los piqueteros que hostigan al kirchnerismo, sino también al ciudadano que trabaja y paga sus impuestos, y espera respuestas. Pronto. Cuanto antes. Please.

(*) De la Redacción de Diario Chaco.