Domingo, 28 Octubre, 2012 - 11:28

Odian a la prensa, pero aman "comunicar"

Fue aviesa
la edición del racista chiste contado por Luis D'Elía, que se
vio en el programa de Jorge Lanata.

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El conductor de Periodismo para todos tuvo que reconocer el grave error. Eso no quita que el dirigente social defendido ayer con ardor en los spots de Fútbol para Todos repitiera la pretendida humorada con innecesario regodeo. No debió hacerlo.

Es cierto, además, que en el mismo ciclo se mostraron los recibos de los sueldos de los tres hijos mayores de D'Elía en la Anses, sin aclarar que se los veía más abultados por los aguinaldos.
La tergiversación, sin embargo, no mejora que sea un flagrante abuso que el ex maestro pueda haber ubicado con tal facilidad en tan importante organismo público a sus más directos descendientes (que incluyen a dos hijos más, de menor edad).
En todo caso, D'Elía está probando su propia medicina: para fogonear el linchamiento en redes sociales por parte de militantes virtuales, hace unos meses distribuyó una lista apócrifa de ingresos de periodistas críticos (nunca aclaró la fuente) que, sin ir más lejos, triplicaba graciosamente el valor real del salario de quien esto escribe.

Si editamos las notas como Diego Gvirtz lo hace en 6,7,8, nos convertimos en él, una tentación que hay que evitar a toda costa, aun cuando siempre será mucho más grave que los errores o manipulaciones sean emitidos desde un canal público (porque nos pertenece a todos), que desde una parcialidad privada, que sólo se representa a sí misma.

Los funcionarios del Gobierno y sus más dilectos allegados tienen un discurso contradictorio al referirse de manera tan desdeñosa al periodismo cuando, en realidad, lo que desean con mayor fervor es ocupar su lugar. Así lo demuestra el propio señor D'Elía, cuya voz se hace oír, cada mañana, de 7 a 9, en Radio Cooperativa.
El ex ministro y actual senador Daniel Filmus hizo su propio ciclo de entrevistas a presidentes latinoamericanos; el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, realiza reportajes en la trasnoche sabatina de Canal 9; el diputado provincial Fernando "Chino" Navarro no sólo se involucró en la producción de la película sobre Néstor Kirchner, que se está por estrenar, sino que cuenta con ciclo propio en C5N.
Para qué hablar de Hebe de Bonafini, un multimedio en sí misma (Radio de las Madres, programas en Canal 7 y CN23, revista Sueños compartidos) o de la propia Presidenta, con sus frecuentes cadenas nacionales y actos transmitidos por la TV Pública y emisoras amigas.


Es que desde que se inició la cruzada contra los "medios hegemónicos" con la excusa de más voces y mayor diversidad, lo único que se constata como novedoso en estos años es más y más espacios para la fauna oficialista. Sólo eso.

Hace poco tiempo compré en una feria de antigüedades de Rosario tres ejemplares de la revista Mundo Peronista, que publicaba la editorial Haynes, una vez que fue cooptada hace más de sesenta años, en el apogeo del justicialismo fundacional.
Era una editorial importante que arruinaron al ser absorbida por Alea, el multimedio oficialista que funcionaba en el edificio Alas, en Viamonte y Leandro Alem, donde se editaban diarios, folletería y más de un centenar de revistas.

Cada número de Mundo Peronista tiene 50 páginas, con tapa, contratapa y retiraciones a cuatro colores y el resto en huecograbado con la característica tinta marrón. Si el color es uniforme, mucho más monotemático resulta su contenido: absolutamente todos los temas remiten a la exaltación de Perón y Evita, a cuestiones del gobierno y del partido. También hay una sección para chicos ("Tu página de pibe peronista").

En tiempos como los actuales, en que se reivindica tanto la ley de medios como pócima mágica para alcanzar la ansiada diversidad de los contenidos, los intentos gráficos autoexaltatorios de la dirigencia que ahora está en el poder tienden a acrecentarse como en aquel entonces. Son publicaciones que van al muere porque son tan previsibles, melosos y soporíferos sus contenidos, que no existe público genuino capaz de seguirlas.

¿Cuál es, entonces, su razón de existir? Pueden ser varias: la ilusión de influir y trascender, la posibilidad de recolectar pauta oficial y satisfacer vanidades primitivas. Obsérvese, si no, la flamante revista Casas Compañeras, de 16 páginas, con 18 fotos del vicegobernador Gabriel Mariotto. ¿Hace falta decir a quién responde? Está también Noticias de La Cámpora, de distribución gratuita, que publica un diccionario militante y que mediante sendas infografías de una página enseña a hacer una pintada política callejera e indica cuáles son las "condiciones a tener en cuenta para asistir a actos o marchas".

Más lujosa y bien provista de avisos oficiales nacionales y de municipios bonarenses, 2016 propone una adormecedora colección de entrevistas a dirigentes K. Se lee allí que "San Vicente es mundialmente conocido por albergar la quinta en la que vivió Perón". Hay un reportaje de cinco páginas al embajador de Ecuador. Los interesados, hagan fila.

A su vez, publicaciones más ambiciosas -Veintitrés, El Guardián, Democracia, Debate, etc.- disponen sus tapas como afiches en perfecta consonancia con los temas que el poder agita en distintos momentos.

(*) Periodista de La Nación.