Viernes, 9 Noviembre, 2012 - 18:22

Nosotros los tilingos

El diputado de la UCR se refiere al cacerolazo nacional del 8N.

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En estas últimas semanas he escuchado desde diversos sectores calificar a quienes participaron de esta marcha conocida como el 8N de responder a "grupos mediáticos concentrados", de ser ciudadanos de "una ideología política determinada", de "insatisfacción de algunos grupos o sectores" y lo insuperable: las expresiones del piquetero oficialista Luis D? Elía llamándolos "tilingos". Con la misma intención de tirar un manto de sospechas sobre lo que considero un legítimo reclamo popular, escuche preguntar: ¿Quién convoca a la marcha? Y exigir: ¡Que den la cara!
Contrariamente a sentirme desafiado por tales expresiones, me invadió un sentimiento de enorme tristeza y desesperanza, porque aunque pertenezcamos a la oposición, aunque no hayamos votado a quienes hoy nos gobiernan, son eso: los que nos gobiernan, todos ellos elegidos legítimamente por el voto mayoritario popular y por lo tanto merecen nuestro absoluto respeto. Los que parece no haber entendido ese principio republicano son nuestros gobernantes, de comprender que esa relación debe funcionar en el marco del sano equilibrio de saber que la ciudadanía, los que los votaron y también los que no lo hicieron, merecen ser respetados y escuchados.
Sin embargo el discurso oficial utiliza un lenguaje cargado intolerancia, soberbia, connotaciones ideológicas y prejuicios que fortalecen la formación del "enemigo" en el interior de una sociedad. Ya a lo largo de la historia hemos presenciado cómo a través del lenguaje se ha inducido a los individuos a actuar de diferentes formas, incluso intolerante frente a quienes representan la diferencia, quienes inmediatamente son catalogados como opositores y que lo opuesto es lo que genera desorden y violencia.
Entonces ante la inquietante pregunta que una y otra vez lanzaban desde los sectores oficialistas sobre los orígenes de la convocatoria debemos decirles que fue eso precisamente lo que los reunió: el modelo gobernante. Millones de argentinos que quieren vivir en paz, que rechazan la violencia en todas sus formas, que durante años soportaron la utilización de ese lenguaje hasta humillante en el marco del respeto al sostenimiento esa democracia que cumple 29 años y mucho sufrimiento nos costó. No escuché pedir se vayan, al contrario, pedían que se queden y cumplan hasta el último día del mandato que les ha otorgado el pueblo, pero que lo hagan escuchando y respetando a todos.
El triunfo no les da derecho a recurrir a la mentira sistemática, a prometernos una reparación histórica que nunca llega, a burlarse de la gente diciendo que la inseguridad es un invento, a decirnos que no hay inflación, a desconocer que la droga se ha apoderado de nuestros jóvenes producto de un modelo que se hace el distraído mientras los principales carteles del narcotráfico han elegido este país para instalarse; a utilizar el dinero de los jubilados para sostener un aparto clientelar descomunal contribuyendo a que más de 3 generaciones de niños no hayan visto ni trabajar ni estudiar a sus abuelos ni a sus padres; de negarle el derecho constitucional de percibir el 82% móvil a los jubilados mientras se utiliza el dinero de la Anses para sostener el Fútbol para Todos o para ejercer el populismo repartiendo netbooks en una Nación en la que hay 2 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan y donde existe una deserción escolar que alcanza el 35%; mucho menos a perseguir y acallar las voces de todo aquel que piense distinto;
Tampoco el triunfo les da el derecho de actuar con impunidad como la de querer desplazar al Auditor General de la Nación para apartar a quienes tienen el deber constitucional de ejercer el control de los actos públicos. Entonces deben hacerse cargo de todo eso, porque hoy el pueblo quiere ser escuchado, liderado y representado por ellos, sus gobernantes, por nadie más, porque son los que tienen por delante 3 años de gestión y están muy lejos de un 2015 donde el pueblo recién incluirá en el debate la menor o menor representatividad de la oposición.
Del mismo modo estoy profundamente convencido de que quienes hoy somos oposición no debemos eludir la responsabilidad de sentirnos parte de ese reclamo y estar a la altura de las circunstancias.
(*) Diputado Provincial