Sábado, 3 Noviembre, 2012 - 18:16

Los prejuicios de CFK y el olor a default

El jueves pasado, la presidente salió
a dar la cara para explicar que los dólares para pagar la deuda en diciembre
estaban disponibles.

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La estrategia fue a todas luces equivocada. Por haber jugado el Gobierno nada menos que a la mismísima reina hacia una posición de riesgo en el tablero, pero, además, porque los oponentes tienen una clara ventaja conceptual: saben que el kirchnerismo prefiere negar siempre lo que no puede controlar.
También la debilidad se hizo manifiesta desde lo caótico del contexto, capaz de trastornar al más pintado. La Presidenta pronunció ese mediodía un errático discurso que dejó muchas frases inconclusas y razonamientos sin cerrar, tras haber pasado por un molesto episodio de hipotensión y en medio de la obsesiva planificación del eventual desguace del Grupo Clarín para el 10 de diciembre (10-D), a partir de la presión a cara descubierta que se le está haciendo en varios frentes a todos los escalones de la Justicia.
Cristina, quien apareció tabicada ese día entre los dolores de cabeza que le dan sus propios funcionarios cada vez que la meten en un incendio (barras bravas, jubilaciones, fragata, las dos CGT, etcétera) y el advenimiento de un nuevo y gran cacerolazo para el próximo jueves 8 (8-N), habló de pagar la deuda en moneda extranjera, cuando nadie esperaba que reiterara lo que ya había dicho a principios de agosto en la Bolsa. Entonces, los curtidos rivales se preguntaron por qué lo hacía y lo primero que se plantearon fue que estaba "blufeando" y que no tenía los dólares.
Está en los libros de física que la aceleración de cualquier dinámica genera la necesidad de tener a la mano cada vez con mayor rapidez los mecanismos de control, porque el topetazo siempre será mucho más complicado de controlar y sus consecuencias directamente proporcionales a la velocidad que se alcance. Lo que hizo la Presidenta ese día fue correr detrás de los acontecimientos y como los mercados están más que entrenados para percibirlo, olieron la sangre de un default en ciernes y se la comieron cruda.
Con tamaña debilidad expuesta casi con candidez, a esta altura del partido parece inútil jugarse patriadas épicas dedicadas a la tribuna y resulta lamentable que nadie en el Gobierno entienda los mecanismos de seducción que se necesitan aplicar.
Si todo sigue de tironeo en tironeo, la próxima vez, los mercados le van a solicitar a la Presidenta que ponga las divisas sobre la mesa y la siguiente le dirán que siguen dudando, porque si el juez Thomas Griesa obliga a equiparar los derechos de los acreedores que litigaron, aunque sean "buitres" (3%), con los que entraron en el canje (93%) las reservas pueden no alcanzar y se podría producir hasta un embargo en Nueva York. Y luego le van a pedir otra prueba de amor y otra más, hasta que la profecía del default termine por cumplirse. Fernando De la Rúa bien podría aportar su experiencia en el tema.
Como gran paradoja de la situación, lo notable es que CFK haya denunciado ante su habitual corte de aplaudidores una "campaña antiargentina", mientras que el país hoy, a la hora de pagar, es casi el mejor alumno de Wall Street. Quizás muchos de quienes estuvieron batiendo palmas sin recordar a Jorge Rafael Videla para apuntalar el deseo de la Presidenta, hayan ovacionado también el default que declaró Adolfo Rodríguez Saá. Entre tanto panqueque, nunca se sabe.
Si como otros interpretaron, Cristina quiso decir que va a pagar en dólares para que únicamente los que entraron en el canje vengan a buscarlos al Banco Central, para zafar así de una eventual confiscación neoyorkina, saliéndose del reconocimiento de la jurisdicción extranjera, no quedó para nada claro, aunque los expertos señalan que igualmente esa alternativa se consideraría un "default técnico".
Ante tantas ambigüedades, lo cierto es que ese mismo día, tras mover casi hacia el sacrificio la pieza de la palabra de la más alta autoridad de la República, explotó el riesgo-país, el costo del seguro para atender impagos de la Argentina triplicó al de Venezuela y los valores del dólar no oficial saltaron mucho más que un par de centavos.
¿Cómo hacer para enfrentar a financistas que no quieren darle ni siquiera una moneda al país o a sus empresas? ¿Cómo oponerse a los organismos internacionales que buscan monitorear a la Argentina para que se llegue a un arreglo con el Club de París? ¿Cómo conseguir inversiones sin pagar los fallos adversos en el CIADI? ¿Cómo demostrarle a los depositantes locales, que hace un año tenían en los bancos el doble de los dólares que hoy poseen, que todo es producto de una confabulación de los "fondos buitre"? Muchas dudas de concepto para el Gobierno y todo esto mientras se emite más de la cuenta y se cierra cada vez más el cepo cambiario. Es muy difícil.
Mientras estos actores son por estas horas los únicos que le ponen límites precisos al Gobierno, ¿cómo hacer entonces para ganar la partida si se subestima tanto al rival? Ni en los juegos ni en la guerra se pelea bien contra adversarios a los que no se quiere conocer, ya que nadie se hace fuerte en el teatro de operaciones si no entiende la idiosincrasia del oponente. Y como el kirchnerismo se cree siempre superior, aún antes de ver de qué se trata, habitualmente se pega fuerte contra la realidad y trastabilla.
Los argumentos de quienes resisten son claros. Si Axel Kicillof no cree en el clima de negocios o en la seguridad jurídica o si Guillermo Moreno no comulga con las metas de inflación o si Alicia Kirchner piensa que con los subsidios se come, se educa y se cura o si Julio De Vido supone que le economía es sólo inversión dirigida por el Estado o si Amado Boudou cree que el consumo es la única panacea que mejora el mercado interno para distribuir mejor, todo es parte del mundo de la política, piensan.
Al fin y al cabo, agregan, es lo mismo que están usufructuando hoy miles de empresarios de toda condición y tamaño que se acodaron en el mostrador del kirchnerismo, bajo el argumento de estar salvando a sus compañías, mientras remuneran sus ineficiencias con la plata de todos. En cambio, lo que expresa el resto del planeta es que si la propia Presidenta es la que no puede entender la lógica que impera en el mundo (o se la cuentan así), mejor es apretar el pomo lo más que se pueda y salir corriendo.
Tampoco ellos comprenden cómo se puede concebir racionalmente tanto aislamiento y tamaño divorcio con las fuerzas del mercado, ya que Cristina tiene a mano ejemplos de exitosos presidentes amigos que se mueven sin tantos prejuicios, a quienes ella podría preguntarles con confianza cómo se hace para convivir con el mundo de la especulación y el rumor sin tantos sobresaltos, ya que son todos casi de su propio palo.
Los hipercríticos inversores suelen hablar además de la seguridad jurídica, un valor que también parece que interesa poco en la Argentina, sobre todo en relación a ciertos principios institucionales que aún mantienen los vecinos, como la permanencia de las reglas de juego, la defensa de los derechos individuales y la consideración por el pensamiento de las minorías. Entre estos tópicos hay que anotar particularmente la obsesión por el control de la opinión pública que tanto desvela al oficialismo, cuyo ariete es la Ley de Medios.
En la semana, entre el ministro del área, Julio Alak, los miembros oficialistas del Consejo de la Magistratura y el Congreso, a través de la reglamentación del "per saltum" para sea la Corte la que decida en el caso del Grupo Clarín, se las arreglaron para mandarle a los jueces de toda condición señales inequívocas sobre cómo deben fallar.
Más allá de la focalización puntual de la pelea, hubo otras manifestaciones que han causado escozor entre medios y periodistas independientes, impresionados por el accionar arrollador de los custodios del relato. Uno de los ministros de la Corte, Eugenio Zaffaroni, dijo en medio de la ofensiva oficial contra su propio cuerpo colegiado que son los medios los que "construyen" situaciones de "temor", a partir de la "manipulación". Hablaba del golpe del '76, pero a buen entendedor...
También en el Senado apareció un proyecto de ley inspirado por la Presidenta, que busca incorporar al Estatuto del Periodista Profesional "una cláusula de conciencia" que podría ser invocada para negarse, sin recibir sanción, a elaborar o difundir informaciones "contrarias a los principios éticos de la comunicación". Toda una gran novedad que, por el momento en que se conoció, puso en guardia a muchos que interpretan que lo que se busca es hacer asamblearias las líneas editoriales de los medios.
En relación a la Ley de la discordia, dicen los abogados que todo es opinable en este caso, salvo dos cosas: que la Corte considera la libertad de expresión como un supraderecho, mientras que la legislación retroactiva que afecte derechos adquiridos no se puede consentir en la Argentina y eso es lo que manifiesta el artículo 161 cuando ordena deshacerse de licencias otorgadas con anterioridad a la sanción de la Ley.
Acostumbrados como están a hacer su voluntad y a imponer su relato, en Olivos no toman en cuenta estos pequeños "detalles" y siguen avanzando en todos los frentes.
Otro cimbronazo de la semana, en relación al respeto por las minorías, lo constituyó la fulgurante aparición del diputado Andrés Larroque, quien se hizo conocido para el gran público después de haberle disparado con munición gruesa a radicales y macristas y de haber pergeñado desde su banca y a los gritos el término "narcosocialismo", para desacreditar en medio de una crisis al desorientado gobierno de Santa Fe y pegarle, de paso, al potencial candidato Hermes Binner.
En el caso del PRO, mientras Larroque le daba duro a Mauricio Macri, otro contendor en ciernes para 2015, de quien dijo que "desprecia al pueblo de la ciudad de Buenos Aires", en la Legislatura porteña se estaba tramando un intercambio de favores que terminó en la sanción de once leyes votadas a dúo entre macristas y kirchneristas.
Todos estos elementos han calado hondo en la sensibilidad de muchos principistas quienes, furiosos con el Gobierno, niegan los acercamientos, pero lo real es que nadie debería sentirse avasallado por la negociación política, sobre todo cuando de un lado de la mesa están los reacios K, para quienes el diálogo casi no existe. Sostienen que Binner y Macri más de una vez fueron traicionados desde las palabras y los hechos, aunque lo cierto es que en estos tiempos jugar sin "fair play" parece que es parte de las reglas.Tampoco cabría hacerse cruces por los gritos de Larroque. Legisladores de verba encendida para el debate y de insulto fácil en el retruque no pueden sorprender a quienes repasen los diarios de sesiones de todos los tiempos. Los hubo en todos los partidos. Pero en este caso, la brutalidad de la agresión conmovió por lo vacío de los argumentos, más propios de un provocador profesional que de un representante del pueblo.
Cuando la Presidenta dijo también el jueves que "todas las voces tienen derecho a expresarse, a decir lo que se siente y a no ofenderse nadie", quedó otra duda, ¿justificaba a alguien? Seguramente, la irrupción de este mimado de La Cámpora le habrá aportado unos cuantos miles de adherentes a la marcha del 8-N.

(*) Para Agencia DyN
Fuente: Agencia DyN