Domingo, 9 Septiembre, 2012 - 08:45

La terapia del pañuelo

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La peor herencia que nos dejó la dictadura genocida, además de los muertos, exiliados y desaparecidos, fue el terror.

Un terror que atravesó generaciones como mandato de inmovilismo, de aceptación de lo que ese proceso criminal cívico-militar dejó en términos de matriz económica y cultural para la Argentina de los años futuros. Cualquiera que se animara a discutir, a hablar en voz alta, a polemizar, a expresar el desacuerdo, podía ser perseguido, torturado y eliminado físicamente sin juicio sumario siquiera.
Esa lección perversa, esa pedagogía del terror trazó un límite en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Un límite que limitó, incluso, la democracia posterior. Callar fue para muchos un pasaporte a la supervivencia, con dolorosas secuelas psicológicas transgeneracionales. Si hablar cura, habrá que admitir que haber callado nos enfermó durante décadas.En esa noche oscura, algunas mujeres desafiaron la orden genocida. Ellas lucharon diciendo. Lucharon con palabras.
Fue la ronda de los jueves, pero sobre todo sus consignas en esos años, las que desafiaron la lógica del terrorismo de Estado, por eso el pañuelo se convirtió en símbolo democrático. Allí latía la vida, peleando contra la muerte. El coraje contra el miedo. La verdad sobre la mentira. El grito rebelado contra el silenciamiento general. En definitiva, el pañuelo fue el primer síntoma de salud mental contra tanta locura planificada.Las Madres son un bastión por la recuperación de la soberanía de la palabra, para derrotar el miedo a decir. Fue el pañuelo el que dijo las verdades que los diarios tradicionales ocultaron ?"aunque ellos no lo hicieron por temor, sino por plata?".
Por eso las Madres son indispensables para la democracia argentina, porque una democracia temerosa no es democracia. Porque como buenas madres nos parieron, nos sacaron de la oscuridad y nos hicieron nacer a la luz. Ellas iluminaron la salida. Ellas nos dijeron que nos animemos. Y costó mucho tiempo, pero hoy es un inmenso logro colectivo de la sociedad el poder poner en palabras lo que sufrimos.
El pañuelo es un símbolo terapéutico (?).Hay otro hecho clave en este proceso de curación democrática, protagonizado por alguien que se consideró hijo de las Madres y de las Abuelas, como Néstor Kirchner. Él ordenó bajar el cuadro del genocida Videla del Colegio Militar. Él representaba a otro Estado, el democrático. Ahí, finalmente, nos dimos cuenta de que el poder comenzaba a cambiar de manos. Ya no era de los generales, ni de los que los mandaron, ni del posibilismo conservador que acuñó las leyes de la impunidad. No fueron Alfonsín ni Menem ni De la Rúa los que hicieron lo que pedían las Madres.
Fue Néstor Kirchner, cerrando institucionalmente el capítulo del terror inoculado por el genocidio en el inconsciente colectivo. Fue un gran permiso para decir, para ser tal cual somos. Ese cuadro allí colgado expresaba un poder más allá de la democracia. Bajarlo fue una liberación. De algún modo, ese día, dejamos de estar locos de esa locura que enferma y comenzamos a pensar otras locuras, de esas que curan. Eso fue más que el Juicio a las Juntas, porque aquel ?"aunque valiente?" fue el prólogo a una gigantesca decepción posterior, la etapa encadenada de las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y los indultos.
El valor testimonial del Nunca Más, es decir, el informe de la Conadep, sumado a la ausencia de justicia plena, incrementaba la sensación de terror, más allá de las buenas intenciones de sus miembros. Bajar el cuadro, en cambio, fue el inicio de un proceso para profundizar la democracia. Proceso en el que hoy estamos inmersos, donde la democracia dejó de ser temerosa y ahora va por más. No es casualidad que con el kirchnerismo hayamos recuperado los juicios. O el juicio, en términos de salud mental.
El tercer hito liberador, consecuencia de las dos batallas simbólicas anteriores, fue el rico proceso de debate que se inauguró con la Ley de Medios. Porque en él nos dimos cuenta de que muchas veces no decimos, sino que somos dichos por los empresarios de medios; nos dimos cuenta de que los empresarios de medios defienden sus intereses y nos hacen creer que son los nuestros, según como pauten la agenda. Comprendimos que si dejábamos el derecho a la comunicación en manos de los mismos grupos monopólicos que silenciaron un genocidio, no había derecho a la comunicación posible de verdad.
A ese efecto, todo el proceso de la Ley de Medios fue un proceso desalienante, donde comprobamos que muchas voces eran ignoradas, que la opinión publicada casi siempre era de los otros, que los valores que se defendían en el sistema tradicional de medios eran valores que perpetuaban el statu quo. Nos dimos cuenta de la intencionalidad de un título, surgió un programa como 6,7,8 que socializó elementos básicos de la deconstrucción del mensaje, de cómo se construye el sentido, qué quiere decir significante, significado. Yo veo a la gente hablando en la calle de los copetes y los títulos, y antes sólo los periodistas hablaban de eso.
Es maravilloso lo que ocurrió. Me corrijo: lo que está ocurriendo. Y me corrijo una vez más: lo que va a ocurrir es lo mejor. Esta sola idea, de que el porvenir es mejor, es un paso ganado en la batalla cultural. Ya no reina la decepción; sí el enojo, a veces, porque hay problemas que no se solucionaron, pero prevalece la esperanza. Eso, la esperanza en el futuro. Con eso nos estamos sacando de encima, definitivamente, el terror como legado del Estado genocida. Ya no hay miedo a la polémica ni al debate.
Está muy bien que se debata, en voz baja o a los gritos, porque durante años sólo existió el monólogo de los mismos de siempre. Y ahora estamos con algo que es fundamental para construir una sociedad mejor. Hoy tenemos un Estado democrático que postula determinadas cosas, que luego concreta en los hechos y eso también nos va curando colectivamente. Vivimos un tiempo saludable, con las incertidumbres del caso, pero vivir es eso. Nos habían dejado sin palabras y ahora recuperamos la voz (?).Para mí es un orgullo que las Madres me inviten a participar de sus actividades porque ellas son la reserva ética de esta avanzada democrática y plural.
Se las ha criticado, se las ha calumniado, pero la verdad es que cuando nosotros denunciábamos el año pasado desde Tiempo Argentino que iban por los pañuelos, en realidad lo que estábamos denunciando es que iban por lo que ellas simbolizan, que es la ausencia de temor ante el poder real (?).A los dueños del poder y del dinero, a los Magnetto, a los Rocca y a los Blaquier, las Madres les molestan, porque el pañuelo los acusa, no les tiene miedo, como tampoco ahora nosotros les tenemos miedo. Y me parece que hay que destacar, una vez más, que cuando arreciaba el ataque, estas viejitas ajadas, hermosas en sus arrugas, no retrocedieron un milímetro.
No dieron ni un paso atrás. Por eso hoy estamos acá, en este maravilloso congreso, rindiéndoles homenaje como tantas otras veces.Por último, se viene el 7 de diciembre. Algunos me preguntan qué va a pasar el 8. Es evidente que hay una decisión política tomada en el gobierno, después de tres años de sancionada la Ley de Medios.
El otro día la vimos en cadena oficial a la presidenta haciendo un discurso muy fuerte, denunciando al monopolio Clarín como violador y burlador de tres poderes que constituyen el Estado democrático: el Ejecutivo, Legislativo, y hasta la propia justicia. Me parece que se la vio con una determinación que no deja lugar a muchas dudas. Creo que Cristina, con la fuerza del 54%, encarnando la voluntad y el mandato popular, reafirmó que no les tiene miedo. La ley se va a aplicar y los que se nieguen a acatarla afrontarán las consecuencias que la misma ley marca, dentro del Estado de Derecho (?).Cristina dijo que se venían días difíciles.
Que se dirán muchas cosas en las próximas semanas. Creo que hace falta responderle que estamos vacunados y bastante inmunizados contra todas las operaciones monopólicas. El desafío por delante es construir un nuevo poder que incluya las voces de toda la sociedad, y ya no sólo la de los miembros de AEA.
En eso estamos.La Ley de Medios surgió de un proceso de multitudes. Quizá haga falta volver a las calles. Sin temor y con generosidad. Como nos enseñaron las Madres y su pañuelo terapéutico. Para liberar las palabras y profundizar la democracia. Que de eso se trata.* Resumen de la ponencia en el XI Congreso de "Salud Mental y Derechos Humanos", organizado por Madres de Plaza de Mayo los días 6,7 y 8, en La Plata.
Fuente: Infonews.