Domingo, 2 Septiembre, 2012 - 08:51

¿Qué tienen contra los faraones?

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Ocurrió hace muchos años, cuando otro presidente buscaba su reelección.

Ocurrió hace muchos años, cuando otro presidente ?"por razones miserables, no como ahora, que ocurre por razones de generosidad y grandeza?" buscaba su reelección. Era, como olvidarlo, Carlos Saúl Menem. Hasta entonces, creía que nadie nos iba a dejar tantas marcas como él. Durante un largo tiempo me tocó ser uno de los cronistas que debía seguirlo allí adonde fuera. Menem era muy divertido. Improvisaba todo el tiempo, asociaba libremente y sólo había que seguirlo un poco para que nos regalara, así, mágicamente, la frase con que iniciaríamos nuestra nota. Últimamente, Cristina Fernández de Kirchner se puso igual de generosa, hasta un poco más diría yo. El miércoles, rodeada por sus artistas preferidos, la Presidenta consideró: "Debo ser una reencarnación de un gran arquitecto egipcio". Sé que algunas personas consideran que no es lícito sonreír ante estas confesiones, que los presidentes ?"y esta en particular?" solo están para ser escuchados con lágrimas en los ojos, festejados, adulados. Pero díganme si no es un poco gracioso, hasta hilarante quizás: alguien que en un discurso habla así de sí mismo.
Menem era igual. Pero obligaba a un poco más de esfuerzo. Cuando iba a una provincia, por ejemplo, recorría la capital y cuatro o cinco pueblos más. Él lo hacía en helicóptero, con lo cual, si uno lo quería seguir, debía alquilar un auto y saltearse algunos actos para poder llegar a otros. La asociación libre, la propensión al disparate, a Menem le brotaba a partir del tercer acto, cuando ya casi no había periodistas de medios nacionales cerca. El miércoles recordé una gira que hizo por Entre Ríos. El primer acto era en Paraná, y el cuarto en la ciudad de Victoria. Por ese entonces, Menem venía prometiendo, año tras año, la construcción del puente Rosario-Victoria. Más o menos como ahora se hace con las represas que se llaman Néstor Kirchner o los soterramientos de trenes donde mueren las personas. Se anunciaba una vez para una elección, no se hacía nada; se anunciaba otra vez, no se hacía nada. Y cada vez se la anunciaba como si esta fuera la definitiva.
En ese momento, el candidato a gobernador radical era Sergio Montiel y había despotricado contra los presidentes que querían ganar elecciones prometiendo obras faraónicas.
Y entonces, el presidente le respondió:?"He escuchado por ahí que algunas personas nos acusan de construir obras faraónicas?
Naturalmente, uno esperaba que llegara la desmentida: no era una obra faraónica sino un puente, algo muy útil para la vida de dos provincias.
Pero Menem era Menem.

?"Y io les pregunto ?"seguía?". ¿Qué tienen contra los faraones? ¿O acaso, miles de años después, no hay miiiones de turistas que visitan año a año las pirámides?
Por ese entonces, Hermenegildo Sábat ?"un gran artista de nuestro país, al que curiosamente nunca se lo vio aplaudiendo como una foca cada pavada que dice un presidente, ni los de antes ni los de ahora?" lo dibujaba a Menem siempre igual: con un sillón pegado en el traste. Es que el tipo era tan ambicioso que ponía su ambición por delante de todo lo otro que pasara en su país. No importaba nada porque él quería quedarse para siempre con el sillón.
A Menem, Sábat lo fastidiaba con sus dibujos. Años después, la actual presidenta lo tildaría de cuasimafioso. Y hace poco, haría algo similar el presidente del bloque oficialista de Diputados.
En la época en la que era dibujado con un sillón en el traste, Menem tenía un montón de intelectuales que explicaban que la reelección no era lo importante, que la Constitución había que reformarla porque estaba revieja, y además no era justo proscribirlo porque lo central es la voluntad del pueblo y no la Constitución. Lo mismo, bah, que se empieza a escuchar ahora, en este país que vuelve y vuelve a los mismos lugares en que ha sido tan exitoso.
Es curioso que la Presidenta de la Nación se haya definido como una reencarnación de un gran arquitecto egipcio. Cualquier texto sobre la arquitectura egipcia destaca como su elemento más preciado el mismo que maravillaba a Carlos Menem: las pirámides. Por entonces, en los noventa, a mí me divertían un poco los berretines presidenciales. Hay que ser ?"cómo decirlo?" especial para expresar de manera tan evidente su admiración por monarcas que se creían descendientes del Sol, pretendían gobernar para siempre con todo el poder, practicaban asiduamente la endogamia y erigían templos impresionantes para homenajearlos, con la colaboración desinteresada de pueblos enteros que eran esclavizados a tal fin.
Pero, como se ve, parece que ese rasgo no era sólo suyo.
El deslumbramiento de nuestra presidenta actual por el antiguo Egipto ?"un poder imperial, además?" se expresó dos veces antes del discurso del miércoles. Una fue en el 2008, durante la visita que le realizó al dictador ya derrocado Hosni Mubarak, que llevaba por entonces varias décadas en el poder. En ese entonces manifestó su deseo de exponer en Buenos Aires los tesoros de Tutankamón. "Será para esta humilde argentina, les puedo asegurar, algo impensado, pero dicen que los sueños se realizan y cuando uno le pone voluntad, pone trabajo, esfuerzo, compromiso, convicciones y confianza, atributos que creo tienen ustedes los egipcios y nosotros los argentinos", dijo.
La segunda vez fue cuando expresó su admiración por Napoleón, en un acto junto a Hugo Chávez, otro de los amantes del sillón eterno. "A Napoleón le hacen mala prensa. Y lo muestran así y así como un loco. No, muchachos, Napoleón era la irrupción de la burguesía y del liberalismo en serio en Europa. ¿Vos sabías que fue la expedición napoleónica a Egipto la que llevó a arqueólogos con él, que descubrieron la piedra de Roseta y gracias a Napoleón y sus arqueólogos se encontró esa piedra que tienen los ingleses? Cuándo no? Hasta entonces, nadie sabía lo que decían las pirámides. Y gracias a Napoleón se descubrió lo que decían los jeroglíficos".
Si uno mira con atención los discursos, encontrará en nuestros presidentes admiración por los faraones, por Napoleón, por la duración del régimen comunista chino, por Khadafi, entre otros líderes y procesos mundiales.
Y en varios de esos presidentes, bronca frente a artistas como Hermenegildo Sábat, que siempre existen.Quizá tenía razón, Carlos Saúl I.
¿Qué tienen en contra de los faraones?, se preguntaba.
La verdad.
Hay que ser necio, conservador, pacato y gorilón para tener algo en contra de los faraones.
Los pueblos los adoran.
Eso es lo que importa.