Viernes, 31 Agosto, 2012 - 08:39

Peleas radicales

Permanentemente recibo quejas de muchas buenas personas, generalmente mayores. Casi todas se refieren a lo mismo: " No nos sigamos peleando entre radicales"o, en muchos casos, "no se peleen entre radicales". Mi respuesta siempre es la misma, no se confundan, no se dejen confundir por nadie. Aquí y hoy, no nos estamos peleando entre radicales, los radicales estamos muy unidos. No estamos peleando por ideas ni por proyectos, estamos elaborándolos, estamos armando equipos técnicos que modernicen y ayuden a las mejores tomas de decisiones.

Los radicales no estamos enfrentados, ni lo vamos a estar. Por primera vez en mucho tiempo tenemos un radicalismo totalmente movilizado, recorriendo cada rincón de la provincia, retomando el contacto con la gente, con sus necesidades, con sus expectativas, con sus angustias, con sus esperanzas. Esperanzas que generalmente han sido defraudadas por promesas que sólo intentaban sortear algún proceso electoral y luego eran olvidadas.
Este despertar de la UCR se debe, fundamentalmente a la aparición del NEA, a la aparición de un espacio que quitara la tranquilidad que tenían en sus manos quienes, habiendo alcanzado la cima de sus escasas pretensiones, se habían quedado "haciendo la plancha", olvidándose de sus obligaciones, de sus compromisos asumidos, de lo que debe significar la política como herramienta de transformación. Estaban muy confiados en que antiguas victorias, antiguos aciertos, harían que la sociedad se olvide de los errores. No fue así, la sociedad no sólo no los olvidó, sino que nos fue castigando cada vez más ante la falta de comprensión de las distintas realidades.
Falta de comprensión que, generalmente, es causa de la falta de autocrítica, del alejarse soberbiamente de quienes los habían elegido, de tomar como coto de caza privados, lugares que son de todos. Y así se fueron perdiendo principios y dignidades, así se fueron fortaleciendo grupitos que tomaron en sus manos todas las decisiones, así se fueron creyendo que podían indicarnos para siempre a quienes debíamos elegir, qué cosas debíamos apoyar, qué debíamos elegir, quienes eran los buenos y quienes eran los malos.
Afortunadamente muchos fuimos reclamando, desde distintos espacios, de distintas maneras, los cambios que creíamos indispensables. Cambios que hablaban de democracia interna, cambios que hablaban de participación, cambios que hablaban de la intención de que entre todos aportemos nuestros conocimientos, nuestra colaboración en la elaboración de políticas que estuvieran de acuerdo a nuestros principios radicales, que estuvieran al servicio de la gente y no de soberbias, de beneficios personales o de contubernios.
Aquí de ninguna manera nos estamos peleando entre radicales, todo lo contrario, los radicales estamos unidos, nos encontramos, hablamos respetuosamente, nos entendemos, sabemos que defendemos la república, las instituciones, la democracia. Sabemos que nuestro objetivo es el mejorar una sociedad desengañada y víctima de la inseguridad, del desempleo, de la inflación, de la falta de salud, del deterioro de la educación, de un autoritarismo gubernamental que nos lesiona permanentemente, que lesiona nuestras dignidades de seres humanos, que nos engaña con falsas promesas y lindas palabras, muy distintas a nuestras realidades. Un autoritarismo que nos divide y enfrenta a niveles inconcebibles, un autoritarismo que utiliza todos los medios del estado para imponer, de cualquier manera, incluso inculcando el miedo, el pensamiento único. Un autoritarismo que, en nombre de ilusorias banderas, pone en riesgo la esencia misma de la república, de la democracia, de la libertad.
Aquí estamos defendiendo concepciones diferentes sobre como se ejerce el poder. Aquí estamos hablando de democracia o autoritarismo. Aquí estamos hablando de participación o de permanecer como simple observadores de lo que otros deciden, de lo que otros hacen, de lo que otros negocian en nuestro nombre.
Y ésto ocurre hoy en el radicalismo, que, afortunadamente, está marcando un rumbo de cambios, que va a suceder, afortunada e indefectiblemente, en todos los partidos. Este radicalismo que nació en la lucha contra el fraude y el contubernio, 121 años después, se ve enfrentado a desafíos parecidos. Y los radicales, todos los radicales, sin importar el sector al que adherimos, debemos estar alertas, no aceptar engaños de nadie. Debemos tener la tranquilidad de saber que luego de superada esta instancia de necesarios cambios y transiciones, estaremos todos unidos en la defensa de nuestros principios y de nuestro radicalismo, puestos al servicio de los más altos intereses de la provincia y de la república. Ninguno es más o menos radical, todos lo somos. Muchos consideramos que es necesario cambiar arraigados hábitos que nos alejaron de la gente. Seguramente que en ambos bandos hay buenos y malos, honestos y pillos. No somos nosotros quienes debemos descartarlos, lo debe hacer la democracia, lo debe hacer, con su voto, el conjunto social.
Y ayer leíamos sobre las distintas propuestas de elecciones abiertas, obligatorias y simultáneas, sería bueno que se aprobara. Sería bueno que al aprobarse no se introdujeran elementos que restringieran el ejercicio representativo de la democracia, sería bueno que nuestros legisladores y gobernantes nos garantizaran una ostensible mejora en la forma de elegir y ser elegidos nuestros funcionarios. Sería bueno que se respetaran todos y cada uno de los requisitos que impone nuestra Constitución para cada uno de los cargos electivos. Seria bueno que nadie pretenda burlarse de nuestro sistema democrático, mediante contubernios de cúpulas que les aseguren que nada cambie.
Hablé con muchos importantes dirigentes durante todo el día, dirigentes de distintas tendencias y partidos, incluso algunos amigos. La mayoría de ellos pensaban en estrategias, en qué seria más conveniente para sus intereses partidarios. A todos ellos les digo que lo mas conveniente para sus intereses partidarios es que no hagan nada de lo que tengan que avergonzarse después. Les diría que no piensen sólo en las circunstancias ni en los posibles candidatos de hoy. Por una vez tengan la grandeza de hacerse hombres, de pensar en qué es lo mejor para la democracia, para una democracia auténtica.
Y piensen también que de nada va a servir esa ley de internas abiertas si no aplican el sistema de boleta única. No hacerlo sería querer darle un viso de legalidad a un fraude seguro. Todos lo saben. No hay justificativos para no hacerlo inmediatamente. Las dos leyes significarían una mejora importante en nuestra calidad institucional. Una sola de ellas sería convalidar, a sabiendas e inmoralmente, una nueva trampa. Personalmente no lo voy a aceptar. No habrá voz amiga o adversaria que me haga cambiar de opinión. La opción es democracia de verdad o fraude de verdad. Inclusión o exclusión. Que no se equivoque ninguno de nuestros representantes, que no se equivoque ninguno de nuestros gobernantes.
Hace un tiempo, casi exclusivamente para contestar a un engaño de un diputado de mi partido, que decía que en el NEA estaban todos los cargos electivos asignados a dedo, la misma práctica que combatimos desde el inicio y hacemos público en todos nuestros actos, me postulé como pre-precandidato a legislador nacional. Lo hice sabiendo que seguramente muchos no lo entenderían y les sería mas sencillo pensar que era una ambición desmedida. Nunca las tuve ni las tengo, pero hoy me veo obligado, por distintas circunstancias, a decir que apoyo a este NEA de la convocatoria a la participación de todos. Que apoyo a este NEA de la lucha por la democracia interna y la igualdad de posibilidades. Que apoyo a este NEA de la apertura y la convocatoria a todas las personas que quieran acercarse y participar de esta verdadera gesta democratizadora de la política. Que apoyo a este NEA que tiene muy buenos candidatos que exhibir y ofrecer a la sociedad, para que sea la sociedad la que elija democráticamente. Seguramente Convergencia ofrecerá otros. Que apoyo a este NEA multifacético y pluralista, como movimiento interno y movilizador del radicalismo. Partido al que va a seguir perteneciendo y apoyando, gane o pierda, es nuestro partido.
Y es a título personal, muy consciente de la osadía, muy consciente de los enojos que provoco y de la limitación de mis recursos, lo que me hará enfrentar a otros mucho mas poderosos, que ratifico esa candidatura, que no declinaré por ningún motivo, sin importar el resultado, para el que pondré todos mis esfuerzos. Lo hago no pensando en ningún interés personal, al contrario, me demandará un enorme sacrificio, que espero sea acompañado por quienes sientan la necesidad de una voz crítica que los represente, que no se siente comprometida más que con la defensa de sus más profundas convicciones.

Lo hago pensando en que con esta postulación personal, estoy abriendo las puertas a todos aquellos que se sientan capaces de hacerlo y los convoco. Con esta postulación personal estoy abriendo las puertas a una verdadera renovación. Una renovación que no pasa por lo generacional, pero que nos genera a todos quienes participamos de la política, el compromiso de la inclusión de la juventud, que es quien debe asumir, responsablemente, el necesario relevo. Una postulación personal que espero que sirva para que los candidatos que presente mi partido, para todos los cargos, sean los mejores y no los más amigos. Lamento mucho si alguien lo malinterpreta, no lo comprende o se siente molesto. Estas posiciones no son ambiciosas. Sí son irreductibles. Los principios y las convicciones no se negocian.