Sábado, 8 Septiembre, 2012 - 19:48

Saldos y retazos

Mandá tu info, fotos, videos o audios al 3624518042

El sindicalismo argentino todo atraviesa
uno de los momentos más patéticos de su dilatada y rica historia.

Cuesta encontrar registros en los cuales figuren tantos grupos y subgrupos en el universo gremial y, como si fuera poco, con una iniciativa política absolutamente menguada, si no inexistente.
Se sabe que, ya de entrada, hay cinco grandes lineamientos (CGT moyanista, coalición antimoyanista o CGT Balcarce, CGT barrionuevista, CTA opositora y CTA oficialista), pero a la vez hay subdivisiones como los "gordos", los "independientes" y los antimoyanistas flamantes.
Los mismos dirigentes, víctimas de sus tradicionales ambiciones, y el Gobierno kirchnerista-cristinista, que ha sabido capitalizar ese y otros puntos débiles, pueden repartirse los laureles sobre esta realidad del gremialismo vernáculo.
Claro que la administración de Cristina Fernández ha apelado a otros mecanismos que suelen utilizarse en política, pero sospechados de estar en las fronteras de la legalidad y en el terreno de la ilegitimidad.
Tal el caso, por ejemplo, de la virtual confiscación de una fortuna que pertenece a las obras sociales y que, más allá de las discusiones sobre su monto o el manejo de esos fondos por parte de los dirigentes, tienen un único dueño: los millones de trabajadores que hacen esos aportes mes a mes y que, por imperio de estas maniobras y peleas, en definitiva ven afectado el funcionamiento de los entes que protegen su salud.
Encima, aunque el tema atañe a todos los trabajadores y en consecuencia a todas las organizaciones sindicales, el Gobierno actúa parcialmente y utiliza esta cuestión para castigar a unos y mantener a raya a otros.
Al enemigo ni justicia, es el principio que se adueño de esta tortuosa relación de la administración cristinista -o más bien de la propia Presidenta- con la dirigencia sindical.Y a los que pueden considerarse fieles a la Casa Rosada se los entretiene con promesas de pronto pago por su fe oficialista y su acción divisionista, pero solo aparecen migajas.
El anuncio de una interesante suma adicional para las obras sociales en el futuro termina tratando de ocultar -aunque sin éxito- el "pagadiós" que se les extendería sobre la deuda acumulada estos años, que algunos ya sitúan en la impactante suma de 15 mil millones de pesos (unos 2.300 millones de dólares, según cotización paralela del codiciado billete verde).
El seguidismo ha generado obvias cuitas internas, y no son pocos los que apuntan especialmente a algunos por ser de los más enfáticos a la hora de arrimarlos a la Casa Rosada con promesas de compensaciones todavía insatisfechas.
En las reuniones de los gremios oficialistas "algunos ya ni se miran ni se hablan", es una de las situaciones cuya existencia es revelada en voz baja desde ese mismo sector.Y también surgen otros rumores de cuestiones más serias, como presuntos "aprietes" desde usinas del poder -incluso con supuestas amenazas de retiro de beneficios o subsidios para algunas actividades, lo que implicaría despidos de trabajadores- para que tal o cual dirigente se sumen a las huestes aplaudidoras del oficialismo.
Hay días en que los "gordos", experimentadísimos "rosqueros" de la política local, están que trinan con varios de sus colegas con los que por ahora circulan por la misma vereda. Los "independientes" (Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez, José Luis Lingeri) poco pueden hacer también, habida cuenta, además, de que tienen sólidos compromisos con Balcarce 50 que acotan sus movimientos. Y los noveles antimoyanistas padecen la incapacidad de hacer ademanes ampulosos, ya que son el furgón de cola del tren sindical oficialista.
Encima, Luis Barrionuevo amagó con sumar sus vagones a ese convoy, pero sobre la hora se quedó guardado en sus propios galpones.
Conclusión: los dirigentes "C" siguen diciendo que el metalúrgico Antonio Caló es su candidato para la CGT Balcarce, pero siguen explorando para encontrar otro postulante, y dan vueltas y vueltas y terminan en fórmulas antiguas y fracasadas, como el triunvirato conductor. De la última experiencia emergió Hugo Moyano.
La CTA -que agrupa al sindicalismo llamado en su momento "alternativo"- no la está pasando mejor. El opositor Pablo Micheli padece la marginación a la que lo somete el Gobierno justamente por su actitud crítica, mientras el ultraoficialista Hugo Yasky hace los deberes pero apenas es eximido y no recibe más privilegios que el acceso a la Rosada y las fotos con la Presidenta.
Hablando de Moyano, el líder camionero sigue su marcha e internándose cada vez más en el terreno político, por méritos propios y por deficiencias ajenas.
Ya salió a la calle para iniciar su campaña por un millón de firmas para impulsar un proyecto de ley que establezca la restitución y universalización de las asignaciones familiares.
Además, está preparando una pronta reunión del consejo directivo de su CGT en Córdoba, reducto de José Manuel De la Sota, quien, como él, está "de punta" con la Presidenta.
Igual, Moyano va midiendo sus pasos, aconsejado por dirigentes peronistas históricos que conocen el ADN y la gestión kirchnerista, con la cual dejaron de comulgar hace un tiempo.
Seguramente esa cautela lo llevó a eludir amablemente una invitación de De la Sota para compartir el último partido del Seleccionado argentino. Porque, además, sabía que iba a estar Mauricio Macri con lo más granado del PRO, como ocurrió. Aunque compartan su oposición al "cristinismo", Moyano no quiere -todavía- salir en la foto con Macri. La misma prudencia quiere mostrar con la reunión del CD cegetista, y se escucha un "quizás" cuando se pregunta si De la Sota será invitado al encuentro sindical.
Pero igualmente, aunque Moyano tenga su porción de iniciativa política, no alcanza para hacer un promedio suficiente para compensar el déficit generalizado que padece en esa materia el conjunto del gremialismo, el cual no hace tantos años, si se toma en cuenta la historia, era partícipe necesario incluso en la promoción de candidatos presidenciales.
Hubo un tiempo en el que la dirigencia sindical estaba ubicada en los sitios privilegiados del escenario. Hoy está desprolijamente desparramada, como en una sencilla mesa de saldos y retazos.

(*) PeriodistaAgencia DyN