Viernes, 31 Agosto, 2012 - 15:07

Lo que va de ayer a hoy
Del golpismo y los ajustes a la cadena nacional

Lejanos están los tiempos en el que el miedo de una nueva incursión uniformada en los terrenos de la democracia paralizaba a los argentinos.

Las marchas militares eran el trasfondo acústico de la cadena nacional.
Otros sensaciones se vivían cuando los presidentes, a veces los ministros de Economía, se metían en radios y televisores de modo compulsivo para tratar de explicar lo inexplicable, un plan económico para "pasar el invierno" o los supuestos beneficios del blindaje.
Por lo que fuere, la transmisión en cadena era símbolo de gravedad: la muerte del presidente Perón, los partes de Malvinas, los comunicados del 1 al 150, los asaltos a la Casa de Gobierno para remover a presidentes constitucionales o las referencias a que "reina tranquilidad en todo el país" son los hitos que la generación de la presidenta Cristina Fernández más debe recordar, seguramente.
Hoy, por suerte, la cadena nacional se ha banalizado. Ya no hay más nervios de punta de la gente o temor a lo desconocido. Las voces graves de los locutores oficiales han dejado paso a una presentación diferente, de un timbre que está casi al borde militante de la aclamación, mientras que los temas han dejado de ser los golpes o los planes económicos.
Doce cadenas en el año que apenas han generado estrés no es un dato menor. La misma Presidenta ha dicho que, si no fuese así, "nadie se enteraría de las cosas". Y aunque algunos salten a ver una película por el cable o apaguen la radio, es mucho más amable hablar del alquiler de un espacio conseguido por años en la Bienal de Venecia que anunciar un ajuste.
Mucho más cuando la propia Cristina se comporta como una avezada conductora y le da un tono más que afectuoso a la comunicación oficial. Hasta imita a Fátima Florez, su imitadora.
Ahora, la cadena es casi un show y no importa que la Presidenta se haya pisado reiteradamente con la señal del satélite, cuyo delay (retraso) no entiende de estas cosas de dar buenas noticias para todos.
En tanto, con amplio dominio de la escena y empujada por la ansiedad, intima micrófono en mano al canciller Timerman para que desate la cinta de inauguración.
Antes de responder sin historias las preguntas zumbonas de CQC, para completar la faena a Cristina sólo le faltó decir a cámara: "apurá Héctor, que en televisión el tiempo es tirano".
(*) Periodista de Agencia DyN