Sábado, 25 Agosto, 2012 - 18:49

Correo de nuestros lectores
Justicia y seguridad, para todos y todas

Ante los últimos episodios de violencia seguidos de muerte que se suscitaron en la capital chaqueña en las últimas semanas, volvió a sentirse el reclamo de justicia.

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Ante los últimos episodios de violencia seguidos de muerte que se suscitaron en la capital chaqueña en las últimas semanas, volvió a sentirse el reclamo de justicia y seguridad, de una gran parte de la sociedad. Cómo no sumarnos a ese reclamo legítimo y necesario. Vivimos en la misma sociedad.



Sin entrar en el catastrofismo que imponen los medios de comunicación, negocio de la seguridad de por medio, los asaltos violentos y asesinatos se han incrementado en los últimos años en Argentina. Y las víctimas no se distinguen por sexo, edad o clase social. Desde el empresario mas pudiente que maneja un BMW hasta el albañil, que con mucho esfuerzo compró una moto para poder ir a trabajar.



Buscar explicaciones a este fenómeno sin caer en el facilismo simplificador, no es una tarea sencilla. Pero es sin dudas algo necesario para ahondar en el análisis y llegar a identificar la raíz de la inseguridad. Desde donde también se pueden encontrar soluciones.



El quid de la cuestión

En el marco de un contexto mundial de cambios sociales profundos como consecuencia de la debacle del sistema capitalista, con gobiernos que destinan miles de millones de dólares, euros, pesos, etc., en el salvataje de bancos; al mismo tiempo, vuelcan ajustes extraordinarios sobre los sectores populares. Estos ajustes golpean violentamente en el tejido social, y el desempleo, la marginación y las desigualdades generan un combo explosivo.



De esta descomposición social, que desequilibra el principal núcleo de contención: la familia, se desprende una generación entera de excluidos. Que sin encontrar alternativas ni oportunidades de progreso, comienzan a transitar caminos que los llevan a involucrarse con drogas, violencia, delitos y muchas veces, terminan
en cárceles o asesinados por la policía. Esta es la misma lógica perversa del sistema.



En el medio, hay más víctimas. Obreros, maestros, estudiantes y ancianos son el blanco de robos, golpizas y hasta de asesinatos. Por un auto, por una moto, por una cartera o por un celular.



Como respuesta a esta inseguridad, los vecinos organizan movilizaciones para reclamar a las autoridades que tomen cartas en el asunto, sin saber bien cual es la solución. A lo que el gobierno responde militarizando las calles, con jóvenes inexperimentados de traje azul, o agentes ignorantes que no saben expresarse más que con violencia.



Sin embargo, lejos de disminuir la cantidad de delitos por la presencia policial, la cuestión va en aumento. Lo cual demuestra que este no es el camino para solucionar el flagelo de la inseguridad. ¿Entonces porque no ir a la raíz del problema?



Ir a la raíz del problema significaría recomponer el tejido social, generando desde el Estado espacios de contención, y oportunidades para los sectores más vulnerables. Significaría generar trabajo genuino, con salarios y condiciones dignas. Implicaría abrir más espacios educativos y culturales. Garantizar los derechos básicos y fundamentales al pueblo.



Ejemplos de Inclusión

No estoy inventando ninguna fórmula para combatir la inseguridad. Existen ejemplos concretos que demuestran que la inclusión a través de programas sociales del Estado, es la mejor forma de bajar los índices de delincuencia.



Cuba es un ejemplo de ello. A través de los denominados “Cursos de Superación Integral para Jóvenes”, se incorporaron 119 mil 575 jóvenes en edad laboral, que estaban desvinculados del estudio y del trabajo por diversas razones. Se trata de una novedosa y notable forma de prevenir el desempleo y las conductas de riesgo en la población juvenil.



Sin embargo, a los gobiernos neocoloniales sujetos al ritmo del mercado y de las corporaciones, ésta metodología cubana de inclusión social pareciera interesarles muy poco.



Pero los ciudadanos debemos empezar a tomar en cuenta, aunque más no sea por los resultados, para decidir que políticas de seguridad queremos.