Sábado, 3 Noviembre, 2012 - 20:52

Y el viento sindical sigue soplando

El sindicalismo opositor avanza para convertirse en el rey de la calle y así recuperar la corona que supo portar.

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Bajo el paraguas de la "unidad en la acción", primero hubo un anticipo de la CTA de Pablo Micheli con la participación de varios gremios -fundamentalmente Camioneros- de la CGT de Hugo Moyano.
Y ahora se produjo la demostración de la CGT de Luis Barrionuevo, también con el vital apoyo de Camioneros, la quintaesencia de la central de Moyano, líder de una de las históricamente más estratégicas organizaciones gremiales.
Esta marcha, organizada por el dirigente gastronómico para reclamar al Gobierno la devolución de los fondos de las obras sociales, tuvo, al margen de la importante cantidad de manifestantes que se dio cita en el centro porteño, el signo distintivo de una reconciliación entre dos pesos pesados.
Moyano y Barrionuevo estaban separados desde hacía varios años básicamente por el acceso irrestricto a los aposentos del poder kirchnerista que tenía el camionero, aunque, en rigor de verdad, nada distinto al privilegio que ostentaba el gastronómico durante la gestión de Carlos Menem.
Pero así se dieron las cosas y ahora, cuando ambos tienen vedado el ingreso al círculo cristinista, a lo que se suma el escarnio al que está sometiendo el Gobierno a los gremios, hallaron la ocasión propicia para levantar las voces de protesta al unísono.
Viejos zorros, practicantes de la hasta ahora inalterable religión que entre sus principales mandamientos tiene el que reza "los gobernantes pasan, los sindicalistas permanecen", coincidieron en que llegó la hora de apretar el acelerador.
Abundan los argumentos sobre los cuales se apoyan los sindicalistas para empezar a apretar el torniquete, más allá, por supuesto, de que en algunas cuestiones también tienen su parte de responsabilidad, sobre todo en aquellas que comienzan a gestarse en los momentos de armonía con el poder y que luego, tras el divorcio, no pueden controlar.
Pasó en más de un Gobierno y -justamente- con distintos políticos como protagonistas pero con los mismos actores gremiales.
También es verdad que desde hace muchos años las sucesivas administraciones se quedaron con dinero de las obras sociales (que en definitiva es de los trabajadores), sobre todo a partir del momento en que la recaudación de los aportes comenzó a hacerla la entonces DGI, ahora AFIP, y entonces los gremios perdieron el manejo directo de esos dineros.
Durante el menemismo, por ejemplo, los dirigentes reclamaban el reintegro de fondos por alrededor de 3.000 millones de pesos/dólares, monto similar al actual (unos 15 mil millones de pesos).
Tras la muerte de Néstor Kirchner, el Gobierno de Cristina Fernández apuró una tarea de intento de demolición del gremialismo, tanto el opositor como el oficialista. Hasta la misma CTA, que acompañó al kirchnerismo desde los comienzos, cayó bajo las garras oficiales.
Así, se auspició al sector del docente Hugo Yasky y se lanzó por la ventana a la fracción de Pablo Micheli, quien, no obstante, ya venía de punta con el Gobierno y sus políticas.
Después vino la tarea de desplazar del centro de la escena a Moyano, vía sindicatos que antes habían sido demonizados. Y así se llegó a la conformación de la CGT Balcarce -conducida formalmente por el metalúrgico Antonio Caló-, cuyos referentes recibieron promesas antes, durante y después de hacer el "trabajo sucio" de consolidar la división gremial.
Pero, oh sorpresa, ahora esos dirigentes están caminando por las paredes porque no sólo han no se ha satisfecho ninguna de sus demandas, sino que, peor aún, la administración "C" quiere hundirles un poco más la estaca en el corazón.
En las últimas jornadas trascendió que los gremios -sin distinción de color político- recibirían unas migajas de lo prometido en materia de reintegro a los entes de salud sindicales.
Algunos, como el "gordo" Oscar Lescano, ya avisaron que podría haber "guerra total" si insisten con apuntar al régimen de obras sociales. A propósito, nadie -desde que hace meses comenzó a circular la versión- desmintió la presunta existencia de impulsar un plan de salud que iría en detrimento de las tradicionales obras sociales sindicales.
Claro que habrá que tener en cuenta el momento político del oficialismo, así como la relación de fuerzas con el gremialismo, para el momento en que eventualmente se decida avanzar con un proyecto de esa naturaleza.
Además, Lescano reiteró aquellos conceptos e incluyó la palabra "unidad", con lo cual la puerta parece estar un poco más abierta. ¿Qué hubo mucho fuego cruzado? Vamos, no es la primera vez ni será la última que se pelean y se arreglan.
Hubo épocas en que los enfrentamientos verbales pasaron a los hechos y sin embargo, cuando vieron afectados sus intereses comunes, los sindicalistas no dudaron en pararse todos juntos en la misma vereda.
Ahora están diseñando un paro nacional donde van a estar las CGT de Moyano y Barrionuevo y, según los anuncios hasta el presente, la CTA "michelista".
La huelga puede ser importante, más que por la cantidad de sindicatos participantes por los efectos paralizantes que podría tener. Nadie duda de que un par de camiones cruzados en una ruta o sin trasportar cereales, alimentos y combustibles, un día sin recolección de residuos o el cese de actividades de solo una organización aeronáutica -suficiente para impedir la salida de los aviones- tendrían un efecto contundente y significará, sin dudas, una lacerante espina en la piel gubernamental.
Para ello, por supuesto, los sindicalistas necesitan consolidar su reconciliación y elaborar un plan para, por lo menos, el mediano plazo.
En los campamentos gremiales no se descarta ahora la reunificación, más cuando el Gobierno parece, paradójicamente, contribuir a ese objetivo al hacer oídos sordos a sus reclamos. Además, hay muchos antecedentes. Es que desde hace añares, aún cuando hoy están más veteranos, vienen haciendo honor a otro precepto cuasi religioso, que por trillado no deja de estar vigente: viejo es el viento, pero sigue soplando.
(*) Periodista Agencia DyN
Fuente: Agencia DyN