Viernes, 31 Agosto, 2012 - 15:59

Panorama económico
Si la historia la escriben los que ganan...

La inflación hace estragos en los sectores de más bajos ingresos y de ingresos fijos, sino también sobre los sectores medios.

La abrupta caída del consumo refleja que en la mitad de la pirámide de ingresos, la suba de precios se traduce en una fuerte contracción del gasto.
Al mismo tiempo, afecta la estabilidad del empleo y no sólo ha reducido el número de horas extras sino que también comienza a provocar los primeros despidos, en especial, en los niveles más llanos de la precarización laboral, tal como lo reconoció el ministro de Trabajo.
El gobierno no tiene ideas para erradicar el fenómeno inflacionario, lo que lo convierte en un problema estructural. En términos más llanos, mientras siga la administración Kirchner, habrá que aprender a convivir con la inflación.
Pero, ¿cómo convivir con un ladrón que vacía su bolsillo todos los días? ¿cuánto tiempo se puede estar sin reaccionar? En efecto, la inflación es similar a alguien que sustrae lo ajeno y siempre actúa encubierto, bajo el amparo de alguna autoridad.
La inflación es generada por el exceso de emisión monetaria. Esa emisión monetaria le sirve al gobierno para financiar un gasto público creciente y en proporciones exorbitadas. Mientras el gasto crece al 40 por ciento, los ingresos tributarios trepan sólo el 25 por ciento. Esa diferencia es financiada con emisión monetaria espuria, sin respaldo, y con giros de dinero provenientes del BCRA, ANSES y PAMI.
Pero parece que el ajuste por inflación es sólo para algunos privilegiados que comulgan con la liturgia oficial y que no son otros que aquellos que reciben los beneficios del modelo.
Sectores perceptores de altos niveles de prebendas, subsidios y montepíos que nada aportan a la economía en su conjunto y que son premiados con empleos estables y mejor remunerados que los del sector privado.
Vastos sectores de la producción que contratan mano de obra en negro, por lo tanto, venden en negro, piratean y falsifican marcas, a cambio de apoyar la política oficial o formar parte de de alguna fuerza de choque o de la "Cadena Nacional de la Felicidad Kirchnerista".
Del otro lado, los jubilados y el resto de la sociedad que empieza a contar las monedas para poder subsistir al holocausto inflacionario y a rogar no perder su trabajo, en medio de una corriente de ajustes de costos en el sector privado formal.
El ajuste ya empezó en el sector informal donde casi 5 millones de trabajadores hacen malabarismo para poder llegar a fin de mes, sin cobertura médica y sin protección social. Todo ello está enmarcado por una ola criminal que no encuentra precedentes en el país y que ha dejado a la sociedad absolutamente desprotegida frente a la desidia oficial.
Pero el Estado -en sus tres niveles de gobierno- parece no cesar e insiste con más presión fiscal, lo cual está alejando aun más todo tipo de inversión.
En la actualidad, la Argentina no es un país elegible para la inversión extranjera. Las cifras suministradas por la CEPAL para 2011 son concluyentes. Apenas 4.800 millones de dólares en inversión directa extranjera se recibió el año pasado.
Sin inversiones va a ser difícil doblegar a la inflación y mientras se mantenga el status quo de la administración Kirchner, la inflación se va a convertir en algo incontrolable.