Domingo, 28 Octubre, 2012 - 11:20

El precio de la libertad

El impresionante velero que lleva a los cadetes de la
Escuela Naval es de
1952, Gobierno de Perón.

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El impresionante velero que lleva a los cadetes del último año de la
Escuela Naval a navegar por los siete mares fue pensado a fines de
1952 durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Dado que hacía muy pocos
meses había muerto Eva Duarte de Perón, las autoridades pensaron que el
buque escuela llevara su nombre. En diciembre de 1953 se formalizó el
proyecto y, además de ratificar el nombre, se decidió que el mascarón de
proa llevara la imagen de la Abanderada de los Humildes. En septiembre
de 1955, cuando todavía no había sido botado ese buque, fabricado en la
Argentina, se produjo la usurpación del poder por parte de facciosos
que utilizaron el pomposo nombre de "Revolución Libertadora".
Ellos
decidieron falsear la identidad del barco y llamarlo "Fragata Libertad".
También tuvieron la precaución de no dejar a Evita en el mascarón de
proa y colocar en cambio una imagen inspirada en la iconografía
libertaria basada en el cuadro de Eugène Delacroix llamadoLa libertad
guiando al pueblo. Esa pintura se inspiró en las barricadas parisinas de
julio de 1830, cuando el pueblo francés se levantó contra el rey Carlos
X, quien había suprimido el Parlamento. La perversión de los golpistas
del ?55 llevó a que ellos se valían de una imagen que en su esencia
tiene mucho que ver con Evita pero querían malversar el sentido de la
Historia: los militares y civiles que consumaron el golpe y suprimieron
el Parlamento se valieron de una imagen que expresa a una mujer que
lideró las luchas contra la supresión del Parlamento.
De fondo, y más
grave que eso, ese golpe de Estado secuestró el cuerpo de Evita y lo
mantuvo escondido hasta 1971 cuando lo llevaron a Puerta de Hierro para
entregárselo a Perón, quien confirmó, con espanto, que el cadáver había
sido mutilado. Puede decirse, volviendo a la Fragata, que fue botada
(1956) con su identidad suprimida. Vale la pena subrayar que el golpe de
1955 tenía el propósito explícito de colocar a la Argentina en la
órbita de los intereses de Estados Unidos y de allí que, sin necesidad
de tomar créditos, los golpistas alinearon al país con el Fondo
Monetario Internacional y la poderosa comunidad financiera privada
internacional. En aquella oportunidad, el entramado de intereses de
golpistas y financistas logró secuestrar el alma de la fragata. Esta
vez, 57 años después, un grupo de financistas con algún apoyo logístico,
logró quedarse con el cuerpo de la fragata. El segundo secuestro del buque escuela de la Armada es obra y gracia
de los fondos especulativos y las normas internacionales que defienden, a
rajatabla, los negocios de las transnacionales.
De no haber existido el
Plan Brady (1992) y el compromiso de la dupla Menem-Cavallo de
respaldar los bonos del Estado con todos los activos nacionales excepto
"los bienes públicos de servicios esenciales", cualquier barco o avión
de bandera, entre otras tantas cosas, puede ser incautado si existe la
orden de un juez que acepte la legislación internacional hecha a medida
de corporaciones de corte neocolonial. Lo explicó con detalle Alejandro
Olmos Gaona (Miradas al Sur21/10/12): el tribunal arbitral al que se
sujetó el gobierno (constitucional) de la Argentina cuando decidió
emitir una deuda impagable y sus acreedores aceptaban compromisos
incobrables. Tal es el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de
Diferencias Relativas a Inversiones), creado para ser "una herramienta
capaz de promover y brindar seguridad jurídica a los flujos de inversión
internacionales", tal como lo dice el Banco Mundial, el organismo madre
del ente. Así, el mundo vive en la curiosa situación de que los
criminales de guerra que usan uniforme de Estados Unidos se amparan en
la legislación territorial de esa potencia y evitan ser juzgados por
tribunales de otras naciones (incluso donde cometen los delitos),
mientras que los fondos financieros especulativos se amparan en la
justicia global. En diez días más, Estados Unidos renueva autoridades de gobierno.
A
nadie puede escapar que Mitt Romney, el candidato republicano, hizo una
pequeña fortuna con fondos especulativos radicados en paraísos fiscales.
Por ello, el impuesto a las ganancias lo alcanzó en una alícuota de
apenas el 14,1% sobre sus beneficios de 2011. El promedio de ese
impuesto para quienes invierten dentro del territorio estadounidense es
de 41,7%; es decir, el candidato con serias posibilidades de triunfar
paga tres veces menos que los millones que lo votan. En el caso concreto
del secuestro del buque escuela de la Armada argentina, la esposa de
Romney, Ann Davies, fue mencionada por una investigación de la revista
norteamericanaThe Nationpor haber depositado al menos un millón de
dólares en el fondo especulativo Elliot Managment, cuyo presidente y
accionista mayoritario es el millonario Paul Singer, aportante de la
campaña de Romney y responsable directo que se presentó en los
tribunales de Acra, la capital de ?la ex colonia británica y miembro del
Commonwealth? Ghana, y logró la incautación de la fragata en demanda de
que las autoridades argentinas le paguen los bonos (en default) que
adquirió en los llamados mercados secundarios de capitales.
Éstas son algunas pinceladas de un escenario internacional complejo.
En
estos días se gastaron demasiadas páginas en mostrar las incomodidades
sufridas por los pasajeros de la Fragata, como si ellos no fueran
argentinos vulnerados por el garrotazo de un fondo especulativo y que,
además, están comprometidos a defender los intereses de la Nación.
Ellos, en todo caso, no fueron víctimas de las incomodidades, sino de
las maniobras arteras de intereses de grupos privilegiados que atacan a
la Argentina. También se escribieron algunas páginas destinadas a
defender el nombre de algunos funcionarios y buscar chivos expiatorios
en otros. Típicas notas periodísticas creadas en internas políticas que
caen en un mezquino esquema que pierde de vista el escenario principal.
En este encadenamiento de presiones, el viernes se conoció una
sentencia de un tribunal de apelaciones de Nueva York a favor del
mencionado fondo Elliot. El tribunal ratificó un fallo del juez Thomas
Griesa, quien en febrero último consideró que los tenedores de títulos
que no entraron voluntariamente en los dos canjes de deuda (2004 y 2010)
merecen un trato igualitario. La decisión de Griesa fue apelada por la
Argentina en julio pasado. Hay todavía un tribunal de alzada, que es la
Corte Suprema de esa ciudad norteamericana, al que recurrirá el Gobierno
Nacional. Respecto de las acciones legales de los fondos especulativos
contra la Argentina, el canciller Héctor Timerman recordó el jueves
pasado que hasta la fecha no prosperó ninguno de los 28 embargos pedidos
por los fondos especulativos.
La Armada en la mira.Volviendo a la fragata y pese a algunas
turbulencias, da la impresión de que el ministro de Defensa Arturo
Puricelli logró sobrepasar la andanada de críticas por el error cometido
al dejar que la fragata hiciera puerto en Ghana y cayera en la
emboscada del fondo Elliot. El jueves pasado, el mismo Puricelli habló
por Radio 10, cuyos comunicadores se despacharon con toda clase de
ataques arteros, como si todo el problema se remitiera a la impresión
del Gobierno y desconociendo de modo olímpico la responsabilidad de los
fondos especulativos. Pues bien, por Radio 10, Puricelli reconoció que
le cabe la responsabilidad final de los puntos de desembarco del buque
escuela. Aclaró que fue "a partir de una propuesta de la Armada". Por
estas horas hay muchos rumores sobre cuáles son los propósitos posibles
de algunos mandos ?en actividad y retirados? de la Marina. Sobre todo,
porque tomó estado público que el fondo Elliot contrató un estudio de
abogados en Sudáfrica a partir de que la corbeta Espora quedó varada
"por desperfectos técnicos" en Ciudad del Cabo. Para no caer en voces intoxicadas, acostumbradas a desinformar,
conviene reparar en lo publicado enNuestro Mar, vocero oficioso de los
retirados navales. En la edición digital, y con el título "Reducen los
recursos mientras sigue la tensión diplomática", la publicación dispara:
"Con los 289 tripulantes de la Fragata Libertad retenidos en Ghana y
105 marinos de la corbeta Espora varados cerca del puerto de Ciudad del
Cabo, el Gobierno piensa reducir las prácticas de entrenamientos y los
movimientos de oficiales y suboficiales en las Fuerzas Armadas". Es
decir, ni una palabra de cómo defender los intereses argentinos ?los
barcos de la Armada? sino un ataque al Presupuesto Nacional, que es la
llamada ley de leyes. "Así lo prevé el proyecto de Presupuesto 2013 ?sigueNuestro Mar? que
está tratando el Senado y que recorta los días de navegación y las
horas de vuelo previstos para la Armada y la Fuerza Aérea; según lo
publicóLa Nación".
De paso, se cuelga del diario de los Mitre, que
tantos servicios hizo a la Armada en tiempos dictatoriales. Consigna la
publicación naval: "Los pilotos tendrán 13.641 horas de vuelo frente a
las 28.769 previstas para este año. Es una reducción del 47%, que
preocupa a los oficiales de la Fuerza Aérea. Los barcos de la Armada
tendrán 161 días para navegar y controlar los espacios marítimos y la
hidrovía, cuando en 2012 se previeron 174 jornadas. Muy lejos de los 329
días con que contaban en 2011". Es decir, la queja no es por haber
cambiado la idea de que las Fuerzas Armadas estaban concebidas para
reprimir al pueblo y estar preparadas para pelear contra países vecinos y
ahora están pensadas para estar encuadradas en el pleno respeto a la
democracia y pensar en fortalecer el Consejo de Defensa de la Unión de
Naciones Suramericanas. No,Nuestro Marpretende hacer creer que se
trata de un legítimo reclamo gremial y enfatiza que "las actividades
previstas para el Ejército se mantienen, en cambio, en los mismos
niveles". Como remate advierte que por "la crisis de la
Fragata
Libertad, que provocó la renuncia del titular de la fuerza, almirante
Carlos Alberto Paz, y el pase a disponibilidad de dos jefes navales, la
Armada también contará con menos recursos para el control aéreo del mar y
de los ríos. La principal consecuencia es el desánimo que produce entre
los oficiales y los suboficiales". Más allá de las intrigas y sospechas sobre si hubo algún grupo de
civiles y militares inducidos por el fondo especulativo Elliot, hubo un
error en la decisión de que el buque escuela atracara en Ghana.
Cualquier investigación seria al respecto debe contar con información
que, al menos para este cronista, es altamente confidencial. Pero hay
dos enseñanzas que deben quedar marcadas.

La primera es que nadie debe estar relajado, porque los tenedores de
títulos argentinos en default no son una patrulla perdida, sino uno más
de los tentáculos de un capitalismo financiero que hace estragos en
cuanto lugar del mundo puede. No se trata de una organización criminal
secreta y peligrosa, sino de algo más delicado y complejo al que el
economista norteamericano Joseph Stiglitz define como "una mezcla de
ideología y de intereses que en Estados Unidos condujo a la
liberalización y desregulación de los mercados financieros y a otras
políticas ?fundamentalistas de mercado?. Unas políticas que
contribuyeron al elevado nivel de desigualdad e inestabilidad de Estados
Unidos y que han dado lugar a unas tasas de crecimiento (económico)
mucho menor que en décadas anteriores". Esta frase está tomada deEl
precio de la desigualdad, donde Stiglitz desarrolla cómo el 1% de la
población norteamericana tiene lo que el 99% necesita. Es más, hilando
fino, el autor señala que cuando Estados Unidos recuperó la economía en
2010 respecto a la crisis de 2009, ese 1% se quedó con ¡el 93%! de la
renta adicional.

Es decir, no hubo recuperación de la economía sino
beneficios extraordinarios de una pequeñísima minoría. El neoliberalismo
ampara, cobija y patrocina a fondos como Elliot.
La segunda enseñanza es que parece percibirse, una vez más, al menos
en la superficie de la sociedad, de la vida política y de la circulación
mediática, que la oposición está más preocupada por tomarse de
cualquier dato para castigar al Gobierno. De allí que para el relato de
los medios opositores, todo esto se remite a "un error". Es decir, si
alguien pisa una mina antipersonal no importa el terreno minado sino la
falta de pericia para no sortear el explosivo. Es difícil saber cuánto
impacta de modo negativo esta historia en el Gobierno Nacional. En
primer lugar, porque la función del Poder Ejecutivo no es jugar a la
batalla naval y cantar "tocado" o "hundido", sino dar cuenta de sus
actos administrativos y del proceso de toma de decisiones. En ese
sentido, es posible que esto se haya saldado con la aparición pública
del ministro Puricelli donde cargó con la responsabilidad. No obstante,
hubo una sucesión de asuntos que pusieron en la superficie asuntos que
no sucedían desde hace mucho tiempo o que fueron nuevos. Hubo, durante
años, una presión por parte de ciertos sectores en actividad o de
familiares de retirados para intentar frenar o desprestigiar los juicios
contra responsables de delitos de lesa humanidad. Hoy, todo indica que
esos movimientos no tienen ninguna fuerza. En cambio, la aparición de
protestas de suboficiales de fuerzas de seguridad y también en grado
menor de marinos es un llamado de atención. Las movidas de los
uniformados nunca fueron ajenas a las movidas civiles.
Entonces, no
puede desligarse lo que pueda pasar en algunos cuarteles o mandos
navales con las medidas promovidas por sectores adversos al Gobierno,
que alientan desde cacerolazos de sectores con tradición antiperonista
hasta paros de gremialistas de variadísimos orígenes pero que tienen en
común plantarse de la vereda de enfrente del kirchnerismo. El estilo del
Gobierno, al menos en esta etapa, es no promover debates, no prestarse a
las explicaciones que surjan de prestar atención a miradas diferentes.
El empeño del kirchnerismo está en señalar la manipulación mediática del
Grupo Clarín a raíz de su negativa a adecuarse a la ley de medios. Una
visión que sugiere de modo explícito la necesidad de alinearse con la
Presidenta como paso imprescindible para evitar el avance de los
intereses de sectores opositores. Si bien esto responde a una tradición
del peronismo y al estilo kirchnerista, a juicio de este cronista
presenta varias aristas negativas.
La primera es que los procesos
políticos no pueden basarse de manera sostenida en la incondicionalidad,
sino que deben apoyarse en la diversidad, la negociación, el consenso y
la ampliación de la base de sustentación con sectores que son aliados
tácticos o temporales. La segunda es que contribuye a la idea de una
línea divisoria entre propios y ajenos. La realidad argentina muestra
que hay infinidad de asuntos públicos que no están todavía contenidos en
eficaces políticas de Estado. Parte de ello se debe precisamente a la
eficacia de los sectores financieros concentrados. Unos sectores que
exceden por mucho a los fondos especulativos y que hacen a la debilidad
del sistema financiero privado acostumbrado a altísimas tasas de
intermediación y a no fondear los proyectos de largo plazo. Esos
sectores financieros fueron los que ahogaron a los ahorristas en 2001.

Muchos de ellos salieron con las cacerolas durante 2002. Diez años
después no debería buscarse la confrontación con los caceroleros o los
mal informados o los enojados. Más bien, puede hacerse un ejercicio de
debate que permita a muchos de ellos no sentirse en la vereda de
enfrente sino, al menos, en la duda de buscar representación en el
kirchnerismo o en sectores aliados. Es, en definitiva, el precio de la
libertad de elección en un sistema democrático asentado en una sociedad
que exhibe altísimos niveles de desigualdad.
Fuente: Infonews