Domingo, 28 Octubre, 2012 - 09:00

Dolor y condena

El asesinato de Tatiana, el rol de la prensa y de los investigadores, la condena y las preguntas.

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Durante los tres días que mediaron entre la desaparición de Tatiana Kolodziey y el hallazgo de su cadáver en un descampado en las afueras de Resistencia, la prensa se ocupó de armar el rompecabezas que las autoridades mezquinaban, siempre con más dudas que certezas, y las fuentes más reputadas llegaron a poner en juego su credibilidad.
La noche del martes 23, una fuente importante del caso nos dio su parecer off the record: "La causa está en manos de la Justicia pero no creo que se busquen responsables más allá del remisero". El psicópata había sacado todos los números, es cierto; el crimen era "de manual". De hecho, si alguien hubiera escrito una novela policial con este caso hubiera sido la más aburrida de la temporada porque no había un asesino misterioso y porque la carrera contra el tiempo para encontrar a la víctima con vida siempre estuvo perdida.
DUDAS
De todas las versiones y declaraciones oficiales que se escucharon hay una que hizo ruido desde el principio. Mientras rastrillaban el lugar en el que se encontró el cuerpo lo primero que se filtró fue que el remisero se había quebrado y había confesado la autoría del asesinato; más tarde el fiscal federal Patricio Sabadini dijo que los alertó una llamada anónima. ¿Las autoridades llevaron al remisero hasta el lugar para que reconociera los restos o el remisero los llevó a ellos para mostrarles dónde los había arrojado? Cuesta creer que un eventual transeúnte se topara con el cadáver en el medio de la nada y que tuviese la gentileza de avisar a las autoridades. La afirmación de Sabadini parecía indicar que había alguien más detrás del homicidio, al contrario de lo que nos sugirió la fuente, y que la investigación recién empezaba.
El fiscal también dijo que no había indicios de abuso sexual. De nuevo, las fuentes opinaban lo contrario (siempre con la pericia como un documento inalcanzable): la violaron y estrangularon, nos dijeron sin hesitar. De nuevo las preguntas: si Tatiana no fue abusada y si el cuerpo apareció por una llamada anónima, ¿cuál fue exactamente el grado de participación del remisero? ¿Era una casualidad que con sus antecedentes y el riesgo documentado de reincidencia terminase simplemente manejando el auto aquella madrugada? ¿Lo usaron como "pichón" mientras pergeñaban el crimen perfecto?
A CONDENAR SE HA DICHO
De los temibles antecedentes del remisero Juan Ernesto Cabeza, detenido a pocas horas de radicada la denuncia y condenado a priori por las particularidades del caso y por ese pasado insalvable, la prensa nacional pasó sin solución de continuidad a la condena del sistema que le permitió estar en libertad y, por ende, al juez de Ejecución Penal que lo liberó, Axel López. Si había un imputado, ahora había que encontrar al responsable: el psicópata era algo así como la mano ejecutora de un magistrado indolente, el autor material de un crimen atroz propiciado por un negligente intelectual.
¿GARANTISMO?
Horacio Cecchi, en una interesante columna de Página|12 publicada el jueves, enumeró los pasos procesales que dio Axel López según la resolución que firmó el 28 de septiembre pasado. Allí da cuenta de que Cabeza, condenado en el '98 a 24 años y preso en la U7 de Resistencia, realizaba salidas transitorias "consentidas por el señor agente fiscal" desde 2008. Después de 4 años de cumplirlas "satisfactoriamente" se pidió la libertad condicional. El Servicio Penitenciario Federal no informó irregularidades y calificó a Cabeza con "conducta ejemplar (10) y concepto muy bueno (7)". De hecho, Cabeza estuvo en el programa de Condenados por delitos de Agresión Sexual "desempeñándose dentro del mismo de manera satisfactoria", según los informes. Las autoridades de la U7 indicaron que "su reinserción social en la actualidad se vislumbra como favorable, no constituyendo a la fecha un riesgo para sí ni para terceros".
Desde abril de 2012 Cabeza podía solicitar la condicional por haber cumplido dos tercios de su condena pero el fiscal pidió un dictamen médico que a falta del Gabinete Interdisciplinario creado por la ley de Ejecución Penal pero nunca instrumentado, terminó con una intervención de peritos de la Justicia chaqueña solicitada por el propio magistrado. El informe fue negativo: (Cabeza) "presenta una personalidad de tipo antisocial y tales personas, a pesar de saber que están haciendo un mal, actúan por impulso para alcanzar lo que desean. Bajo tales parámetros, concluyo en que, respecto del interno, existen factores personales de riesgo de reincidencia". El fiscal se aferró al informe forense y rechazó la condicional, pero escribió "que la postura adoptada no obsta a que Cabeza continúe usufructuando las salidas transitorias", por lo que Axel López se preguntó en la resolución: "Si constituye un riesgo para la sociedad no se alcanza a comprender cómo es posible para que esa misma parte (la fiscalía) lo habilite para continuar egresando periódicamente del establecimiento". Así las cosas, el juez sopesó todos los elementos documentales a su alcance, ordenó la condicional y el fiscal no apeló a Casación por lo que, reflexiona Cecchi, se consideró jurídicamente como un consentimiento. Incluso López prohibió que Cabeza condujera automóviles de alquiler, remises o taxímetros. También le prohibió salir de Chaco y contactarse con las víctimas de sus anteriores delitos.
Esta cronología que terminó en la autorización de la condicional para Cabeza ordenada por Axel López llevó a Mario Juliano, presidente de la Asociación Pensamiento Penal, a afirmar que "si López tiene que responder por este hecho, tiene que desaparecer la Justicia de Ejecución Penal".
PROBLEMAS DOMÉSTICOS
En Chaco también había cosas para aclarar: ¿cómo fue posible que un convicto que tenía prohibido manejar remises hubiera obtenido un carnet habilitante? ¿Cómo consiguió trabajo si además pesaban sobre su persona semejantes antecedentes? Una empresa y dos municipios estaban bajo la lupa. Ni la municipalidad de Resistencia ni los responsables de la agencia Nuevo Resistencia dieron demasiadas señales. Entendieron que "en caliente" hubiera sido un suicidio.
En conferencia de prensa, fue el intendente de la localidad de Puerto Vilelas, Marcelo González, quien se apuró a afirmar que los dos carnets de Cabeza presuntamente otorgados por su municipio eran truchos, y que la firma del Secretario del área era apócrifa. Los funcionarios provinciales que lo acompañaban estaban incómodos y lo seguirán estando hasta que González demuestre que lo que dice es cierto.
El natural de Puerto Vilelas tiró otra propuesta: que se unifiquen carnets de conductor y bases de datos en toda la provincia, cosa que Jorge Capitanich ya había anunciado en enero. El gobernador no lo había hecho pensando en los psicópatas que manejan remises sino en la emergencia de seguridad vial que decretó ante el "colapso permanente en las salas de terapia intensiva". Ya en agosto Juan Manuel Pedrini y el intendente de Campo Largo estaban firmando el convenio de adhesión al sistema de carnet único que, esperaban, estuviera listo para principios de 2013. El control de psicópatas al volante no estaba en los planes de nadie.
VENTAJISMO
No es verdad que haya que inclinarse inopinadamente ante la legitimidad de las manifestaciones populares. Los fenómenos sociales tienen causas que es necesario desentrañar. Hoy sabemos que cada sector es condescendiente con sus propias muestras de clamor popular y despectivo con las ajenas.
Con el caso Tatiana eso se vio en blanco sobre negro. "No más Tatianas", gritaba un cartel durante la marcha que la noche del 23 copó las calles de Resistencia; "Pedrini renunciá ya"; "Hoy es Tatiana, mañana podés ser vos". El dolor y la estupefacción eran genuinos; los mensajes, contradictorios.
Si el diputado Sergio Vallejos se encargó de promover en tiempo récord una resolución para que el Congreso propiciara el juicio político a Axel López, los manifestantes de Resistencia querían la cabeza de Pedrini.
Difícil no maliciar un uso político de la tragedia en las caras largas de los referentes de la oposición que fueron a la marcha. Acaso lo hacían de corazón y estaban tan afectados como el resto de nosotros, pero se pusieron al frente (o al costado) de una cacería de brujas en la que se sienten inquisidores, como si no fuesen también responsables de las facilidades que tuvo el remisero para manejar desde que dejó la prisión, como si estas cosas sólo ocurrieran en distritos oficialistas.
Incluso hubo que descartar que el de Tatiana fuese un caso de trata de personas; aún así, la iconografía de las referentes de la lucha de género se mantuvo intacta, como si cualquier hecho criminal debiese ser abordado y condenado con los mismos parámetros; como si la marcha no fuese para expresar dolor por la muerte de Tatiana sino para recordar que la trata es un delito aberrante.
Por razones que no viene al caso detallar estuvimos muy cerca de la familia de Tatiana Kolodziey. Consternación inenarrable. No querían venganza; querían a Tatiana en casa. ¿Qué llevó a una comunidad a ir más allá de esa esperanza desgarrada y pedir que rodaran cabezas (y no especialmente la de Cabeza)? ¿Era fundamental, antes que llorar la pérdida, apuntar a algún funcionario?
Hay un caldo de cultivo que tiene como palabra fuerza a la inseguridad. Si a esta mezcla se le inyecta un psicópata estamos en problemas. Y si se le agregan la exasperación social y el ventajismo político, estamos fritos.

(*) De la Redacción de Diario Chaco.